Así plan­cha­ba, así, así

EL PLANCHAR SE VA A ACA­BAR Sí, se ter­mi­nó eso de es­tar ho­ras y ho­ras de pie dán­do­le a la mano p’arri­ba y p’aba­jo. Aho­ra ya se pue­de con­tra­tar un ser­vi­cio que te re­co­ge en ca­sa la co­la­da lim­pia y te la de­vuel­ve al día si­guien­te sin nin­gu­na arru­ga.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - DE GENTE - TEX­TO: ANA LO­REN­ZO

Ma­ña­na plan­cho se­gu­ro. Quién no ha pen­sa­do eso al­gu­na vez, y ha re­tra­sa­do día tras día esa en­go­rro­sa ta­rea has­ta que, al fi­nal, la mon­ta­ña de ro­pa es tan al­ta que ape­nas se sos­tie­ne en pie, y ya no hay ni una tris­te ca­mi­se­ta que po­ner­se. Pa­ra aque­llas per­so­nas a las que planchar les su­po­ne un au­tén­ti­co su­pli­cio, o no tie­nen tiem­po pa­ra ha­cer­lo, que se unan a un ser­vi­cio que ya es ten­den­cia en Ga­li­cia y que vie­ne a so­lu­cio­nar to­dos sus pro­ble­mas: la teleplancha.

Bá­si­ca­men­te, lo úni­co que tie­ne que ha­cer el clien­te es lla­mar por te­lé­fono o en­viar un men­sa­je de What­sApp a la em­pre­sa fa­ci­li­tan­do sus da­tos y una ho­ra a la que pue­den pa­sar por su ca­sa a re­co­ger la ro­pa lim­pia, que de­vol­ve­rán en uno o dos días per­fec­ta­men­te plan­cha­da y lis­ta pa­ra po­ner. A la ven­ta­ja de no te­ner que en­chu­far la plan­cha —y de no gas­tar elec­tri­ci­dad— se une que la re­co­gi­da y de­vo­lu­ción de la co­la­da se ha­ce en la pro­pia vi­vien­da, con lo que so­la­men­te hay que guar­dar­la en el ar­ma­rio y pa­gar la fac­tu­ra co­rres­pon­dien­te, cu­yo cos­te —que ya in­clu­ye los gas­tos de trans­por­te y re­co­gi­da— de­pen­de­rá de la can­ti­dad de pren­das que se ha­yan plan­cha­do.

Las dis­tin­tas em­pre­sas de teleplancha sue­len ha­cer ofer­tas por lo­tes, que siem­pre sa­len más eco­nó­mi­cos que man­dar a planchar pren­das suel­tas, y así una co­la­da de 15 pie­zas pue­de cos­tar unos 19,50 eu­ros; una de 20 unos 24; una de 30 pue­de sa­lir por unos 34 eu­ros y una de 40 unos 44,50 eu­ros. El pre­cio de las pren­das suel­tas va des­de los 0,50 eu­ros que pue­de cos­tar pa­sar la plan­cha a la ro­pa in­te­rior has­ta los 4,20 que pue­de cos­tar de­jar im­pe­ca­ble un tra­je; y otra co­sa a te­ner en cuen­ta tam­bién es el ta­ma­ño de la pie­za, ya que planchar un pan­ta­lón pue­de cos­tar en­tre 1,30 o 1,60 de­pen­dien­do de si es de ni­ño o de adul­to.

«ME­JOR QUE UN BUEN MA­SA­JE»

Mar­ta de la Fuen­te es una de las em­pren­de­do­ras que ha apos­ta­do por me­ter­se de ca­be­za en es­te nue­vo sec­tor, y aca­ba de po­ner en mar­cha Teleplancha, que ya ha con­se­gui­do atraer a un no­ta­ble nú­me­ro de clien­tes, mu­chos de los cua­les no han du­da­do en re­pe­tir. Pe­ro hay más: Se lo Plan­cho!, Aquí se Plan­cha, QLim­pie­za... «Una de mis pri­me­ras clien­tas me con­fe­só que que te trai­gan to­da la ro­pa plan­cha­da a ca­sa es me­jor que un buen ma­sa­je», ex­pli­ca Mar­ta, a la que siem­pre le gus­tó el ofi­cio. «Des­de que ten­go uso de ra­zón, en mi ca­sa siem­pre he plan­cha­do yo. Lle­va­ba to­da la vi­da plan­chan­do gra­tis y aho­ra me ape­te­cía te­ner un ne­go­cio pro­pio, así que me de­ci­dí». Ofre­cer un ser­vi­cio «muy cui­da­do y tra­tar con mi­mo to­dos los de­ta­lles» son dos de los ob­je­ti­vos que se han mar­ca­do en es­ta in­no­va­do­ra com­pa­ñía, que ofre­ce sus ser­vi­cios en A Co­ru­ña y en su área de in­fluen­cia (con re­co­gi­das en un ra­dio de 20 ki­ló­me­tros).

En­tre los clien­tes que ya han dis­fru­ta­do de las ven­ta­jas de que te sir­van la ro­pa plan­cha­da es­tá Ma­ría Ál­va­rez, que al prin­ci­pio du­da­ba de es­te ser­vi­cio. «Me da­ba un po­co de mie­do por­que no sa­bes muy bien có­mo va a sa­lir, pe­ro ya he re­pe­ti­do, y se lo he re­co­men­da­do a to­das mis ami­gas. Va­le la pe­na, no so­lo por el pre­cio, sino por­que que te lle­ven a ca­sa la co­la­da plan­cha­da es co­mo­dí­si­mo», ex­pli­ca, a la vez que con­fie­sa que a ella nun­ca le ha gus­ta­do planchar y que tam­po­co dis­po­ne de mu­cho tiem­po pa­ra ello. «So­lo so­mos dos en ca­sa, y aun­que no lo ne­ce­si­to to­das las se­ma­nas, po­co a po­co se va acu­mu­lan­do la ro­pa, y es una co­mo­di­dad que te la trai­gan plan­cha­da a tu ca­sa», reite­ra.

Otro tan­to de lo mis­mo opi­na Fran­cis­co Fer­nán­dez. Ad­mi­te que nun­ca se ha ma­ne­ja­do muy bien con la plan­cha, pe­ro que al tra­ba­jar de ca­ra al pú­bli­co en una ofi­ci­na ban­ca­ria de­be ir siem­pre bien ves­ti­do y eso im­pli­ca que las arrugas no de­ben te­ner presencia en su ro­pa. «Mi pro­ble­ma eran las ca­mi­sas, que son un en­go­rro y nun­ca me que­da­ban bien plan­cha­das. Des­cu­brí por ca­sua­li­dad el ser­vi­cio de teleplancha y es una ma­ra­vi­lla. Has­ta una com­pa­ñe­ra me pre­gun­tó qué ha­bía he­cho, que mis ca­mi­sas pa­re­cían otras», re­co­no­ce es­te chi­co, que la­men­ta no ha­ber des­cu­bier­to an­tes es­ta al­ter­na­ti­va pa­ra po­der ir plan­cha­do a tra­ba­jar. «Ya se lo he re­co­men­da­do a otro com­pa­ñe­ro que es­ta­ba en la mis­ma si­tua­ción que yo, y a tam­bién a otros ami­gos», re­co­no­ce Fran­cis­co, que con­si­de­ra que es­te ser­vi­cio ofre­ce mu­chas ven­ta­jas y que el pre­cio es ra­zo­na­ble.

FO­TO: MARCOS MÍGUEZ

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