ANA FER­NÁN­DEZ

«LA RI­SA ME HA AYU­DA­DO MÁS QUE UN ABRA­ZO O UN TE QUIE­RO»

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: MA­RÍA VIDAL

Ha­bla­con fran­que­za de cuan­to se le pre­gun­ta. De lo bueno y de lo ma­lo, que ha si­do muy ma­lo. Ha­ce po­co más de un año per­dió a su no­vio, San­ti Tran­cho, en un ac­ci­den­te de tráfico. Aun así no tie­ne ren­cor, di­ce que son prue­bas que te po­ne la vi­da pa­ra apren­der a va­lo­rar otras. La vi­ta­li­dad que des­pren­de de ca­da una de sus pa­la­bras es asom­bro­sa, y ese yo tan echa­do pa’lan­te y cen­tra­do en dis­fru­tar de ca­da ins­tan­te tie­ne mu­cho que ver en có­mo ha ma­ne­ja­do la si­tua­ción. —Me han chi­va­do que el lu­nes co­mien­zas las va­ca­cio­nes, ¿có­mo se pre­sen­ta el ve­rano? —Sí, apro­ve­cha­ré pa­ra es­tar al ai­re li­bre, de te­rra­zas, pis­ci­nas, pa­ra ha­cer pla­nes... Que ha si­do un ini­cio de año muy in­ten­so, y tam­bién ba­ja­ré a Má­la­ga, don­de es­tá mi fa­mi­lia.

—Re­nun­cias a Car­lo­ta en tu nom­bre, y aho­ra es tu per­so­na­je en «Amar es pa­ra siem­pre».

—No, no re­nun­cio pero nun­ca na­die

me lla­ma por mi se­gun­do nom­bre, pero es cier­to que en la pe­lí­cu­la y en el tea­tro lo pu­si­mos por­que ha­bía otra Ana Fer­nán­dez. Aho­ra ha si­do ca­sua­li­dad, en la se­rie no sa­bían que me lla­ma­ba así. —Has via­ja­do al fu­tu­ro con «Los pro­te­gi­dos» y aho­ra al pa­sa­do con «Amar es pa­ra siem­pre». ¿A ti en qué épo­ca te hu­bie­ra gus­ta­do vi­vir? —En los años 60-70 pero no Es­pa­ña, en In­gla­te­rra, por­que te­nían otra men­ta­li­dad de con­for­mar­se con las co­sas, de dis­fru­tar con lo que ha­bía, de de­jar­se lle­var... El otro día en el con­cier­to de Paul McCart­ney me di cuen­ta de que la gen­te es­ta­ba to­do el ra­to gra­ban­do con los mó­vi­les en vez de dis­fru­tar de lo que es­ta­ba pa­san­do, la tec­no­lo­gía, los me­dios... nos han cam­bia­do. Nos preo­cu­pa­mos más de con­tar­lo ya, en vez de vi­vir las co­sas y lue­go pu­bli­car­las. —Vuel­ves a la te­le des­pués de un pa­rón. Así es la vi­da del ac­tor, ¿no? —Sí, son ne­ce­sa­rios, y nos vie­nen muy bien pa­ra te­ner los pies en el sue­lo, siem­pre y cuan­do pue­das ir com­pa­gi­nan­do des­can­so con tra­ba­jos. Pero hay que acep­tar­lo.

