CA­DA DÍA, MÁS CO­CHES SIN PRO­PIE­TA­RIO

La Voz de Galicia (A Coruña) - Motor - - OPINIÓN - JUAN ARES

Cuan­do en Es­pa­ña co­men­za­ron a po­pu­la­ri­zar­se los au­to­mó­vi­les en los años se­sen­ta, el 600 em­pe­zó a con­ver­tir­se en un sím­bo­lo de es­ta­tus. Al que te­nía un 600 le iban bien las co­sas, aun­que en po­cos años ya fue­ron su­pe­ra­dos por los que com­pra­ban au­to­mó­vi­les más gran­des y po­ten­tes. En las dé­ca­das si­guien­tes ese sím­bo­lo de es­ta­tus si­guió pre­va­le­cien­do y, jun­to al cha­lé, el co­che mar­ca­ba el fus­te eco­nó­mi­co del pro­pie­ta­rio. A más cen­tí­me­tros de ca­rro­ce­ría o más ca­ba­llos en el mo­tor, más po­de­río. Ya a fi­na­les del pa­sa­do si­glo ese es­ta­tus se sig­ni­fi­ca­ba cuan­do el pro­pie­ta­rio/a del co­che de im­por­ta­ción sa­ca­ba el lla­ve­ro y lo po­nía en­ci­ma de la me­sa, mar­can­do te­rreno. Fu­la­ni­to tie­ne tal co­che, se co­men­ta­ba en los co­rri­llos, para sig­ni­fi­car que a fu­la­ni­to le iba bien.

Los tiem­pos han cam­bia­do. Ya es­ta­mos en el si­glo XXI, en ple­na so­cie­dad de la tec­no­lo­gía, y el au­to­mó­vil ha per­di­do su sím­bo­lo es­ta­tu­ta­rio (sal­vo fut­bo­lis­tas subidos a ca­rros de 600 ca­ba­llos). Los fa­bri­can­tes anun­cian que el co­che au­tó­no­mo es­tá a las puer­tas. Ya no ha­rá fal­ta lu­cir ma­ne­ras de buen con­duc­tor, pues de eso se en­car­ga­rá el pro­pio co­che. Los jó­ve­nes de hoy en día, a di­fe­ren­cia de los de ha­ce unas dé­ca­das, ya no mues­tran esa ne­ce­si­dad de sa­car­se el car­né de con­du­cir en cuan­to cum­plen los 18 años. Les in­tere­sa más el ul­ti­mo «smartp­ho­ne pre­mium» o via­jar con sus ami­gos por Eu­ro­pa. No hay pri­sa para com­prar­se un co­che.

Y ca­si sin dar­nos cuen­ta nos en­con­tra­mos con la ter­ce­ra re­vo­lu­ción del au­to­mó­vil del si­glo XXI. Sí, la ter­ce­ra, por­que la pri­me­ra se­rá la del co­che lim­pio, ya sea eléc­tri­co, hí­bri­do o de pi­la de hi­dró­geno; la se­gun­da, la men­cio­na­da del co­che au­tó­no­mo, y la ter­ce­ra, de la que que­re­mos ha­blar hoy, la del co­che sin pro­pie­ta­rio.

Ha­cia eso ca­mi­nan los que ya pro­ba­ron las bon­da­des del cars­ha­ring, ese al­qui­ler de co­ches por minutos, que en­con­tra­mos apar­ca­dos en las ca­lles y uti­li­za­mos mien­tras nos ha­cen fal­ta. De mo­men­to en Ma­drid, pe­ro quien sa­be cuán­to tar­da­rán en ex­ten­der­se a nues­tras ciu­da­des.

Ade­más, ve­mos co­mo en las em­pre­sas co­mien­zan a pro­di­gar­se los al­qui­le­res (ren­ting) de co­ches de eje­cu­ti­vos, co­ches que se com­pran con pa­que­tes de uso, man­te­ni­mien­to y se­gu­ro in­clui­do y que al ca­bo de tres años, más o me­nos, se re­nue­van.

Es­ta se­ma­na es­tu­ve en un con­ce­sio­na­rio ga­lle­go es­tu­dian­do la po­si­bi­li­dad de re­no­var el co­che fa­mi­liar y me sor­pren­dió la pre­gun­ta del ven­de­dor: «¿Es­tás se­gu­ro de que lo quie­res com­prar?» An­te mi per­ple­ji­dad por la pre­gun­ta me ex­pli­có que si no lo que­ría com­prar ellos me po­nían el co­che en mi puer­ta con un con­tra­to por el cual, pa­gan­do una ta­ri­fa pla­na men­sual, lo po­dría usar el tiempo que qui­sie­ra, in­clui­dos los man­te­ni­mien­tos y el se­gu­ro. So­lo ten­dría que po­ner­le la ga­so­li­na y cuan­do me ape­te­cie­ra, más o me­nos, se lo de­vol­vía o me lo cam­bia­ban por otro mo­de­lo.

Y lo cier­to es que, ya en Es­pa­ña, uno de ca­da cin­co co­ches nue­vos no se com­pra, sino que se al­qui­la. Es de­cir, que los que lo con­du­cen no son sus pro­pie­ta­rios, sino sus usua­rios. El fu­tu­ro va por ahí, ya no que­re­mos far­dar de co­che, so­lo te­ner el que nos gus­ta dis­po­ni­ble cuan­do lo ne­ce­si­te­mos.

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