«Me diag­nos­ti­ca­ron esclerosis múl­ti­ple con 19 años y pe­se a ello for­mé mi familia»

La Voz de Galicia (Deza) - - Sociedad -

Den­tro de tre­ce días cum­pli­rá 33 años, pe­ro con tan so­lo 19 ya su­po que ten­dría que com­par­tir el res­to de su vi­da con una en­fer­me­dad. Fiel a sus prin­ci­pios, no se rin­dió y, pe­se a los ries­gos que su­po­nía, de­ci­dió cum­plir su de­seo: ser ma­má. Ta­tia­na Kosh­chee­va, ru­sa pe­ro afin­ca­da en Lu­go des­de ha­ce ocho años, su­frió el pri­mer bro­te de esclerosis un año des­pués de al­can­zar la ma­yo­ría de edad. Alum­na de En­fer­me­ría, com­pa­gi­na­ba sus es­tu­dios tra­ba­jan­do en una ga­so­li­ne­ra. Un día de agos­to se ca­yó mien­tras iba lle­nar el de­pó­si­to de un co­che. No le dio im­por­tan­cia y pen­só que se tra­ta­ba de una caí­da «ton­ta». Se le­van­tó y con­ti­nuó su tra­ba­jo. Fue al día si­guien­te cuan­do, de ca­mino al tra­ba­jo, no­tó que co­jea- ba y que le fa­lla­ba el equi­li­brio. Tras acu­dir a un cen­tro mé­di­co, la tras­la­da­ron al hos­pi­tal, don­de le rea­li­za­ron las co­rres­pon­dien­tes prue­bas y per­ma­ne­ció in­gre­sa­da tres se­ma­nas. Le diag­nos­ti­ca­ron esclerosis múl­ti­ple. «Es una en­fer­me­dad du­ra, pe­ro tie­nes que acep­tar­la y con­vi­vir con ella. Llo­rar es dar­se pe­na a una mis­ma. Yo es­toy viva y pue­do ha­cer co­sas. No co­rro y no sal­to con mis ni­ños co­mo otras ma­más, pe­ro es­toy viva y pue­do dis­fru­tar de ellos», ma­ni­fes­tó Ta­tia­na.

De Ru­sia a Lu­go

En ve­rano del 2008 via­jó a Se­vi­lla pa­ra dis­fru­tar de sus va­ca­cio­nes. Fue allí don­de co­no­ció a Antonio, su ac­tual pa­re­ja, que en esas mis­mas fe­chas tam­bién pa­sa­ba sus días de ocio en la ciu­dad del sur. Na­tu­ral de As­tu­rias, tra­ba­ja en Lu­go des­de ha­ce años. Se enamo­ró de Ta­tia­na y qui­so for­mar con ella una familia. En enero del 2010 se ca­sa­ron y a los cua­tro me­ses na­ció Ale­xan­dra, su pri­me­ra hi­ja. Cua­tro años más tar­de na­ció Antonio, su se­gun­do ni­ño. Los pe­que­ños aho­ra tie­nen sie­te y tres años. «No te­nía cla­ro lo que que­ría es­tu­diar, pe­ro, sin em­bar­go, te­nía muy cla­ro Ta­tia­na Kosh­chee­va sos­tie­ne en bra­zos a Antonio, uno de sus dos hi­jos.

que que­ría ser ma­má. No pue­do sal­tar ni co­rrer con mis hi­jos pe­ro pue­do te­ner­los en mi co­lo y dis­fru­tar de ellos. Ade­más, mi es­po­so es el me­jor ma­ri­do que al­guien pue­de te­ner y es un pa­dra­zo», in­di­có Ta­tia­na.

Una mo­to adap­ta­da

Es­ta jo­ven ha­ce vi­da nor­mal. Des­de la pa­sa­da Na­vi­dad tie­ne una mo­to adap­ta­da y en ella acu­de al gim­na­sio y a la fi­sio­te­ra­peu­ta. «Me le­van­to a las 6.40 de la ma­ña­na pa­ra pre­pa­rar los desa­yu­nos y las mo­chi­las de los ni­ños. Des­pués voy a ha­cer mis ejer­ci­cios y al re­gre­sar ha­go la

co­mi­da pa­ra los cua­tro. Ade­más, apro­ve­cho pa­ra ha­cer las co­sas de casa. Voy a un rit­mo más len­to pe­ro. al fi­nal con­si­go ha­cer las co­sas», ma­ni­fes­tó Ta­tia­na, que sue­le pa­sar las tar­des con sus ni­ños en el par­que.

Ta­tia­na ase­gu­ra que no vi­ve con mie­do. «En prin­ci­pio te­mía su­frir un nue­vo bro­te y vol­ver a caer­me, pe­ro pa­ra eso ten­go dos bas­to­nes. El mie­do no es buen com­pa­ñe­ro, por­que te des­tru­ye. Si en tu ca­be­za es­tá el mie­do de caer­te, al fi­nal te aca­bas ca­yen­do», ex­pli­có.

Es­ta jo­ven ru­sa afin­ca­da en la ca­pi­tal lu­cen­se to­ma una me­di­ca­ción dia­ria y aho­ra bus­ca un tra­ba­jo de me­dia jor­na­da. Es­te ve­rano acu­di­rá con sus dos ni­ños a Ru­sia pa­ra ver a su familia. «Ten­go que ir a mi rit­mo, pe­ro eso no sig­ni­fi­ca que no pue­da ha­cer vi­da nor­mal. No ten­go mie­do a sa­lir ni tam­po­co a via­jar. Es­toy viva y eso es lo im­por­tan­te», con­clu­yó Ta­tia­na.

CAR­LOS CAS­TRO

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