“Lo peor fue cuando Sa­bi­na di­jo: ‘Me ha da­do un Pas­to­ra Soler’”.

LA CAN­TAN­TE VUEL­VE DES­PUÉS DE CA­SI TRES AÑOS APAR­TA­DA DE LOS ES­CE­NA­RIOS Y LO HA­CE TO­TAL­MEN­TE RE­CU­PE­RA­DA Y POR LA PUER­TA GRAN­DE: CON NUE­VO DIS­CO Y ANUN­CIAN­DO UN CON­CIER­TO EN EL TEA­TRO REAL DE MA­DRID.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - SUMARIO - POR J ABRIL FO­TOS: M. VA­QUE­RO

Te­nía ga­nas de ver a Pas­to­ra Soler. Tres años fue­ra de los es­ce­na­rios, de los fo­cos y de cual­quier si­tua­ción que tu­vie­ra que ver con la mú­si­ca. Un via­je a una is­la de­sier­ta pa­ra re­cu­pe­rar­se de al­go que nun­ca pen­só que le po­dría ocu­rrir a ella. Un des­ma­yo fue la pun­ti­lla pa­ra que la in­se­gu­ri­dad ga­na­se la ba­ta­lla jus­to cuando es­ta­ba en el me­jor mo­men­to de su ca­rre­ra. Aho­ra, pa­sa­do el exi­lio vo­lun­ta­rio, está fe­liz, ple­tó­ri­ca y, cla­ro, ner­vio­sa. Elige na­da más y na­da me­nos que el Tea­tro Real pa­ra su vuel­ta. Va­lor tie­ne. Y fuer­za, mu­cha, im­pul­sa­da por su pe­que­ña Es­tre­lla, la va­cu­na que to­do lo ha arre­gla­do. Char­la­mos pa­ra co­no­cer có­mo y cuán­do va a vol­ver a co­ger el mi­cró­fono, ya con un dis­co nue­vo en el mer­ca­do. Me di­ce que le den al play a Vuel­ves a la

vi­da, la pri­me­ra can­ción de su nue­vo y más im­por­tan­te tra­ba­jo. Un tí­tu­lo que es to­da una de­cla­ra­ción de in­ten­cio­nes. Pe­ro no es el úni­ca. Pri­me­ro sa­cas el sin­gle de

La tor­men­ta, y des­pués co­no­ci­mos el nom­bre del dis­co: La cal­ma. To­do con mu­cho sig­ni­fi­ca­do, ¿no? Lo cier­to es que to­do se ha ido or­de­nan­do ca­si so­lo. La

tor­men­ta es de Tony Sán­chez, que ya me hi­zo Qué­da­te con­mi­go. Me la man­dó, la es­cu­ché y la em­pe­cé a can­tar en ca­sa. En cier­ta ma­ne­ra fue la can­ción que me ani­mó

a vol­ver a los es­ce­na­rios. Y lo de La cal­ma, es que es una sen­sa­ción que he te­ni­do mu­cho es­tos años. An­tes nun­ca es­ta­ba tran­qui­la, siem­pre ha­bía al­go des­pués. ¿Qué ti­po de can­cio­nes en­con­tra­mos en el dis­co? Yo no es­cri­bo mis can­cio­nes, soy in­tér­pre­te. Así que ten­go que bus­car te­mas con los que me iden­ti­fi­que. Y de las mu­chas que me lle­gan, es di­fí­cil se­lec­cio­nar cuá­les se­rán las ele­gi­das. En es­te ca­so me man­da­ron ca­si to­das re­la­cio­na­das con lo que me ha pa­sa­do, con el mo­no­te­ma (ri­sas). Pe­ro yo que­ría in­ter­pre­tar emo­cio­nes al mar­gen del es­ti­lo. Te di­go es­to por­que hay va­rios es­ti­los en el dis­co, pe­ro to­do tie­ne un pun­to en co­mún, tie­ne que ver con mi mo­men­to ac­tual. Abres el dis­co con Vuel­ves a la vi­da. La le­tra di­ce: «Lo