—¿Eres de co­ger to­dos los tre­nes que

se te pre­sen­tan? —No. A ver, en el mun­do de la pu­bli­ci­dad es di­fe­ren­te, por­que que te lla­men o ha­gas de re­cla­mo co­mo ima­gen de una mar­ca en un mo­men­to de­ter­mi­na­do es pa­sa­je­ro, no vas a es­tar to­da la vi­da aso­cia­do a esa ima­gen, pero en la in­ter­pre­ta­ción no. Me gus­ta mi­rar con de­te­ni­mien­to y se­lec­cio­nar los tra­ba­jos. —Tu pri­mer pa­pel fue con so­lo cua­tro añi­tos, tie­ne pin­ta de ser más co­sa de tus pa­dres que tu­ya. —Sí, mis pa­dres te­nían unos ami­gos di­rec­to­res de cás­ting. Co­mo yo era co­mo ri­ci­tos de oro, me lle­va­ron y me die­ron un pa­pel en El jo­ven Pi­cas­so, pero no me acuer­do de mu­cho, so­lo de que mi ma­dre me lle­va­ba Tri­dent de fre­sa al ro­da­je pa­ra que me por­ta­ra bien. Pero mis pa­dres no me han obli­ga­do nun­ca a na­da, lue­go to­do lo que he he­cho ha si­do por­que que­ría yo. —Pero te ti­ró an­tes la moda que la in­ter­pre­ta­ción. —Me ti­ró el que­rer sa­car­me unas pe­li­llas pa­ra mis co­sas. Con 11 años, le di­je a mi ma­dre: «Ma­má, yo quie­ro sa­lir en el ca­tá­lo­go de El Cor­te In­glés». Así, sin más, me ha­cía ilu­sión. Lla­mé, pre­gun­té por la agen­cia, me pre­sen­té. Me cogieron, y ya em­pe­cé de mo­de­lo de fo­to­gra­fía. Al ca­bo de unos años, les di­je a los de la agen­cia: «Lla­mad­me pa­ra más co­sas, se­ries, te­le­vi­sión... que es lo que me gus­ta», por­que yo que­ría de­di­car­me a la in­ter­pre­ta­ción. —¿Nun­ca te han pro­pues­to ca­rre­ra co­mo mo­de­lo? —Bueno, los te­mas de fo­to­gra­fía y pu­bli­ci­dad son moda tam­bién. Pero cla­ro, de pa­sa­re­la no, no doy la ta­lla. —«Los pro­te­gi­dos» fue­ron co­mo una es­pe­cie de bum, eras re­la­ti­va­men­te jo­ven, ¿có­mo lo lle­vas­te? —Bien, yo ya ve­nía de ha­cer Cues­tión de se­xo, que ha­bía te­ni­do bas­tan­te éxi­to tam­bién, de he­cho era la más pe­que­ña del re­par­to. Te­nía 16 y la ma­yo­ría so­bre 40, así que ya fui vien­do de qué iba o qué era eso de la fa­ma. Cla­ro, lue­go con Los Pro­te­gi­dos lo que pa­só es que los se­gui­do­res eran más jó­ve­nes, muy efu­si­vos, y eso se no­ta por la ca­lle. —Tam­bién apren­dis­te que los pa­pe­les pro­ta­go­nis­tas pa­san fac­tu­ra... —Los pa­pe­les pro­ta­go­nis­tas tie­nen lo bueno y lo ma­lo, te lle­vas to­do el ca­ri­ño de la gen­te, pero es ver­dad que co­mo la se­rie triun­fe y el per­so­na­je sea que­ri­do te cues­ta sa­lir de él, tie­nes que asu­mir cier­tos pa­ro­nes mo­ti­va­dos que

hay con el per­so­na­je. En el ca­so de Los pro­te­gi­dos, yo re­cuer­do que mu­chos de los ac­to­res se­cun­da­rios en­se­gui­da les lla­ma­ron pa­ra otras co­sas y a mí, por ejem­plo, me cos­tó más sa­car­me a Chis­pi­tas de en­ci­ma. Aho­ra es­toy muy con­ten­ta ha­cien­do de re­par­to en

Amar es pa­ra siem­pre, por­que voy y ha­go mi tra­ba­jo, no hay pro­ble­mas, ni pre­sio­nes, ni la res­pon­sa­bi­li­dad de lle­var el pe­so de la se­rie. —Pri­me­ro fa­mi­lia y lue­go tra­ba­jo, pero si te ofre­cie­ran un pa­pel al otro la­do del char­co, ¿te los lle­va­rías? —Noo, no po­dría, mi ma­dre es­tá tra­ba­jan­do, mi her­mano es­tá aquí... De to­das ma­ne­ra yo an­tes era muy ape­ga­da, pero las co­sas que me han pa­sa­do me han lle­va­do a ser más sal­va­je y apro­ve­char lo que vie­ne. Pero siem­pre hay que mi­rar las cir­cuns­tan­cias de ese mo­men­to, si es­tás sin tra­ba­jo o lo que te to­que vi­vir en ese ins­tan­te.

