¿QUÉ DE­BE TE­NER UN BUEN AMAN­TE?

ELLOS Y ELLAS RES­PON­DEN

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: SIL­VIA RA­MOS

Sies­to es mu­cho más fá­cil de lo que pa­re­ce. No ha­ce fal­ta un ma­nual del buen aman­te. Mu­cho me­nos de­be­mos de me­ter­nos pre­sión. Pe­ro hay co­sas bá­si­cas. Va­mos a pro­fun­di­zar en el abe­cé del se­xo aten­dien­do, ojo, a las ge­ne­ra­li­da­des. Que pa­ra gus­to los co­lo­res... y los azo­tes. Es­te tex­to no va de eso. Va de lo que les gus­ta al co­mún de los mor­ta­les. A ese 90% al que nos en­fren­ta­mos de cuan­do en vez ba­jo las sá­ba­nas. Y pa­ra eso, lo pri­me­ro es di­fe­ren­ciar en­tre hom­bre y mu­jer. De eso de­pen­den las for­mas. Va­mos a em­pe­zar por ellos. Si eres va­rón, acou­ga un po­co. Por­que la ma­yo­ría vais al pan de­ma­sia­do pron­to. Que no lo di­go yo, que lo di­ce una pro­fe­sio­nal. La se­xó­lo­ga Arán­za­zu Gar­cía, es­tá más que acos­tum­bra­da a tra­tar es­tos te­mas en su clí­ni­ca de Vi­go. Eso sí, ad­vier­te: «No se tra­ta de ser el me­jor, ese es un con­cep­to erró­neo y tó­xi­co. El 90 % de las im­po­ten­cias no son fí­si­cas, sino que vie­nen por la au­to­pre­sión», in­di­ca. Na­da más le­jos de nues­tra in­ten­ción, que lo que que­re­mos es po­der (y, de pa­so, ha­cer­lo bien). Vol­va­mos al hom­bre, que siem­pre tie­ne mu­cha pri­sa. No es un se­cre­to que la ma­yo­ría to­ca zo­nas eró­ge­nas de­ma­sia­do pron­to. Y no, ellas no sue­len es­tar tan dis­pues­tas al pri­mer ma­no­ta­zo.

Por­que es que ellos no to­can con sua­vi­dad. Más bien, es­tru­jan a una. «Les van las co­sas más di­rec­tas, la es­ti­mu­la­ción más in­ten­sa. Tam­bién ha­cen to­do con mu­cha fuer­za y con un rit­mo que tien­de a lo fre­né­ti­co», se­ña­la. Por si no lle­ga­se con el ma­no­ta­zo y las pri­sas, a ellos les gus­ta ver. «Ne­ce­si­tan esa es­ti­mu­la­ción vi­sual y me­cá­ni­ca, de to­ca­mien­to de su zo­na ge­ni­tal», in­di­ca la se­xó­lo­ga, que aña­de que por eso sue­len ser fans de la luz en­cen­di­da. Có­mo no, el hom­bre es­tá siem­pre dis­pues­to a re­ci­bir se­xo oral. Lue­go el te­ma de dar­lo ya es otra co­sa, y los hay que les gus­ta, pe­ro tam­bién exis­te el per­fil de los que no quie­ren. ¿Y ellas? Pues, co­mo es­ta­rás ima­gi­nán­do­te a es­tas al­tu­ras de la pe­lí­cu­la, les es­ti­mu­la más bien to­do lo con­tra­rio. «Pi­den que el hom­bre no sea tan di­rec­to, y se sien­ten in­có­mo­das cuan­do él va di­rec­to a to­car­les una zo­na eró­ge­na. Se po­nen a la de­fen­si­va por­que se sien­ten co­mo de­man­da­das», ex­pli­ca la ex­per­ta. Y ojo, que di­ce que con­si­de­ra que es­ta con­duc­ta de la mu­jer de­la­ta que tie­ne un pro­ble­ma: «Lo es cuan­do la mu­jer fre­na al hom­bre, por­que vi­ve eso co­mo si fue­se al­go pe­yo­ra­ti­vo y no lo es. En reali­dad, es una ex­pre­sión del de­seo del va­rón. Que sien­ta ese de­seo ha­cia su cuerpo ni le apor­ta ni le res­ta va­lor a la mu­jer, y no es al­go hu­mi­llan­te», de­cla­ra. Acla­ra­do es­to, si­ga­mos. Nos que­da cla­ro que, en líneas ge­ne­ra­les, a ellas les gus­ta que les en­tren por lo afec­ti­vo.

En es­te sen­ti­do, Arán­za­zu in­di­ca que «es fre­cuen­te que las mu­je­res se ex­ci­ten con los pre­li­mi­na­res, e in­clu­so que pier­dan ex­ci­ta­ción cuan­do el ac­to se re­du­ce ex­clu­si­va­men­te al coi­to va­gi­nal. Por eso ne­ce­si­tan a la vez ca­ri­cias, be­sos y de­más es­ti­mu­la­cio­nes». Lle­ga­dos a es­te pun­to, la ex­per­ta ha­ce una re­co­men­da­ción pa­ra ca­da se­xo. «A ellos les di­ría que lo ha­gan el do­ble de len­to de lo que lo sue­len ha­cer. Pa­ra ellas, que se den per­mi­so pa­ra dis­fru­tar e in­clu­so que va­yan a por su dis­fru­te y que no se aver­güen­cen. De he­cho, cuan­do se les nota es muy ex­ci­tan­te pa­ra el hom­bre». Pues ya sa­béis... a ha­cer los de­be­res.

A ellos les re­co­mien­do que va­yan más len­to, y a ellas que se per­mi­tan dis­fru­tar”

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