Nos va­mos de ca­las

¿Quién di­jo que pa­ra ir­se al Ca­ri­be hay que cru­zar el char­co? Ni bi­lle­te ni avión. Lo úni­co que te ha­ce fal­ta es co­ger el co­che y dis­fru­tar­lo. Es­tá mu­cho más cer­ca de lo que pa­re­ce.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - VERANO - TEX­TO: NOELIA SILVOSA FO­TO: XOÁN CAR­LOS GIL

Sin­pa­la­bras. Así se que­dó el YES al des­cu­brir es­ta ima­gen ca­si de pos­tal. ¿Can­cún? ¿Bá­va­ro? ¿Ha­wái? Na­da de eso. Es­to es Cangas do Mo­rra­zo, Hío, pa­ra ser exac­tos. Va­mos a des­mon­tar uno a uno to­dos tus mo­ti­vos pa­ra via­jar al Ca­ri­be y ha­cer que te que­des en ca­sa. Que no se tra­ta de que no cru­ces el char­co, por­que tam­bién pue­des. Pe­ro en ma­te­ria de pla­yas, que se­pas que po­co más te vas a en­con­trar allí que acá. Nos va­mos a las Pun­ta Ca­na ga­lle­gas, a al­gu­nos de los pa­raí­sos que ha­rán que te sien­tas ca­si, ca­si, co­mo en una is­la de­sier­ta. Y em­pe­za­mos por la pla­ya de Cas­ti­ñei­ras y con Ire­ne, que pa­re­ce re­cién sa­li­da de la pa­la­pa de Su­per­vi­vien­tes y po­sa dán­do­nos mu­cha, pe­ro que mu­cha en­vi­dia sa­na en su ro­ca par­ti­cu­lar. Co­mo una si­re­na re­cién sa­li­da del agua, la chi­ca se re­fres­ca los pies en un mar tan tur­que­sa y manso que nos ha­ce pen­sar inevi­ta­ble­men­te en que so­lo le fal­ta la pul­se­ri­ta. Aquí no es­tá to­do in­clui­do, pe­ro sí que con­ta­rás con un día de pla­ya es­pec­ta­cu­lar.

RE­LAX Y MÁS RE­LAX

Va­mos a dar­te to­da­vía más ra­zo­nes pa­ra ir. Si hay al­go que tie­ne es­te are­nal, ade­más de lo que ya es ob­vio con tan so­lo ver es­ta fo­to, es que no es fá­cil que se aba­rro­te. Es uno de esos rin­co­nes se­mi­es­con­di­dos y sin ac­ce­so di­rec­to a la pla­ya, por lo que no te cha­fa­rá el día el te­tris de toa­llas. Po­drás lle­gar a ella por ca­mi­nos es­tre­chos y de­jar el co­che apar­ca­do en las fin­cas de al­gu­nos ve­ci­nos que te co­bra­rán al­re­de­dor de tres eu­ros por de­jar­lo allí. Na­da inasu­mi­ble, so­bre to­do si vol­ve­mos a com­pa­rar­lo con la au­tén­ti­ca Pun­ta Ca­na. Se­gun­da ra­zón: el agua no es lim­pia, es trans­pa­ren­te, cris­ta­li­na y muy tran­qui­la. Un pla­to, que se sue­le de­cir. En la are­na, blan­ca, tam­po­co es fá­cil encontrarse con pa­los de po­lo ni en­vol­to­rios va­rios. Ter­ce­ra: un

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