El atún cla­ro lle­vó Calvo a la glo­ria

La apues­ta del fun­da­dor de la pri­me­ra con­ser­ve­ra de Es­pa­ña por una es­pe­cie en la que na­die pen­sa­ba, una em­pa­ca­do­ra y una cam­pa­ña de pu­bli­ci­dad agi­gan­ta­ron la com­pa­ñía

La Voz de Galicia (A Coruña) - Objetivo Innova - - Innovadores En La Historia - X. AMEIXEIRAS

En San­ta Ma­ri­na de So­mo­za, en la Ma­ra­ga­te­ría leo­ne­sa, la vi­da en la se­gun­da mi­tad del si­glo XIX an­da­ba es­ca­sa de opor­tu­ni­da­des. Jo­sé Calvo Pé­rez, co­mo mu­chos otros es­pa­ño­les de su tiem­po, que­ría pro­bar for­tu­na en Cuba, adon­de se fue en la dé­ca­da de 1860. Po­co des­pués, los ca­ño­nes em­pe­za­ron a es­cu­pir muer­te al Grito de Ya­ra. Re­gre­só a Es­pa­ña y com­pró el tras­pa­so de una pa­na­de­ría en la ca­lle San Ber­nar­do, es­qui­na con la Gran Vía, en Ma­drid. Lle­gó a te­ner seis su­cur­sa­les, pe­ro un plei­to por un po­zo de agua lo con­ven­ció de que era me­jor vol­ver al Ca­ri­be. La de­fi­ni­ti­va gue­rra de la in­de­pen­den­cia cu­ba­na, al Grito de Orien­te y Jo­sé Mar­tí, lo de­vol­vie­ron a su tie­rra. Ca­sa­do con Jo­se­fa Sanz Tor­cal, sus amis­ta­des de ori­gen le acon­se­jan que se ins­ta­le en Carballo, adon­de lle­ga en­fer­mo de as­ma y crea una tien­da de co­lo­nia­les en la rúa Ca­mi­ño No­vo de una ca­pi­tal de Ber­gan­ti­ños que va cre­cien­do len­ta pe­ro só­li­da en un cru­ce de ca­mi­nos gra­cias a una fe­ria flo­re­cien­te ani­ma­da por un en­torno agrí­co­la muy activo. Fa­lle­ció aún jo­ven, en 1908, a los 52 años. Su hi­jo ma­yor, Jo­sé (muer­to en 1934), se hi­zo car­go de un al­ma­cén de co­lo­nia­les que ha­bían crea­do en Lu­go. La viu­da, que mu­rió en 1916, que­dó al fren­te de la tien­da car­ba­lle­sa y al car­go de sus otros dos hi­jos, aún pe­que­ños. Oli­va y Luis Calvo Sanz (1897, de on­ce años), que se for­mó en un in­ter­na­do de los Es­co­la­pios de Mon­for­te de Le­mos, hi­zo el ba­chi­lle­ra­to en el colegio De­quidt de A Co­ru­ña, ciu­dad en la que es­tu­dió pa­ra pro­fe­sor mer­can­til. Con el fa­lle­ci­mien­to su ma­dre, Luis con­vier­te el ne­go­cio fa­mi­liar en Hi­jo de J. Calvo. Su ob­je­ti­vo era la ex­por­ta­ción de productos ha­cia el in­te­rior de la Pe­nín­su­la. Las ha­bas son su prin­ci­pal fuen­te de tra­ba­jo. Com­pa­gi­na su la­bor co­mer­cial e in­dus­trial con la po­lí­ti­ca, fru­to po­si­ble­men­te de su amis­tad con Emi­lio Gon­zá­lez López, al que co­no­ció en el bal­nea­rio de Mon­da­riz, se afi­lió a la Or­ga­ni­za­ción Re­pu­bli­ca­na Ga­lle­ga Au­tó­no­ma (ORGA) y fue con­ce­jal en Carballo. En 1934 se ca­só con Ma­ría Do­lo­res Pum­pi­do, em­pa­ren­ta­da con el popular Pi­ca­di­llo. Aun­que su­frió los ri­go­res de la re­pre­sión y pro­bó la cár­cel, la post­gue­rra y el ham­bre fa­vo­re- cie­ron su co­mer­cio de ha­bas. En 1940, la es­ca­sez de car­ne en la ca­pi­tal es­pa­ño­la le abrió los ojos y de­ci­dió pro­du­cir con­ser­vas, pe­ro pin­cha­ba en hue­so por­que le fal­ta­ban in­fluen­cias en el ré­gi­men. Tu­vo el cam­po abier­to con la fa­ba­da. Y con el pes­ca­do, cu­ya ex­pe­rien­cia re­la­ta del si­guien­te mo­do: «Con unas po­cas per­so­nas se co­men­zó una pe­que­ña em­pre­sa fa­mi­liar. Mi mu­jer di­ri­gía la pre­pa­ra­ción de productos pa­ra el en­la­ta­do. Mis hi­jos al­ter­na­ban los es­tu­dios y la des­car­ga de ca­mio­nes, y yo bre­ga­ba por las lon­jas». Con la ayu­da de los vi­gue­ses Figueroa y Fa­dri­que fue arran­can­do en el sec­tor. Era 1941 y se ha­bía es­ta­ble­ci­do en la Rúa Pon­te, a 18 ki­ló­me­tros del puer­to más cer­cano, Mal­pi­ca. Con dos co­ce­de­ros an­ti­guos, una cal­de­ra, tres ce­rra­do­ras Ibe­ria, al­gu­nas má­qui­nas Som­me, del co­ru­ñés Cer­vi­gón, y 25 operarios em­pe­zó la que hoy es la quin­ta con­ser­ve­ra del mun­do y pri­me­ra de Es­pa­ña.

UN CO­MER­CIO DE CO­LO­NIA­LES DE CARBALLO ACA­BÓ EN UNA MUL­TI­NA­CIO­NAL

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