“Co­mo te­lo­ne­ro de Bo­wie me sen­tí co­mo pez en la tie­rra”

Tras re­ci­bir el Grammy La­tino al me­jor ál­bum fla­men­co del año, Vicente Ami­go lle­ga de nue­vo a Galicia pa­ra ras­gar las cuer­das de una de las gui­ta­rras más in­ter­na­cio­na­les del mun­do

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA . UN TOCAOR DE PREMIO -

Es uno de los to­cao­res por ex­ce­len­cia de su ge­ne­ra­ción. Ha co­se­cha­do el res­pe­to, la ad­mi­ra­ción y los aplausos de me­dio mun­do —si no en­te­ro— y de su gui­ta­rra arran­ca no­tas con la maes­tría que so­lo el tra­ba­jo y el ta­len­to a par­tes igua­les lo­gran. Re­gre­sa a Galicia con Memorias de los Sen­ti­dos, un tra­ba­jo em­bau­ca­dor. Ha­ce unos días su úl­ti­mo tra­ba­jo re­ci­bía el Grammy La­tino a me­jor ál­bum de fla­men­co. —¿Se pue­de me­dir una ca­rre­ra por los ga­lar­do­nes re­ci­bi­dos? ¿Cuál es su va­ra de me­dir? —Creo que una ca­rre­ra, si es que hay que me­dir­la, se mi­de por la ca­li­dad de la obra rea­li­za­da. Los pre­mios son un gran es­tí­mu­lo pa­ra se­guir en el ca­mino. Y los me­re­ce mu­cha gen­te que qui­zás no los ha re­ci­bi­do nun­ca. —Us­ted ha di­cho que le de­be mu­cho al tra­ba­jo, que de su ta­len­to aún no es­tá pre­pa­ra­do pa­ra ha­blar. ¿Hay día en que no aca­ri­cie una gui­ta­rra? —Al­gu­nos días se pa­san sin to­car­la, pe­ro son los me­nos. Un gui­ta­rris­ta de­pen­de mu­cho de su gui­ta­rra y vi­ce­ver­sa. —Y cuan­do no lo ha­ce, ¿le in­va­de cier­to mono?

—Efec­ti­va­men­te. Me sien­to me­jor si he he­cho mis ta­reas... Por­que me sien­to más útil, su­pon­go. —¿Le in­co­mo­da el tér­mino vir­tuo­so?

—Sí. Pa­ra mí cuen­ta más la vir­tud que el vir­tuo­sis­mo. Yo con­si­de­ro que me re­ga­la­ron unas vir­tu­des, más que un vir­tuo­sis­mo. Y esas vir­tu­des sa­len de vez en cuan­do. No siem­pre. Oja­lá. —De­cían cuan­do sa­có el dis­co que vol­vía al fla­men­co… ¿Es que al­gu­na vez se fue? ¿Se sien­te có­mo­do en otro gé­ne­ro? —El fla­men­co no es un lu­gar del que te pue­das mar­char por­que es­tá den­tro de ti. Yo no me sien­to có­mo­do en nin­gún otro gé­ne­ro na­da más que es­cu­chan­do. Pe­ro oja­lá pu­die­ra. Se­ría ma­ra­vi­llo­so. —Ha co­men­ta­do en al­gu­na oca­sión que el es­ce­na­rio le apor­ta una sen­sa­ción de mie­do. ¿Des­pués de tan­tos años aún ca­mi­na re­pa­san­do las no­tas que da­rá an­tes de su­bir? —Creo que to­dos los mú­si­cos lo ha­cen, de una ma­ne­ra u otra. Eso es lo mí­ni­mo que se me­re­ce el pú­bli­co. El mie­do es­cé­ni­co es­tá uni­do al es­ce­na­rio y es al­go nor­mal, aun­que mu­cha gen­te no quie­ra ver­lo así. No se ma­ni­fies­ta to­dos los días y pue­de ha­cer­lo de di­fe­ren­tes ma­ne­ras. Tam­po­co to­dos los días es­tá uno co­mo qui­sie­ra. Y tam­bién es nor­mal. Pa­ra mí es me­nos nor­mal ver a al­guien que no se po­ne ner­vio­so. —A ve­ces tam­bién hay con­cier­tos cu­rio­sos. Us­ted lle­gó a ser te­lo­ne­ro de Bo­wie… ¿No se sin­tió un ex­tra­te­rres­tre en aquel mo­men­to? —Me sen­tí co­mo un pez en la tie­rra. Era muy jo­ven y fue una ex­pe­rien­cia in­tere­san­te de la que qui­se apren­der al­go

y creo que lo hi­ce. —Si­guien­do con el pa­sa­do, o el fu­tu­ro, se­gún se mi­re. A sus cin­cuen­ta ha vis­to y co­no­ci­do mun­do, ha he­cho so­nar sus can­cio­nes en él. ¿Cam­bia­ría su Cór­do­ba na­tal por al­gu­na otra ciu­dad? —En Cór­do­ba ten­go mu­cha ca­li­dad de vi­da y es­toy tan aco­mo­da­do a su ai­re que no he pen­sa­do mu­cho en esa po­si­bi­li­dad. Pe­ro hay lu­ga­res por to­do el mu­do don­de se­gu­ro echa­ría raí­ces. Gra­na­da, Ro­ma, Chica­go, San Fran­cis­co, Car­ta­ge­na de In­dias, To­le­do, San­tia­go, Bru­jas, Gua­na­jua­to. Hay mu­chos lu­ga­res ma­ra­vi­llo­sos. —Mu­chos pe­re­gri­nos lle­gan ha­cien­do el Ca­mino y nos pre­gun­tan dón­de pue­den ver fla­men­co… Y sin em­bar­go, aun­que aquí no sea­mos de to­car fla­men­co, el in­te­rés por el gé­ne­ro sí es ele­va­do, gus­ta, se es­cu­cha con agra­do, in­clu­so se tra­ta de bai­lar lle­ga­do el mo­men­to. ¿Qué vi­ve us­ted des­de el es­ce­na­rio en es­ta tie­rra? —La mis­ma emo­ción que en el lu­gar más fla­men­co. Pa­ra mí lo más im­por­tan­te es in­ten­tar dar el al­ma a tra­vés de mi mú­si­ca, sea el pú­bli­co más o me­nos fla­men­co. El pú­bli­co se su­po­ne que ama la mú­si­ca. Y yo tam­bién.

TEX­TO: CAR­LOS PE­REI­RO

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