La gen­te me man­da­ba libros de au­to­ayu­da

que no pue­de contigo te abre el co­ra­zón y de­ja en­trar el sol». To­da una de­cla­ra­ción de in­ten­cio­nes. Ro­tun­da­men­te sí. Esa can­ción ha­bla de su­pe­rar un pro­ble­ma, pe­ro quie­ro que la gen­te lo to­me co­mo su­yo. Quie­ro que les ha­ga sen­tir y les sir­va. Pe­ro sí, te­nía que abrir el dis­co con ese te­ma. En 2014, ese sol del que ha­blas en la can­ción se nu­bló. En tu me­jor mo­men­to, te fue im­po­si­ble se­guir can­tan­do, ¿Có­mo vi­vis­te esa eta­pa? Se ha ha­bla­do mu­cho. Yo es­cri­bí un co­mu­ni­ca­do pa­ra ex­pli­car qué es­ta­ba ocu­rrien­do. Sus­pen­día con­cier­tos, lue­go vol­vía y eso se me­re­cía una ex­pli­ca­ción. El es­ce­na­rio se ha­bía con­ver­ti­do en mi enemi­go. Lo del des­ma­yo no es co­mo se con­tó. No me des­ma­yé por mie­do es­cé­ni­co, fue por­que era un con­cier­to de mu­cha res­pon­sa­bi­li­dad, en mi tierra, con las en­tra­das ago­ta­das, cua­tro mil per­so­nas... y el cuer­po me ju­gó una ma­la pa­sa­da. Me ago­té y caí des­plo­ma­da. Pe­ro eso ve­nía de an­tes, lle­va­ba mu­cho tiem­po con estrés. A par­tir de ahí, sí desa­rro­llé una se­rie de in­se­gu­ri­da­des que nun­ca ha­bía te­ni­do y me­nos en un es­ce­na­rio. Fue en mar­zo y sa­qué la gi­ra ade­lan­te co­mo pue­de pa­ra, en no­viem­bre, dar un pa­so al la­do. No dis­fru­ta­ba. ¿To­mas­te esa de­ci­sión so­la? ¿O la con­sen­suas­te con tu ma­ri­do, tu má­na­ger, tu en­torno? Yo so­la. Es cier­to que mu­cha de mi gen­te cuando veía que sus­pen­día con­cier­tos, que vol­vía y que de nue­vo sus­pen­día, me di­jo que pa­ra­ra. Pen­sa­ba que se iba a arre­glar y es­ta­ba yen­do a peor. Ese fue el error, no pa­rar a tiem­po. ¿Có­mo lo re­ci­bie­ron? To­do el mun­do lo en­ten­dió. Ade­más te di­ré que me sor­pren­dió por­que mu­cha gen­te de la pro­fe­sión me di­jo que se sen­tía iden­ti­fi­ca­da con­mi­go. Que ha­bían pa­sa­do por eso en va­rios mo­men­tos de sus ca­rre­ras. Me ayu­dó mu­cho por­que me sen­tía ri­dí­cu­la des­pués de des­ma­yar­me en un es­ce­na­rio. ¿Qué has he­cho pa­ra su­pe­rar­lo? ¿Has ne­ce­si­ta­do ayu­da pro­fe­sio­nal? Yo ese año ya es­ta­ba ha­cien­do coaching. Eso fue lo que me per­mi­tió dar el pa­so de aban­do­nar y pa­rar. Hay que te­ner fuer­za pa­ra de­cir: no pue­do más. Esos me­ses em­pe­cé a re­ci­bir ayu­da psi-

co­ló­gi­ca, pe­ro cuando lo de­jé, ya no que­ría más ayu­da. So­lo que­ría es­tar tran­qui­la y no pen­sar que te­nía que vol­ver cuan­to an­tes.

¿Echas­te de me­nos la mú­si­ca en­ton­ces?

En ese mo­men­to, no. Lo que más paz me da­ba era sa­ber que era de­fi­ni­ti­vo. Te­nía muy cla­ro que se ha­bía aca­ba­do mi ca­rre­ra en el mun­do de la mú­si­ca. Es lo que pen­sa­ba. Pe­ro tu­ve la gran suer­te de que­dar­me em­ba­ra­za­da al mes. Y eso te ha­ce ver las co­sas de otra for­ma. Eso y po­ner tiem­po de por me­dio. Co­mo en el amor. Com­pa­ra­ba mi si­tua­ción con una re­la­ción de pa­re­ja. Ha­bía ro­to con la mú­si­ca y la rup­tu­ra era de­fi­ni­ti­va. Era frus­tran­te, por­que tra­ba­jé mu­chí­si­mo pa­ra lle­gar don­de es­ta­ba, en mi me­jor mo­men­to, y de re­pen­te tie­nes que de­jar al amor de tu vi­da. Sin em­bar­go, el tiem­po lo vol­vió a arre­glar.

