AQUÍ CO­MES GRA­TIS

RE­CO­RRE­MOS LOS LO­CA­LES EN QUE TE DAN MÁS POR ME­NOS

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: CAR­MEN GAR­CÍA DE BUR­GOS, BE­GO­ÑA R. SOTELINO, MA­RÍA GA­RRI­DO Y MA­RÍA VIDAL

Pa­re­ce que hi­cie­ra si­glos de aque­llo pe­ro hu­bo una épo­ca, ha­ce no mu­cho, en que uno se sen­ta­ba a to­mar al­go y el lo­cal de turno se lo agra­de­cía con un pla­ti­to de acei­tu­nas o ca­cahue­tes. Si te­nía suer­te, le to­ca­ban unas chips en un cuen­qui­to. In­clu­so en aque­llos mo­men­tos tan di­fí­ci­les —no so­lo pa­ra el clien­te, ojo, tam­bién pa­ra la hos­te­le­ría— mu­chos de los lo­ca­les que te pre­sen­ta­mos aquí ya lle­na­ban los es­tó­ma­gos de vi­si­tan­tes ca­sua­les y ha­bi­tua­les con ta­pas en to­da re­gla. Es­to no es pasado, to­da­vía que­dan lo­ca­les en los que si sa­les con ham­bre, es que no has be­bi­do lo su­fi­cien­te.

LA TA­PA GRA­TUI­TA

Ele­na Vei­ga di­ce que se le no­tan los 69 años, pe­ro no es cier­to. Por mu­cho que se em­pe­ñe. Di­ce que el sen­ti­do del hu­mor no tie­ne que ver con la edad, y que ella tie­ne mu­cho de am­bas co­sas. Y ahí pue­de em­pe­zar a te­ner ra­zón. Pe­ro cuan­do real­men­te se lle­na de au­to­ri­dad es cuan­do pre­su­me abier­ta­men­te de ha­ber si­do la pri­me­ra en to­da Pon­te­ve­dra en dar a ele­gir la ta­pa gra­tui­ta con la con­su­mi­ción. Es po­si­ble que sea por eso por lo que des­de ha­ce diez años es ta­rea com­pli­ca­da en­con­trar un hue­co en el Barbol, en ple­na ca­lle Real del cen­tro his­tó­ri­co a la ho­ra del ver­mú o las ca­ñas.

Car­ga­da de tan­ta vi­da co­mo su es­ta­ble­ci­mien­to, Ele­na pre­pa­ra en la co­ci­na las guar­ni­cio­nes que va a ofre­cer ca­da día: cho­ri­zos a la si­dra, en­sa­la­da de pas­ta, tostas y una ofer­ta am­plia y va­ria­da. In­clu­so los sá­ba­dos y los do­min­gos, cuan­do, a pe­sar de no ser ella muy de ca­llos, no le que­da otra que pre­pa­rar unos cuan­tos cen­te­na­res de ra­cio­nes a pe­ti­ción po­pu­lar. Los co­ci­na, in­clu­so, pa­ra otros es­ta­ble­ci­mien­tos. Ella no los co­me, pe­ro su fa­ma la su­pera en to­da la ciu­dad. Si tie­ne suer­te y es do­min­go pue­de en­con­trar­se con un co­ci­do. Y los mar­tes, con me­nos ex­clu­si­vi­dad pe­ro más po­pu­la­res, fi­ja unos hue­vos fri­tos a su mi­ni­car­ta de ta­pas pa­ra ase­gu­rar­se de que sus adep­tos si­guen ve­ne­ran­do su mano en la co­ci­na.

Y es que a Ele­na le pier­den los fo­go­nes tan­to co­mo sus ga­nas de vi­vir. Tras que­dar­se viu­da a los 59 años, «y co­mo mis hi­jos me con­sin­tie­ron», de­ci­dió vol­ver a sus orí­ge­nes. Di­ce que se crio en una ta­ber­na-bai­le-fá­bri­ca de ga­seo­sa, y que de­jar­se ven­cer por la pe­na no es lo su­yo. Por eso, cuan­do que­dó va­cío el lo­cal de la ca­lle Real qui­so lle­nar­lo con sus pla­tos —tam­bién sir­ve co­mi­das y ce­nas—, sus ri­sas y una co­lec­ción de cer­ve­zas y vi­nos que ha­cen una com­bi­na­ción má­gi­ca. Su de­co­ra­ción ele­gan­te y dis­cre­ta y su cén­tri­ca ubi­ca­ción cie­rran la fór­mu­la maes­tra.

Po­ca gen­te sa­be que de­trás de to­do es­to es­tá ella. Los ca­ma­re­ros, más jó­ve­nes, asu­men sin sa­ber­lo el pa­pel de en­car­ga­dos a ojos de los clien­tes más aje­nos al co­ra­zón del lo­cal. Pue­de que sea esa la ra­zón de que Ele­na si­ga cre­yen­do que los años sí pa­san por ella.

Y UN HUE­VO FRI­TO

A un pa­so de eso que en Vi­go se lla­ma «Abrir Vi­go al mar» y que vie­ne sien­do el pa­seo pe­ga­do al Atlán­ti­co des­de el puer­to de­por­ti­vo has­ta don­de ya em­pie­za el Ber­bés, se si­túa el bar res­tau­ran­te Bo­ga, un clá­si­co de la zo­na en la que con­vi­ven eje­cu­ti­vos y fun­cio­na­rios (la de­le­ga­ción de la Xun­ta es­tá a diez pa­sos) y los mu­chos tu­ris­tas que lle­gan en los cru­ce­ros. Del lo­cal se hi­cie­ron car­go ha­ce una dé­ca­da Ana Ca­ri­de y su her­mano Mi­guel. Con él en la co­ci­na y ella de maî­tre, le die­ron un vuel­co y se ha con­ver­ti­do en uno de los re­fe­ren­tes de un área que cam­bia de am­bien­te de la ma­ña­na a la no­che. Ellos apro­ve­chan to­dos los tra­mos. «Des­de los desa­yu­nos has­ta la pri­me­ra co­pa tras la ce­na», re­su­me ella. Y la ho­ra pun­ta, ac­tual­men­te, se ha des­pla­za­do ha­cia los vier­nes a la ho­ra

BARBOL

PON­TE­VE­DRA Ele­na Vei­ga co­gió el lo­cal, si­tua­do en la cén­tri­ca ca­lle Real de la zo­na mo­nu­men­tal, ha­ce al­go más de una dé­ca­da con 59 años. En su co­ci­na pre­pa­ra los ca­llos más fa­mo­sos de la ciu­dad, y des­de allí pre­su­me de ha­ber si­do la pri­me­ra de Pon­te­ve­dra en dar a ele­gir la ta­pa de acom­pa­ña­mien­to.

FO­TO: RA­MÓN LEIRO

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