“Pa­so del eBook, lo ten­go muer­to de ri­sa ”

Con su nue­va pe­lí­cu­la, «La li­bre­ría», Coi­xet ha­ce un ho­me­na­je a los li­bros y po­ne su mirada de nue­vo en la mu­jer. «No me gus­tan las he­roí­nas», con­fie­sa la di­rec­to­ra ca­ta­la­na, que con­ci­be el ci­ne so­bre to­do co­mo un «sen­ti­mien­to»: «Las co­me­dias bu­fas no me

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - CINE . ENTREVISTA - TEX­TO: SAN­DRA FAGINAS

Em­pe­zó lle­van­do ma­ca­rro­nes a un ro­da­je y a par­tir de ahí des­cu­brió su pa­sión. Bro­mean­do ha di­cho que por fin ha si­do ca­paz de ha­cer una pe­lí­cu­la en que no te dan ga­nas de cor­tar­te las ve­nas, en re­fe­ren­cia a Apren­dien­do a con­du­cir. Aho­ra es­tre­na La li­bre­ría, un can­to de amor a la li­te­ra­tu­ra, que tan­to tie­ne que ver en la mu­jer que es Isa­bel Coi­xet.

—La pe­lí­cu­la ha si­do muy bien aco­gi­da por el pú­bli­co. ¿Cuan­do co­mien­zas una obra pien­sas en los es­pec­ta­do­res? ¿Po­nes el fo­co ahí?

—Yo cuan­do es­toy ro­dan­do es­toy pen­san­do en ha­cer la me­jor pe­lí­cu­la que pue­do ha­cer, no es el mo­men­to de pen­sar en el pú­bli­co, sino de ro­dear­te de gen­te muy bue­na, de dar­les con­fian­za a los ac­to­res...

—Hay es­cri­to­res que co­mien­zan sus no­ve­las por­que les apo­de­ra una ima­gen. ¿Tú vi­sua­li­zas tam­bién una es­ce­na? Aun­que en es­te ca­so es­té ba­sa­da en una no­ve­la.

—Bueno, yo en el ca­so de La li­bre­ría arran­qué por un es­ta­do de iden­ti­fi­ca­ción con la pro­ta­go­nis­ta. Es una no­ve­la que ha­bla de una viu­da que de­ci­de abrir una pe­que­ña li­bre­ría en un pue­blo y lo ha­ce por­que de al­gu­na ma­ne­ra le ha­ce sa­lir de la vi­da mus­tia y gris que ha lle­va­do tras la muer­te de su ma­ri­do. Y es­to que pa­re­ce tan ba­nal a la ma­yo­ría del pue­blo les pa­re­ce mal. Pe­ro yo no vi­sua­li­zo una es­té­ti­ca, pa­ra mí es un sen­ti­mien­to más que otra co­sa. Las imá­ge­nes son ba­na­les, pa­ra mí es un es­ta­do de áni­mo.

—Las mu­je­res siem­pre centran tu obra.

—So­mos la mi­tad del mun­do, es nor­mal. Ya hay mu­cha gen­te que ha­ce pe­lí­cu­las so­bre hom­bres, co­sa que me pa­re­ce bien. Pe­ro a mí me atraen más las his­to­rias en que los mo­to­res son las mu­je­res.

—Los li­bros han mar­ca­do tu vi­da, te han con­ver­ti­do en quien eres hoy. La pe­lí­cu­la es un ho­me­na­je tam­bién a la li­te­ra­tu­ra.

—Creo que la pe­lí­cu­la sí es una car­ta de amor a los li­bros, co­mo vehícu­lo, co­mo ma­le­tas de con­te­ni­dos, co­mo ven­ta­nas al mun­do, co­mo ob­je­tos. Yo ya sé que el eBook es su­per­prác­ti­co, pe­ro pa­ra mí co­ger un li­bro, to­car­lo, pa­sar las pá­gi­nas, me gus­ta más. No reivin­di­co na­da, es lo que me gus­ta. De lo otro pa­so.

—¿Nun­ca lees en eBook...?

—No, lo ten­go ahí muer­to de ri­sa. Me lo re­ga­la­ron, pe­ro no soy ca­paz.

—Has con­fe­sa­do que no te gus­tan las su­per­he­roí­nas, que no te iden­ti­fi­cas con ese ti­po de mu­je­res.

