Fun­cio­na­rios con abri­gos en el con­sis­to­rio

La fal­ta de ca­le­fac­ción en el con­sis­to­rio obli­ga a uti­li­zar de nue­vo ca­le­fac­to­res y ra­dia­do­res eléc­tri­cos

La Voz de Galicia (Deza) - - Portada - O. P. AR­CA

La ca­sa con­sis­to­rial de La­lín, el cas­tro tec­no­ló­gi­co, co­mien­za a mos­trar que tie­ne más de lo pri­me­ro que de lo se­gun­do. Por­que fun­cio­na­rios y ciu­da­da­nos ex­pe­ri­men­tan en su in­te­rior las mis­mas sen­sa­cio­nes que los cas­tre­ños que vi­vie­ron ha­ce si­glos cer­ca de allí, en el cas­tro de Don­ra­mi­ro: en ve­rano pa­san ca­lor, y en in­vierno frío.

Por­que la tec­no­lo­gía no se mos­tró de­ma­sia­do efi­cien­te en el con­sis­to­rio nun­ca. So­lo en su pri­mer ve­rano la plan­ti­lla mu­ni­ci­pal pu­do dis­fru­tar las bon­da­des del ai­re acon­di­cio­na­do: cuan­do lle­gó la pri­me­ra fac­tu­ra de elec­tri­ci­dad, que se acer­ca­ba a 6.000 eu­ros del 2011 por un mes, hu­bo re­cor­te ge­ne­ral de cli­ma­ti­za­ción y

lu­ces. Des­de en­ton­ces el fres­cor en ve­rano so­lo fue por ba­rrios: en los círcu­los me­nos so­lea­dos, me­jor tem­pe­ra­tu­ra; y don­de ca­lien­ta, mer­cu­rio a la par­te al­ta. La es­truc­tu­ra de cris­tal no ayu­da en ab­so­lu­to. Jus­ti­cia di­vi­na o no, el des­pa­cho de la al­cal­día —an­tes de José Cres­po, aho­ra de Ra­fael Cuí­ña— es zo­na cal­dea­da, más allá del áni­mo del in­qui­lino.

En es­te oto­ño con in­ver­nía que vi­vi­mos, esas al­tas tem­pe­ra­tu­ras ve­ra­nie­gas se echan de me­nos en Pra­za de Ga­li­cia, 1. No ha­ce fal­ta más que una vi­si­ta a su in­te­rior pa­ra du­dar de quién va más abri­ga­do: el ciu­da­dano que acu­de

a rea­li­zar trá­mi­tes o el tra­ba­ja­dor que los cum­pli­men­ta. Pro­li­fe­ran ca­le­fac­to­res y ra­dia­do­res, in­su­fi­cien­tes pa­ra cal­dear es­tan­cias abier­tas al ex­te­rior y con al­tu­ra de te­chos dig­na de pa­zos se­ño­ria­les.

Alar­ma ha­ce ya dos años

Al­gu­nos, con la cre­ma­lle­ra de la ca­za­do­ra ce­rra­da, co­men­tan que ya es­tán acos­tum­bra­dos. No es pa­ra me­nos. Ha­ce cer­ca de dos años, sal­ta­ron a la luz ave­rías en el sis­te­ma de ca­le­fac­ción, fa­llos que vuel­ven a es­tar so­bre la me­sa, y aun­que na­die ex­pli­car con cer­te­za qué ocu­rre, sien­ten el frío.

Fue en los fríos de ene­ro del 2017 cuan­do co­men­zó el re­par­to de ca­le­fac­to­res pa­ra in­ten­tar sol­ven­tar las ba­jas tem­pe­ra­tu­ras que en­ton­ces cer­ca­ban el ala oes­te del edi­fi­cio. El pro­ble­ma aho­ra es­tá ya ex­ten­di­do por las dis­tin­tas zo­nas de un in­mue­ble en que no es re­co­men­da­ble tra­ba­jar sin abri­go, so pe­na de in­cre­men­tar las ba­jas la­bo­ra­les, en es­te ca­so, por cons­ti­pa­do. Pa­re­ce que el cli­ma da una tre­gua y el sol se de­ja­rá ver es im­por­tan­te pa­ra al me­nos cal­dear un po­co las ofi­ci­nas más orien­ta­das ha­cia él: que si pa­de­cen el ca­lor en ve­rano, al me­nos se pue­den be­ne­fi­ciar de un in­vierno más tem­pla­do.

Ha­ce dos años se atri­bu­ye­ron los pro­ble­mas de la ca­le­fac­ción a fu­gas de agua en tres de las on­ce má­qui­nas ca­le­fac­to­ras del edi­fi­cio, que que­da­ron fue­ra de ser­vi­cio. El Con­ce­llo anun­cia­ba en­ton­ces una po­si­ble re­cla­ma­ción por vi­cios ocul­tos fren­te a la cons­truc­to­ra, por apa­re­cer co­rro­sión en las ca­na­li­za­cio­nes «po­si­ble­men­te por non traer as tu­be­rías un se­pa­ra­dor gal­vá­ni­co». Nun­ca más se su­po: qui­zás el te­ma se en­frió. En es­ta épo­ca, no es difícil en el cas­tro de O Re­guei­ri­ño.

M. S.

El uso de ca­le­fac­to­res se re­pi­te es­te año, co­mo ocu­rría en el 2017.

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