—¿Pre­fie­res ha­cer y arre­pen­tir­te o no ha­cer?

—Pre­fie­ro ha­cer y lue­go arre­pen­tir­me, siem­pre que eso no sea ha­cer da­ño a otras per­so­nas. Eso nun­ca, pue­do ser muy pa­ya­sa pero no ten­go mal­dad.

—¿Te arre­pien­tes de al­go?

—De no ha­ber­me pues­to con el in­glés an­tes.

—¿Crees que la vi­da ha si­do in­jus­ta con­ti­go?

—No, no creo que sea una cues­tión de jus­ti­cia. Creo que te pa­san co­sas ma­las pa­ra que des­pués apren­das a va­lo­rar las bue­nas. Ade­más, no creo que la vi­da sea in­jus­ta sino las per­so­nas, hay per­so­nas muy ma­las.

—Y a qué le das va­lor aho­ra mis­mo.

—A los pe­que­ños de­ta­lles, a ve­ces vi­vi­mos tan de­pri­sa que no so­mos cons­cien­tes de lo que es­ta­mos ha­cien­do. Vas con­du­cien­do, a mí me en­can­ta con­du­cir, y pen­san­do en nues­tros dra­mas, y no, hay que pen­sar en lo que es­tás ha­cien­do, en lo que te ha­ce fe­liz. Por­que son ins­tan­tes, en lo que te sa­ca una son­ri­sa, en lo que te ha­ce reír... eso pa­ra mí es lo más im­por­tan­te. —¿La vi­da te ha en­se­ña­do a vi­vir el mo­men­to o an­tes ya prac­ti­ca­bas esta fi­lo­so­fía? —Sí, so­lo que hay ex­pe­rien­cias que te ha­cen te­ner­lo más en cuen­ta. A ve­ces sa­be­mos la teo­ría y la prác­ti­ca es di­fí­cil, yo te es­toy di­cien­do to­do es­to y un día an­tes de que me ven­ga la re­gla es­toy in­so­por­ta­ble. Pero en mi fa­mi­lia siem­pre he­mos si­do to­dos de dis­fru­tar, in­clu­so cuan­do he­mos pa­sa­do por ma­los mo­men­tos, por cues­tio­nes eco­nó­mi­cas, hay que in­ten­tar apro­ve­char otras co­sas.

—A esta ac­ti­tud tu­ya le de­bes mu­cho...

—Sí, soy cons­cien­te de que me ha ser­vi­do de flo­ta­dor. Pero yo en los peo­res mo­men­tos que he pa­sa­do me he reí­do y me ha ayu­da­do, co­sa que no ha con­se­gui­do un abra­zo o un te quie­ro. Al­go bien con­ta­do ha con­se­gui­do sa­car­me car­ca­ja­das en mo­men­tos muy ma­los. Es de fa­mi­lia, so­mos to­dos así, y cuan­do nos jun­ta­mos es te­rri­ble, y eso sin be­ber, no ne­ce­si­ta­mos na­da.

—Cuan­do uno to­ca fon­do, ¿a qué se aga­rra?

—Yo a lo que te co­men­ta­ba an­tes, a in­ten­tar pen­sar en lo que es­tás ha­cien­do. Si es­tás ha­cien­do la ce­na, o pre­pa­ran­do un mo­ji­to, o una en­sa­la­da... lue­go ceno y ya es la ho­ra de ir a la ca­ma. Cen­trar­se en esas co­sas que es­tás ha­cien­do evi­ta esa ne­bu­lo­sa en la ca­be­za o ra­ya­du­ras, a mí me ha fun­cio­na­do.

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