EL GE­NIO DE LA LLA­VE ALLEN

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - ACTUALIDAD - Ing­var Kam­prad FUN­DA­DOR DE IKEA

Te­nía 91 años y el don de la ubi­cui­dad. O ca­si. Por­que lo cier­to es que ha­bía lo­gra­do co­lar­se en los ho­ga­res de me­dio mun­do. Fa­lle­ció ha­ce aho­ra una se­ma­na en su re­si­den­cia de Små­land (Sue­cia), «en cal­ma y ro­dea­do por sus se­res que­ri­dos», y de­jan­do tras de sí un im­pe­rio de 389 tien­das en 29 paí­ses, 190.000 tra­ba­ja­do­res y 36.400 mi­llo­nes de eu­ros en ven­tas. Sus he­re­de­ros se re­par­ti­rán una for­tu­na que, se­gún For­bes, al­can­za los 64.000 mi­llo­nes.

Pue­de que su nom­bre, Ing­var Kam­prad, no le su­gie­ra gran co­sa. Sal­vo que de­bía ser nór­di­co. Pe­ro, se­gu­ro que en al­gún rin­cón de su ca­sa ha­bi­ta al­gu­na de sus crea­cio­nes: una es­tan­te­ría, una lám­pa­ra, un so­fá... Esas que de­mo­cra­ti­za­ron el di­se­ño y cam­bia­ron el mun­do del mue­ble pa­ra siempre. Por­que ha­bla­mos del crea­dor de Ikea. A que aho­ra sí se da cuen­ta de quién es.

El pri­mer mi­nis­tro sue­co, Ste­fan Löf­ve, lo de­fi­nió co­mo «un em­pren­de­dor úni­co». Y lo era. Vino al mun­do en 1926 en el seno de una fa­mi­lia de gran­je­ros de Små­land, una pro­vin­cia po­bre del sur del país. Con­ta­ba ape­nas cin­co años cuan­do co­men­zó a ven­der ce­ri­llas a sus ve­ci­nos. Y con 17, en 1943, fun­dó Ikea. En el pe­que­ño pue­blo de Älm­hult, don­de la mul­ti­na­cio­nal si­gue te­nien­do su cuar­tel ge­ne­ral. Con el di­ne­ro que le dio su pa­dre por ha­ber traí­do a ca­sa unas bue­nas no­tas. Y eso que los es­tu­dios nun­ca le in­tere­sa­ron de­ma­sia­do. Era dis­lé­xi­co y le cos­ta­ba con­cen­trar­se en el co­le­gio. Pre­fe­ría los ne­go­cios.

El nom­bre de la com­pa­ñía lo es­co­gió unien­do las dos pri­me­ras le­tras de su nom­bre y ape­lli­do (IK) con las ini­cia­les de la gran­ja (Elm­taryd) y el pue­blo (Agun­naryd ) en el que cre­ció. Ini­ció su aven­tu­ra em­pre­sa­rial, con la que pa­sa­rá a la historia, ven­dien­do bo­lí­gra­fos, car­te­ras, marcos pa­ra cua­dros, re­lo­jes, jo­yas, me­dias de nai­lon... En 1948 in­tro­du­jo los mue­bles en su ofer­ta. Y en 1951 im­pri­mió su pri­mer ca­tá­lo­go. Aho­ra se dis­tri­bu­yen más de 255 mi­llo­nes de ejem­pla­res en una trein­te­na de idio­mas. Es la pu­bli­ca­ción im­pre­sa de ma­yor ti­ra­da del mun­do, más que la Bi­blia.

La pri­me­ra tien­da la abrió en 1958. Y ya nada se­ría igual. To­do cam­bió el día que vio có­mo un em­plea­do des­mon­ta­ba las pa­tas de una me­sa pa­ra in­tro­du­cir­las en su co­che. ¡Lo que se po­día aho­rrar con aque­llo!

Aho­rro y aus­te­ri­dad fue­ron sus má­xi­mas. En lo em­pre­sa­rial y tam­bién en lo per­so­nal. Has­ta el pun­to de que ves­tía ro­pa de mer­ca­di­llos, y com­pra­ba yo­gu­res a pun­to de ca­du­car por­que eran más ba­ra­tos, se ha­cía sus pro­pios cua­der­nos con ho­jas im­pre­sas por una so­la ca­ra y usa­ba el trans­por­te pú­bli­co. O eso, o su vie­jo Vol­vo. Y de la pri­me­ra cla­se del avión, ni ha­blar: en tu­ris­ta. Y lo mis­mo pa­ra el res­to de los eje­cu­ti­vos de la mul­ti­na­cio­nal. Si has­ta cuen­tan que se lle­va­ba los sobres de sal, pi­mien­ta y azú­car de los res­tau­ran­tes...

Su fa­ma de ta­ca­ño no era al­go que le preo­cu­pa­se. Más bien pa­re­cía or­gu­llo­so de ello. «Aho­rrar for­ma par­te de la na­tu­ra­le­za de los que so­mos de Små­land», ar­gu­men­ta­ba en un ex­ten­so do­cu­men­tal que emi­tió la te­le­vi­sión sue­ca en el 2016 con mo­ti­vo de su 90 cumpleaños. De lo que sí se aver­gon­za­ba, y mu­cho, era de ha­ber sim­pa­ti­za­do con el na­zis­mo en su ju­ven­tud. El «error más es­tú­pi­do» de su vi­da, co­mo él mis­mo lo de­fi­nía. Los sue­cos no se lo per­do­na­ron. Ni eso, ni que du­ran­te años re­si­die­ra en Sui­za pa­ra pa­gar me­nos im­pues­tos. Su muer­te ha bo­rra­do los re­pro­ches.

ABRALDES | http://abral­de­sar­ts­tu­dios.jim­do.com

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