—Es que a mí las he­roí­nas no me van. Yo veo Won­der Wo­man du­ran­te vein­te mi­nu­tos y me pa­re­ce gra­cio­sa; lue­go pien­so, que vue­le, que ten­ga un escudo ga­lác­ti­co... ¿es­to qué tie­ne que ver con mi vi­da? A ni­vel sim­bó­li­co tam­po­co, ya sé que las pe­lí­cu­las no tie­nen que ser rea­lis­tas, pe­ro la co­ne­xión con la vi­da real y con lo que a mí me in­tere­sa no exis­te.

—¿Ne­ce­si­tas te­ner muy aga­rra­do al­gún ele­men­to de la pe­li por en­ci­ma de otros?

—Yo creo que hay que te­ner aga­rra­dos los má­xi­mos ele­men­tos po­si­bles, em­pe­zan­do por el guion, que en es­te ca­so pa­ra mí fue un pro­ce­so de de­pu­ra­ción. Por­que en la no­ve­la ha­bía de­ta­lles que me gus­ta­ban, pe­ro en la pan­ta­lla iban a des­vir­tuar­se. En la obra hay un ge­nio so­bre­na­tu­ral que en la pe­lí­cu­la no me fun­cio­na­ba; he cam­bia­do el fi­nal por­que era de un nihi­lis­mo atroz, que me con­mo­vió mu­cho en el li­bro, pe­ro en una pan­ta­lla hu­bie­ra si­do una bo­fe­ta­da al es­pec­ta­dor muy tris­te y muy inú­til por­que no te ayu­da a en­ten­der me­jor la vi­da de la pro­ta­go­nis­ta.

—Y has apor­ta­do tus pro­pios li­bros.

—Sí, los he pues­to a pro­pó­si­to por­que me en­can­tan. Au­to­res co­mo Ray Brad­bury que no sa­lían en la no­ve­la y que me pa­re­ció que la re­di­men­sio­na­ban. Y me pa­re­ce im­por­tan­te ha­blar de au­to­res que pa­san bas­tan­te des­aper­ci­bi­dos. Poe­tas que me pa­re­cen in­tere­san­tes, pe­ro no me aca­ban de lle­nar, co­mo Flick Blac­king. Au­to­res de ese mo­men­to, co­mo Na­bo­kov. La li­bre­ría se lla­mó en Fran­cia L’af­fai­re Lo­li­ta por­que Lo­li­ta tie­ne una par­te muy im­por­tan­te en la no­ve­la.

—¿El he­cho de que re­cu­rras ca­si siem­pre a ac­to­res ex­tran­je­ros res­pon­de a al­go o ha sa­li­do por ca­sua­li­dad?

—Dime tú, si ha­ce­mos una pe­lí­cu­la en la In­gla­te­rra de 1959 pues no sé yo si ac­to­res es­pa­ño­les en­ca­ja­rían.

—Sí, pe­ro es al­go re­cu­rren­te en tu obra: Ju­liet­te Bi­no­che, Tim Ro­bins, Sa­rah Po­lley, Pa­tri­cia Clark­son, Ben Kings­ley... To­dos tus pro­ta­go­nis­tas.

—Sí, tam­bién he vi­vi­do mu­chos años en Es­ta­dos Uni­dos y tra­ba­jo mu­cho con pro­duc­to­ras de allí.

—A ti te in­tere­sa siem­pre la par­te frá­gil de los se­res hu­ma­nos.

—A mí me in­tere­san mu­chas his­to­rias muy di­fe­ren­tes, el mun­do es an­cho y ajeno, aho­ra es­toy me­ti­da en una his­to­ria de amor de Elisa y Mar­ce­la. Pe­ro sí que a mí me in­tere­san his­to­rias más di­fí­ci­les que una co­me­dia bu­fa, sí.

—El «pro­cés» es una pe­lí­cu­la bas­tan­te te­rro­rí­fi­ca. ¿Có­mo lo es­tás vi­vien­do? Te has ma­ni­fes­ta­do en con­tra de la in­de­pen­den­cia.

—Con un can­san­cio y con un abu­rri­mien­to to­tal. Yo creo que es­ta­mos lle­gan­do ya a unos ni­ve­les de sai­ne­te tre­men­dos. Creo que es una bur­la a la ciu­da­da­nía. Yo me he ma­ni­fes­ta­do en con­tra con el ma­yor de los res­pe­tos, pe­ro da igual: la di­ná­mi­ca que im­pe­ra es o con­mi­go o con­tra mí; y hay mu­cha gen­te co­mo yo que pen­sa­mos que es una de­ri­va to­tal y que Ca­ta­lu­ña se es­tá que­dan­do en cua­dro, que per­de­mos mu­cho po­ten­cial ca­da día. Es te­rri­ble.

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