Nos po­ne­mos a los pies de los ca­ba­llos

Du­ran­te si­glos nos hi­cie­ron el tra­ba­jo más fá­cil y aho­ra nos ale­gran la vi­da. Pa­ra un sim­ple pa­seo, por amor a los ani­ma­les o en cla­ve de­por­ti­va, mon­tar a ca­ba­llo de­be­ría es­tar en la lis­ta de re­tos de to­do aquel que no lo ha­ya he­cho ya, que ca­da vez son m

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - DE GENTE - TEX­TO: JUAN CAPEÁNS

Es una pa­ra­do­ja de la his­to­ria, pe­ro en Eu­ro­pa vi­vir mon­ta­do a ca­ba­llo co­mo ha­cen los mon­go­les es un signo inequí­vo­co de desa­rro­llo. Mien­tras en In­gla­te­rra, Fran­cia o Ale­ma­nia es una dis­ci­pli­na de­por­ti­va clá­si­ca y cen­te­na­ria, en Ga­li­cia no ha­ce de­ma­sia­do que nos he­mos ba­ja­do de los equi­nos des­ti­na­dos a las la­bo­res agrí­co­las pa­ra dis­fru­tar de ellos por pla­cer o con fi­nes de­por­ti­vos. Por fal­ta de desa­rro­llo o tra­di­ción nos per­día­mos un mun­do apa­sio­nan­te que en la úl­ti­ma dé­ca­da ha en­tra­do al tro­te pe­ro con fir­me­za, y de he­cho ya no que­dan ciu­da­des ga­lle­gas que no ha­yan vis­to na­cer y desa­rro­llar­se al­gún club hí­pi­co a me­nos de un cuar­to de ho­ra.

Cer­ca de Ourense, en el en­torno de la Ri­bei­ra Sa­cra, es­tá el Club Hí­pi­co Co­les, en el mu­ni­ci­pio del mis­mo nom­bre. Al en­trar en el re­cin­to te atien­de Emilio Igle­sias, que lle­va nue­ve años al fren­te y vein­te subido al mun­do del ca­ba­llo. Su club cuen­ta con dos es­tri­bos, que son co­mo las es­tre­llas de los ho­te­les pe­ro de 1 a 4, des­de los que tie­nen ser­vi­cios más sen­ci­llos a los más com­ple­tos, co­mo los co­ru­ñe­ses de Ca­sas No­vas o Los Por­ches, que son dos de los ex­po­nen­tes de la má­xi­ma ca­te­go­ría en Ga­li­cia. Es más mo­des­to, con ai­res ru­ra­les, pe­ro la pa­sión por el ca­ba­llo es la mis­ma que en As­cot. La ho­mo­lo­ga­ción y cla­si­fi­ca­ción de los clu­bes por es­tri­bos no es nin­gu­na ton­te­ría. Pa­ra Igle­sias, fue un pa­so de­fi­ni­ti­vo pa­ra dar con­fian­za a las familias, que sa­ben que lle­van a su hi­jo a un lu­gar con ga­ran­tías. Se aca­ba­ron (aun­que no del to­do) los pi­ca­de­ros mon­ta­dos por cua­tro ami­gue­tes sin ape­nas con­tro­les ni res­pon­sa­bi­li­dad, por­que aho­ra la en­se­ñan­za es­tá re­gla­da y los mo­ni­to­res for­ma­dos y pre­pa­ra­dos pa­ra trans­mi­tir sus co­no­ci­mien­tos a tra­vés de los exá­me­nes de ga­lo­pes. Son co­mo los cin­tu­ro­nes de yu­do, y del 1 al 7 in­di­can el ni­vel del ji­ne­te. El 8 que­da pa­ra los pro­fe­sio­na­les que com­pi­ten en cam­peo­na­tos na­cio­na­les y el 9, el má­xi­mo, pa­ra los olím­pi­cos.

En el club de Co­les hay 34 ca­ba­llos (18 en pro­pie­dad) y po­nis de to­dos los ta­ma­ños y ni­ve­les pa­ra que el bau­tis­mo hí­pi­co, a par­tir de cin­co años, sea siem­pre una ex­pe­rien­cia po­si­ti­va. Los pe­que­ños em­pie­zan con sus se­me­jan­tes de cua­tro pa­tas, los ce­pi­llan, los mon­tan y apren­den a con­vi­vir con ellos. Los cha­va­les no caen allí en pa­ra­caí­das, ase­gu­ra el pre­si­den­te de la hí­pi­ca. Allí lle­gan por­que o bien ya es una pa­sión de los pa­dres o por­que los pe­que­ños, por sí mis­mos, desa­rro­llan una fas­ci­na­ción por los ca­ba­llos que es fá­cil de de­tec­tar por sus ju­gue­tes o sus di­bu­jos, y es ha­bi­tual que los pro­ge­ni­to­res aca­ben ce­dien­do a es­ta afi­ción ocul­ta. ¿Hay de­cep­cio­nes y ma­las ex­pe­rien­cias? «Sí, pue­de dar­se al­gu­na si­tua­ción com­pli­ca­da,

FO­TO: MARCOS MÍGUEZ

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