“Le ro­bé mucha tran­qui­li­dad a mi ma­dre; al fi­nal sa­lió bien”

Ru­bén Po­zo re­gre­sa a Ga­li­cia tras pu­bli­car ese ejer­ci­cio de in­ten­cio­nes y energía que ha re­sul­ta­do su úl­ti­mo dis­co. Tras de­mos­trar que hay vi­da más allá de Pe­re­za, se abra­za al po­der de las gui­ta­rras pa­ra con­ti­nuar ca­mino

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA | ENTREVISTA - TEX­TO: CAR­LOS PEREIRO

Yo quie­ro que lo que sal­ga del al­ta­voz me atra­pe

Ru­bén Po­zo es un sol­da­do del can­cio­ne­ro. Una fuer­za de cho­que gui­ta­rre­ra que em­pren­dió ha­ce seis años su odi­sea en so­li­ta­rio, tras al­can­zar la fa­ma to­tal co­mo la mi­tad de Pe­re­za, al la­do de Lei­va. An­te­rior­men­te, se ha­bía ga­na­do el res­pe­to ro­que­ro del país al militar en las seis cuer­das con Bue­nas No­ches Ro­se du­ran­te la dé­ca­da de los 90. Aven­tu­ras que hoy em­pie­zan a pa­re­cer le­ja­nas, y el pre­sen­te ofre­ce a un Ru­bén ma­du­ro, eléc­tri­co y sa­be­dor de sus me­lo­días.

—«Ha­brá que vi­vir». Un tí­tu­lo bi­di­rec­cio­nal el de su úl­ti­mo dis­co. Se­guir ade­lan­te tan­to pa­ra la bueno co­mo pa­ra lo ma­lo.

—Es una co­le­ti­lla que lle­va­ba uti­li­zan­do cuan­do me que­da­ba sin pa­la­bras. Siem­pre en­tra bien cuan­do lle­ga el si­len­cio in­có­mo­do. Al fi­nal que­dó co­mo tí­tu­lo.

—No po­cos han apun­ta­do que es el me­jor tra­ba­jo que ha he­cho en es­ta nue­va eta­pa. Se le ve muy suel­to en él. ¿Es so­lo una per­cep­ción o res­pon­de a la reali­dad?

—Es­toy muy con­ten­to con el re­sul­ta­do. Tie­ne mu­cho grano al ha­ber si­do gra­ba­do to­dos jun­tos, a la vez. Te­nía cla­ras las can­cio­nes al en­trar en el es­tu­dio y el pro­duc­tor, José Nor­tes, tam­bién. No que­ría­mos al­go cris­ta­lino, ni ha­cer mu­chas to­mas. Te­nía que so­nar ur­gen­te.

—¿Pe­ca aho­ra la mú­si­ca de ex­ce­so de per­fec­ción?

—Si ha­ces una co­sa per­fec­ta pier­de to­da la es­pon­ta­nei­dad que se es­pe­ra de ella. No pue­des te­ner­lo to­do. Yo quie­ro que lo que sal­ga del al­ta­voz me atra­pe. Mis can­cio­nes creo que sue­nan me­jor así.

—Cuan­do se da un acor­de de Fa hay al­go más que las pro­pias no­tas. Ese «groo­vie» que di­rían al­gu­nos, o esa gra­sa que que­ría sa­car­le su pro­duc­tor, la que lo ca­rac­te­ri­za a us­ted.

—Úl­ti­ma­men­te, he lle­ga­do a la con­clu­sión de que me gus­tan las can­cio­nes que vie­nen so­bre un le­cho de gui­ta­rras [ríe]. Acús­ti­cas o eléctricas. Es­te es mi te­rri­to­rio, son mis herramientas, y en Ha­brá que vi­vir qui­se de­jar cla­ro que ha­go can­cio­nes con ellas.

—Seis años des­de que sa­có su pri­mer dis­co en su ca­rre­ra en so­li­ta­rio. Un reini­cio de vi­da. ¿Có­mo ha pa­sa­do es­te tiem­po?

—Muy bien. Año a año, dis­co a dis­co, can­ción a can­ción veo co­mo ten­go una ba­se ca­da vez más só­li­da de se­gui­do­res, de gen­te que co­nec­ta con­mi­go y mi ro­can­rol. Cuan­do te sien­tes mú­si­co siem­pre vas a se­guir ha­cien­do can­cio­nes. Ten­go la suer­te de con­tar con un pú­bli­co que me lo per­mi­te. Es­toy có­mo­do. No pien­so en pa­rar. Avan­zo en la vi­da por­que voy ha­cien­do can­cio­nes.

—Hi­zo un tra­to, ha­ce años, con su ma­dre. Si apro­ba­ba el cur­so le com­pra­ba una gui­ta­rra. Al fi­nal, le aca­bó por re­ga­lar su mo­do de vi­da.

—No era muy po­pu­lar en esos tiem­pos la gui­ta­rra en mi ca­sa [ríe]. «Hi­jo, pri­me­ro es­tu­dia y lue­go ya to­ca­rás». Yo lo ha­cía al re­vés y le ro­bé mucha tran­qui­li­dad a mi ma­dre. Al fi­nal, sa­lió bien. Lo mío era ca­be­zo­ne­ría. La mú­si­ca o na­da. Des­pués ya se fue re­la­jan­do [ríe].

—¿Ha pa­sa­do de mo­da sa­car dis­cos?

—Creo que si­gue ha­bien­do un pú­bli­co que es­cu­cha dis­cos, pe­ro es cier­to que la gran ma­sa no le pres­ta aten­ción a los ce­dés co­mo tal. Pa­ra el mú­si­co, por su par­te, es cos­to­so. Un año y me­dio pa­ra es­cri­bir las can­cio­nes, lue­go edi­tar 12 te­mas del ti­rón... La no­ve­dad du­ra muy po­co en es­tos tiem­pos. Pe­ro cla­ro, yo soy oyen­te de dis­cos, y no pue­do cambiarlo.

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