Un su­per­abue­lo triatle­ta de 73 años

Manuel Cru­ces cru­za­ba a na­do el Atlán­ti­co mien­tras su hi­jo cam­bia­ba pa­ña­les de dos en dos y se sin­tió lla­ma­do a con­tar su his­to­ria

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - DOCUMENTAL - TEX­TO: CAR­MEN GAR­CÍA DE BUR­GOS

nten­ten ver­lo y no reír­se. In­ten­ten ver­lo y no de­cir des­pués que no les in­tere­sa un po­co más el triatlón, que no lo en­cuen­tran un de­por­te di­ver­ti­do, y que Manuel Cru­ces no tie­ne mé­ri­to. Old­man: el úl­ti­mo

triatle­ta es el re­sul­ta­do del don de pa­la­bra de An­tón, su hi­jo, un sen­ti­do del hu­mor que les co­rre por el ADN y un se­ñor que un día, con 49 años, vio una no­ti­cia so­bre el triatlón de Ha­wái, el más fa­mo­so del mun­do, y de­ci­dió in­ten­tar­lo.

Él y otro gru­po de lo­cos se en­fun­da­ron unas ma­llas e, in­ten­tan­do que nin­guno de sus ve­ci­nos los re­co­no­cie­ra pa­ra no se­guir cul­ti­van­do fa­ma de «ra­ri­tos», se lan­za­ron a prac­ti­car la dis­ci­pli­na que les fal­ta­ba. Mu­chos ve­nían de la bici, otros de la na­ta­ción, al­gu­nos más del atle­tis­mo, y Manuel Cru­ces del ti­ro al pla­to. Sí, de ti­ro al pla­to.

Con 120 ki­los de pe­so, el pon­te­ve­drés te­nía que es­cu­char a al­gún mé­di­co ba­rri­gón, con un pu­ro en una mano y una co­pa en la otra que eso de prac­ti­car tres de­por­tes a la vez no era sano.

An­tón y su pa­dre ha­blan con so­lem­ni­dad de los te­mas más dis­pa­ra­ta­dos, y los que no lo son tan­to lo pa­re­cen cuan­do sa­len de su bo­ca. Son di­ver­ti­dos, in­te­li­gen­tes y van so­bra­dos de ta­len­to. Ca­da uno en lo su­yo. El des­cen­dien­te, co­mo guio­nis­ta, cá­ma­ra, pro­duc­tor, com­po­si­tor y pe­re­jil de to­das las sal­sas. A él se le ocu­rrió la idea de ho­me­na­jear a su pa­dre cuan­do, re­cién es­tre­na­da su pa­ter­ni­dad, mi­ró ha­cia su «ba­rri­gui­ta se­xi» y la com­pa­ró con el cuer­po muscu­loso y atlé­ti­co de su pro­ge­ni­tor.

Mien­tras él cam­bia­ba las ca­ñas por dos co­che­ci­tos de be­bé, dos cu­nas y un mi­llón de con­tra­tiem­pos in­fan­ti­les, Manuel se lan­za­ba al Atlán­ti­co des­de las Cíes pa­ra lle­gar a Baio­na en al­go más de seis ho­ras. Nadando. Sin pa­rar. El ma­yor de to­dos los par­ti­ci­pan­tes. O via­ja­ba a Lisboa pa­ra com­pe­tir en el cam­peo­na­to de eu­ro­peo de duatlón. Con 73 años. Y se dio cuen­ta que te­nía que con­tar­lo. Y em­pe­zó de una ca­rre­ra lo­ca contra to­das las fuer­zas de la na­tu­ra­le­za que lo in­vi­ta­ban ama­ble­men­te, y a pa­ta­das y em­pu­jo­nes, a de­jar­lo.

Así que, ló­gi­ca­men­te, si­guió. Se pro­pu­so con­se­guir par­te de la fi­nan­cia­ción a tra­vés de un crowd­fun­ding que le ga­ran­ti­zó unas cuan­tas ca­nas pa­ra el fu­tu­ro. El tiem­po co­rría y la mi­sión pa­re­cía ca­si im­po­si­ble. Has­ta que apa­re­ció él. Una pa­la­bra su­ya bas­tó pa­ra dis­pa­rar las ayu­das has­ta su­pe­rar la ci­fra ini­cial ne­ce­sa­ria. Si Ja­vi Gó­mez No­ya di­ce que una cau­sa es más que jus­ta, y que la de los Cru­ces lo era, se apo­ya y pun­to. Lo re­co­no­ce el pro­pio pen­ta­cam­peón en el do­cu­men­tal. Y tam­bién que cuan­do él, ha­ce dos dé­ca­das, em­pe­zó en es­to de la na­ta­ción-ci­clis­mo-atle­tis­mo Manuel ya era un ve­te­rano. Fue Iván Ra­ña, de he­cho, quien se lo pre­sen­tó. Y Sa­le­ta Cas­tro su alum­na más aven­ta­ja­da.

El pa­dre, de­cía­mos, de­rro­cha ta­len­to co­mo mé­di­co. Cuan­do to­da­vía un po­bla­do mos­ta­cho anun­cia­ba su ac­tual bar­ba blan­ca, ejer­cía de der­ma­tó­lo­go. Ejer­cía mu­cho. Tan­to que lle­gó a ser je­fe de Der­ma­to­lo­gía del Com­ple­xo Hos­pi­ta­la­rio de Pon­te­ve­dra cuan­do el ser­vi­cio se de­di­ca­ba a re­ci­bir pre­mios. Aho­ra in­sis­te siem­pre en que no es­tá re­ti­ra­do, so­lo que pa­sa con­sul­ta des­de ca­sa.

Allí, en las pa­re­des de su des­pa­cho, se in­ter­ca­lan me­da­llas de­por­ti­vas y di­plo­mas mé­di­cos. Y allí se re­cu­pe­ró de un atro­pe­llo que le rom­pió la ca­de­ra. Y tam­bién allí co­ge a un nie­to en ca­da bra­zo. Por cier­to, son ellos, An­tón y To­más, quie­nes cuen­tan la his­to­ria (dis­po­ni­ble en www.old­man­do­cu.com) y com­pu­sie­ron la ban­da so­no­ra con su gru­po Si­fi­lia. No pen­sa­rían a es­tas al­tu­ras que es un do­cu­men­tal al uso, ¿verdad?

ELLOS SON LOS CRU­CES

An­tón Cru­ces con su pa­dre, «el úl­ti­mo triatle­ta», Manuel, y sus me­lli­zos An­tón y To­más, ci­neas­tas, cuan­do to­da­vía no te­nían dos años.

FO­TO: CAPOTILLO

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