En­ton­ces, du­ran­te va­rios años pen­sas­te que no ibas a vol­ver a can­tar.

Sí. El pri­mer año te­nía to­tal­men­te cla­ro que no era can­tan­te, que no iba a po­der vol­ver a ha­cer­lo. Pen­sa­ba que nun­ca iba a te­ner fuer­za, pe­ro tam­po­co me ago­bia­ba ni me pre­sio­né. Mi lec­tu­ra era que ha­bía te­ni­do una ca­rre­ra muy bo­ni­ta du­ran­te mu­chos años, que ha­bía vi­vi­do mu­chos mo­men­tos pre­cio­sos pe­ro que ya es­ta­ba.

Me da la sen­sa­ción de que es­ta­bas in­di­fe­ren­te a las con­se­cuen­cias, pe­ro en un mo­men­to cul­men. Un buen pues­to en Eu­ro­vi­sión, en ple­na gi­ra con to­do ven­di­do, era el mo­men­to de Pas­to­ra Soler. ¿No te da­ba ra­bia?

Sí, me da­ba ra­bia que me pa­sa­ra en ese mo­men­to, cla­ro. Pe­ro in­ten­té de­jar a un la­do esa sen­sa­ción y al fi­nal ha si­do de la me­jor ma­ne­ra. To­do ha lle­ga­do de for­ma na­tu­ral. Al fi­nal es co­mo si cual­quier per­so­na en su tra­ba­jo se da de baja por de­pre­sión. Se pa­ra, se cu­ra y se vuel­ve.

¿Qué ha si­do lo peor de es­tos tres años de pa­rón?

Pues mi­ra, yo soy una per­so­na tí­mi­da e in­tro­ver­ti­da, pe­ro en el es­ce­na­rio soy una leo­na. Lo peor fue pen­sar que jus­to en el si­tio don­de soy más yo, don­de soy li­bre, era don­de ha­bía fa­lla­do. Don­de no iba a vol­ver.

¿Te has sen­ti­do so­la?

No, pa­ra na­da. Mis se­gui­do­res y mi fa­mi­lia han es­ta­do ahí y han sa­bi­do com­pren­der to­do. Me sor­pren­dió la re­per­cu­sión cuando hi­ce el co­mu­ni­ca­do. Lo es­cri­bí pa­ra ellos, pa­ra co­mu­ni­car­lo en mis re­des, y de re­pen­te, se hi­zo una no­ti­cia enor­me. Me em­pe­za­ron a lle­gar men­sa­jes de áni­mo, por la ca­lle la gen­te me pa­ra­ba pa­ra dar­me su apo­yo, me es­cri­bían car­tas con­tán­do­me sus pro­ble­mas y có­mo los ha­bían su­pe­ra­do. Me man­da­ban has­ta libros de au­to­ayu­da.

¿Có­mo re­ci­bis­te las crí­ti­cas? Al­gu­nos lo ca­li­fi­ca­ron de ac­ción de mar­ke­ting.

Lo peor de to­do fue cuando Sa­bi­na di­jo: «Me ha da­do un Pas­to­ra Soler». Por­que esa fra­se se hi­zo co­mo un chis­te y en ese mo­men­to era mi gran pro­ble­ma. Era el cen­tro de to­do lo que me es­ta­ba pa­san­do. Y, sí, ha­bía gen­te que no se creía que des­pués de 20 años en los es­ce­na­rios me pu­die­ra pa­sar eso. Me de­cían: «Aho­ra se­gu­ro que sa­ca­rás un dis­co y vol­ve­rás». Co­mo si lo hu­bie­se he­cho pa­ra cap­tar la aten­ción de los me­dios. Afor­tu­na­da­men­te el tiem­po po­ne to­do en su si­tio.

Te­nía cla­ro que se ha­bía aca­ba­do mi ca­rre­ra en la mú­si­ca

Me da ra­bia pe­ro en­tien­do que cuando al­go se ha­ce vi­ral, hay opi­nio­nes pa­ra to­dos los gus­tos. Lo peor sin du­da, que se to­ma­ra a chis­te. Es que, día sí día no, era ten­den­cia en Twit­ter por­que la gen­te lo ha­bía in­te­gra­do en su vo­ca­bu­la­rio. «No voy al exa­men por­que me ha da­do un Pas­to­ra Soler». Al­go que era im­por­tan­te pa­ra mí, era una bro­ma pa­ra el res­to.

