“Co­mo ar­tis­ta es ri­dícu­lo es­tar ha­cien­do lo mis­mo vein­te años”

La can­tan­te ir­lan­de­sa di­ce adiós al roc­ka­billy y se adentra en su úl­ti­mo dis­co, «Li­fe. Lo­ve. Flesh. Blood» en te­rre­nos mu­cho más per­so­na­les. Un cam­bio to­tal y ab­so­lu­to que de­ja­rá pa­ten­te en el fes­ti­val Por­tA­mé­ri­ca

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA . CONCIERTO - IMELDA MAY ROCK DE AU­TOR TEX­TO: FER­NAN­DO MOLEZÚN

Imelda May se ha mar­ca­do un Bo­wie. La ro­que­ra de look años cin­cuen­ta ha des­apa­re­ci­do y pa­re­ce que pa­ra no vol­ver. En su lu­gar na­ce una can­tau­to­ra de as­pec­to más na­tu­ral y re­per­to­rio más per­so­nal y sin­ce­ro. La can­tan­te ha­bla de evolución con su dis­co Li­fe. Lo­ve. Flesh.

Blood, pe­ro hue­le a ruptura en to­da re­gla. —¿A qué se de­be es­te cam­bio tan ra­di­cal?

—So­lo que­ría cam­biar, sin más. Lo ne­ce­si­ta­ba. Co­mo ar­tis­ta es ri­dícu­lo pen­sar que va­ya a es­tar ha­cien­do lo mis­mo du­ran­te 20 años. Y co­mo per­so­na, más to­da­vía. En un mo­men­to da­do vi que con lo que ha­cía an­tes no iba a nin­gu­na par­te. Se me que­da­ba pe­que­ño pa­ra ex­pre­sar lo que que­ría ex­pre­sar. Que no es que re­nie­gue de mis an­te­rio­res dis­cos, es so­lo que sen­tí la ne­ce­si­dad de ir más allá, ser más am­bi­cio­sa, abrir­me a otros es­ti­los más acor­des con lo que sen­tía en ese mo­men­to, que me per­mi­tie­sen ex­pre­sar me­jor lo que que­ría de­cir. —¿Y có­mo han aco­gi­do el cam­bio sus se­gui­do­res? —La in­men­sa ma­yo­ría lo ha aco­gi­do muy bien. El pú­bli­co no pue­de es­pe­rar que me es­tan­que. Eso se­ría la muer­te pa­ra mí y pa­ra cual­quier ar­tis­ta. Me re­mi­to a ar­tis­tas que admiro, co­mo Da­vid Bo­wie, Ar­ctic Mon­keys, Ro­bert Plant... Soy fan de es­tos ar­tis­tas y ha­gan lo que ha­gan me gus­ta. Es más, son los cam­bios que han he­cho de dis­co a dis­co lo que más me gus­ta de ellos. —¿Es­to es un pa­rén­te­sis o ya no hay vuel­ta atrás?

—No, no vol­ve­ré atrás. No sé lo que me de­pa­ra­rá el fu­tu­ro ni lo que ha­ré, pe­ro se­gu­ro que no vol­ve­ré atrás. Nun­ca me ha gus­ta­do mi­rar al pa­sa­do, yo soy de avan­zar siem­pre, siem­pre es­toy mo­vién­do­me. —¿Y có­mo se­rá la Imelda May de los pró­xi­mos dis­cos?

—Ni idea. Es lo mis­mo que pa­só con es­te dis­co, ya ve­re­mos qué ti­po de mú­si­ca y de so­ni­do ne­ce­si­tan las letras que va­ya es­cri­bien­do. Ya es­toy tra­ba­jan­do en nue­vos te­mas, pe­ro to­da­vía no sé qué tono ten­drán. Lo que es se­gu­ro es que no so­na­rán co­mo los dis­cos an­te­rio­res. —¿Es­co­gió a T. Bo­ne Bur­nett co­mo pro­duc­tor de su úl­ti­mo dis­co pa­ra que le ayu­da­se en el cam­bio? —Mu­chos de los te­mas los te­nía ya com­pues­tos an­tes de con­tac­tar con T. Bo­ne, así que el cam­bio ya se ha­bía pro­du­ci­do. Lo que sí que vi en T. Bo­ne fue la per­so­na idó­nea pa­ra dar­le esa nue­va so­no­ri­dad, esos am­bien­tes di­fe­ren­tes, más jazz, más gós­pel, más country, de­pen­dien­do del te­ma. Sa­bía per­fec­ta­men­te lo que yo que­ría. T. Bo­ne es un ge­nio en ese sen­ti­do, ade­más de muy buen ami­go mío. Su apor­ta­ción al ál­bum ha si­do cru­cial. —Cuen­ta con co­la­bo­ra­cio­nes ex­cep­cio­na­les en es­te dis­co: Jeff Beck, Jools Ho­lland... —Jeff es una le­yen­da, pe­ro an­tes que eso es una de las per­so­nas más dul­ces que he co­no­ci­do. To­car con él fue un au­tén­ti­co lu­jo. Na­die pue­de ha­cer can­tar a la gui­ta­rra co­mo él lo ha­ce. Y mi re­la­ción con Jools es muy es­pe­cial, más allá de lo es­tric­ta­men­te mu­si­cal. Era uno de mis ído­los cuan­do yo era tan so­lo una ni­ña. Es to­do un per­so­na­je, sim­pa­ti­quí­si­mo y una per­so­na te­rri­ble­men­te ado­ra­ble.

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