Ra­joy, pen­dien­te del ca­len­da­rio ju­di­cial

La Voz de Galicia (Deza) - - Opinión - FERNANDO ÓNEGA

Que el Par­ti­do Po­pu­lar lo es­tá pa­san­do mal no es nin­gún se­cre­to. Qui­zá sea el peor mo­men­to des­de que Ma­riano Ra­joy lle­gó al po­der y sus di­ri­gen­tes ape­nas lo pue­den di­si­mu­lar. Lo es­tá pa­san­do mal co­mo par­ti­do, por­que co­mo Go­bierno vi­vió días más dra­má­ti­cos en el año 2012, cuan­do la eco­no­mía no le per­mi­tía cum­plir con sus pro­me­sas elec­to­ra­les, la pri­ma de ries­go dis­pa­ra­da por en­ci­ma de los 700 pun­tos bá­si­cos aho­ga­ba, el pa­ro era in­so­por­ta­ble, los desahu­cios re­sul­ta­ban es­can­da­lo­sos y es­tá­ba­mos al bor­de de la in­ter­ven­ción. Aque­llo se su­peró, pe­ro hoy, con to­dos los in­di­ca­do­res eco­nó­mi­cos en po­si­ti­vo y al­to ni­vel de con­fian­za em­pre­sa­rial, el par­ti­do se en­cuen­tra con se­rias di­fi­cul­ta­des pa­ra sus­ci­tar la otra con­fian­za, que es la de los ciu­da­da­nos. Las en­cues­tas es­tán ahí. Pue­den cam­biar, se­gu­ro que van a cam­biar, pe­ro hoy son una amar­gu­ra ca­si dia­ria.

Pa­ra ex­pli­car que el éxi­to eco­nó­mi­co no ten­ga im­pac­to en el vo­to so­lo hay dos cla­ves. La pri­me­ra, que la gen­te ha lle­ga­do a la con­clu­sión de que no es fru­to del tra­ba­jo del Go­bierno, sino de fac­to­res ex­ter­nos co­mo el pre­cio del pe­tró­leo, la co­yun­tu­ra in­ter­na­cio­nal o los man­gue­ra­zos del Ban­co Cen­tral Eu­ro­peo. La se­gun­da, la de­sigual­dad sa­la­rial, que hi­zo triun­far las te­sis de que los ri­cos han si­do los be­ne­fi­cia­dos por la re­cu­pe­ra­ción y de que te­ner tra­ba­jo ya no es si­nó­ni­mo de aban­dono de la po­bre­za. Esas fue­ron ba­ta­llas de ima­gen que el equi­po go­ber­nan­te se de­jó ga­nar por la pren­sa más crí­ti­ca y por la opo­si­ción. Y tam­bién, y so­bre to­do, por­que han si­do y si­guen sien­do una reali­dad.

A esa de­rro­ta se aña­de aho­ra la cró­ni­ca de la co­rrup­ción. No es un asun­to nue­vo, co­mo es pú­bli­co y no­to­rio. Pe­ro tam­bién hi­zo me­lla el dis­cur­so de Po­de­mos que ca­li­fi­ca al PP co­mo el par­ti­do más co­rrup­to de Eu­ro­pa: ha­ce unos días lo ha­cía su­yo uno de los pe­rió­di­cos más in­flu­yen­tes de España. Y mi­ren: se es­tá juz­gan­do a to­dos los de la Gür­tel va­len­cia­na; van muy avan­za­das las res­tan­tes ins­truc­cio­nes; se han re­dac­ta­do le­yes nue­vas y se han en­du­re­ci­do las exis­ten­tes. Sin em­bar­go, los es­ta­dos de opi­nión di­cen que no se hi­zo lo su­fi­cien­te o que sigue ha­bien­do to­le­ran­cia con quie­nes han me­ti­do mano en la caja. Co­mo con­se­cuen­cia, exis­te pá­ni­co a la po­si­bi­li­dad de que la co­rrup­ción se pa­gue en las ur­nas.

¿Po­drá el PP es­ta­tal su­pe­rar ese dé­fi­cit de ima­gen? Me atre­vo a su­ge­rir una te­sis: Ma­riano Ra­joy es­pe­ra que to­dos los ca­sos es­tén sen­ten­cia­dos an­tes de las elec­cio­nes mu­ni­ci­pa­les y al me­nos un año an­tes de las ge­ne­ra­les. As­pi­ra a lle­gar a la ci­ta con las ur­nas con la ca­sa asea­da. Si es así y no sur­ge un so­bre­sal­to ti­po Gra­na­dos por me­dio, po­drá re­pe­tir que la co­rrup­ción fue co­sa del pa­sa­do y po­drá lle­gar a los mí­ti­nes con es­te dis­cur­so: «¿Dón­de es­tán los co­rrup­tos? ¡To­dos en la cárcel!» No es más que una te­sis per­so­nal.

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