¿Ha­blas­te con Sa­bi­na des­pués del co­men­ta­rio?

Sí. Al día si­guien­te. Lo hi­zo no co­mo bur­la, sino em­pa­ti­zan­do con lo que me ha­bía ocu­rri­do por­que él me te­nía en la ca­be­za esos días. Por­que ese mie­do es­cé­ni­co es al­go que le pa­sa a mu­cha gen­te. Pe­ro, va­mos, que me que­do con la par­te po­si­ti­va y el ca­ri­ño de la gen­te.

Ese po­si­ti­vis­mo está en to­do el dis­co. Más amor que desamor.

Exac­to. Eso es lo que trans­mi­ten las can­cio­nes. Amor en po­si­ti­vo y que yo soy la que lle­vo las rien­das. No que­ría un dis­co tris­te con­tan­do mis pe­nas.

Hay una can­ción muy es­pe­cial que es­cri­bes tú.

Sí, la de Es­tre­lla. Es pa­ra mi ni­ña. Me es­cri­bie­ron mu­chas can­cio­nes que eran pa­ra ella. Pre­cio­sas. Llo­ré con mu­chas. Pe­ro te­nía que es­cri­bir­la yo. Te­nía que agra­de­cer­le co­mo ma­dre y co­mo per­so­na to­do lo que su­pu­so de po­si­ti­vo pa­ra mí su na­ci­mien­to. Siem­pre de­jo una can­ción que es­cri­bo yo. La pri­me­ra fue pa­ra mi pa­re­ja en­ton­ces, aho­ra mi ma­ri­do, lue­go a mi fa­mi­lia. Siem­pre me ha gus­ta­do es­cri­bir una es­pe­cial. Ha si­do bo­ni­to es­cri­bir la de Es­tre­lla pe­ro di­fí­cil. Te­nía mu­cho que de­cir­le.

Y en­ci­ma con ese fi­nal.

(Ri­sas) Sí, el fi­nal de la can­ción es la voz de mi hi­ja can­tan­do Es­tre­lli­ta dón­de es­tás. Que­ría que aca­ba­se así. Aun­que la can­ción se lla­me así, en nin­gún mo­men­to di­go la pa­la­bra Es­tre­lla, lo di­ce ella. Aca­ba de cum­plir dos años y la lle­vo mu­cho al es­tu­dio. Que­ría gra­bar al­go con ella y no fue po­si­ble por­que ya sa­bes có­mo son los be­bés, to­do el día can­tan­do pe­ro cuando le di­ces haz­lo aho­ra, na­da. Lo gra­bé en ca­sa con el mó­vil y lo aña­di­mos co­mo fi­nal de can­ción y de dis­co.

¿Cuán­do te ve­mos en di­rec­to? ¿Ner­vios?

Pues em­pie­zo en un si­tio muy fa­ci­li­to (ri­sas). 19 de no­viem­bre en el Tea­tro Real. Ner­vios, sí. Pe­ro con el pro­ble­ma su­pe­ra­do. Ya me he subido a al­gún es­ce­na­rio con Ale­jan­dro Sanz y al­gu­na co­la­bo­ra­ción más.

La vuel­ta al di­rec­to te­nía que ser en un si­tio así.

Sí, es co­mo ce­rrar una eta­pa y arran­car de nue­vo. Mi idea era em­pe­zar en Má­la­ga, que es don­de lo de­jé. Pe­ro por fe­chas no po­día­mos. Así que se pro­pu­so el Tea­tro Real. Me asus­ta­ba un po­co, pe­ro igual que vol­ver a don­de hi­ce mi con­cier­to inaca­ba­do. Es bo­ni­to em­pe­zar aquí. Lo de an­tes se aca­bó.

En es­te dis­co hay una can­ción, ‘Es­tre­lla’, que lle­va el nom­bre de su hi­ja. La ni­ña, na­ci­da en 2015, es fru­to del matrimonio de la can­tan­te con el co­reó­gra­fo Francis Vi­ño­lo. Aba­jo, Pas­to­ra du­ran­te su pa­so por el Fes­ti­val de Eu­ro­vi­sión en 2012.

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