VI­DAS NO EJEM­PLA­RES

Eu­ge­nia de York: la prin­ce­sa a la que pi­lla­ron bai­lan­do des­nu­da.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - SUMARIO - POR CAR­LOS GONZÁLEZ

La no­ti­cia no ha sor­pren­di­do a na­die. Des­de 2016 se ru­mo­rea­ba con una po­si­ble bo­da de Eu­ge­nia de York, hi­ja del prín­ci­pe An­drés. Es lo que toca cuan­do se tie­nen 27 años y lle­vas ca­si ocho sa­lien­do con tu novio. O eso o una rup­tu­ra.

Él se lla­ma Jack Brooks­bank, tie­ne 31 años y per­te­ne­ce a una ‘bue­na’ fa­mi­lia. Su pa­dre se edu­có en Eton y com­par­te un bi­sa­bue­lo con Sa­rah Fer­gu­son, ma­dre de la no­via. Jack, al ter­mi­nar sus es­tu­dios, pre­fi­rió no en­trar en la uni­ver­si­dad y po­ner­se a tra­ba­jar co­mo camarero. Des­pués de años en el sec­tor de la hos­te­le­ría y en dis­tin­tos lo­ca­les, aho­ra se de­di­ca a ven­der vinos.

La bo­da se ce­le­bra­rá es­te oto­ño en la mis­ma ca­pi­lla del cas­ti­llo de Wind­sor don­de se ca­sa­rán el prín­ci­pe En­ri­que y Meg­han Mar­kle. El ani­llo de com­pro­mi­so, ca­li­fi­ca­do co­mo «re­la­ti­va­men­te

mo­des­to» por la pren­sa bri­tá­ni­ca, se cal­cu­la que ha cos­ta­do unos 8.000 eu­ros. Tam­bién se ha des­ta­ca­do el ca­rác­ter «aho­rra­dor» de la no­via por anun­ciar su com­pro­mi­so con un ves­ti­do de Er­dem que ya uti­li­zó ha­ce dos años

en una se­sión de fo­tos para la re­vis­ta Har­per’s Ba­zaar.

SUS ES­CÁN­DA­LOS

Al me­nos, es­ta vez iba ves­ti­da. Lo de­ci­mos por­que uno de sus pri­me­ros es­cán­da­los fue con so­lo 18 años, cuan­do la pi­lla­ron bai­lan­do y co­rrien­do des­nu­da en el jar­dín del eli­tis­ta co­le­gio de Marl­bo­rough. Por su­pues­to, la prin­ce­sa es­ta­ba tam­bién bo­rra­cha, aun­que en­ton­ces se di­jo que ha­bía si­do al­go «inocen­te» y que Eu­ge­nia, jun­to a unas amigas, ce­le­bra­ba el fi­nal de cur­so.

Un año des­pués, se fue de va­ca­cio­nes a Tai­lan­dia y lo ma­lo es que ha­bía un fo­tó­gra­fo cer­ca, con lo que las imá­ge­nes aca­ba­ron en la pren­sa. La peor, sin du­da, fue la de ella en bi­ki­ni con una ami­ga de­trás que le to­ca­ba el pe­cho.

Aque­llos fue­ron los años sal­va­jes de Eu­ge­nia, pe­ro lue­go di­cen que la re­la­ción con su fu­tu­ro ma­ri­do sir­vió para tran­qui­li­zar­les a am­bos y que ba­ja­ran el ni­vel de sus fies­tas. An­tes, por cier­to, a ella so­lo se le co­no­ció otro novio, Ot­to Brock­way, so­brino de Ri­chard Bran­son. Sea co­mo sea, a la prin­ce­sa le cos­tó en­trar en la uni­ver­si­dad. O me­jor, di­rec­ta­men­te la re­cha­za­ron y so­lo cuan­do des­cu­brie­ron que se tra­ta­ba de la nie­ta de la rei­na de­ci­die­ron rec­ti­fi­car.

ES­TA­BI­LI­DAD

Una vez con­clui­da la eta­pa de for­ma­ción, su tra­yec­to­ria pro­fe­sio­nal ha si­do mu­cho más es­ta­ble que la de su her­ma­na Bea­triz. Nun­ca, que se sepa, ha aban­do­na­do un em­pleo, a di­fe­ren­cia de la otra. Des­de 2015 tra­ba­ja para una ga­le­ría de ar­te en Londres.

En los úl­ti­mos años, las po­lé­mi­cas que ha pro­ta­go­ni­za­do han si­do por la su­pues­ta ri­va­li­dad de am­bas her­ma­nas con la prin­ce­sa Ca­ta­li­na y por las exi­gen­cias de su pa­dre para que la ca­sa real bri­tá­ni­ca re­co­noz­ca sus de­re­chos. Muy cri­ti­ca­do fue el ves­tua­rio en la bo­da de su pri­mo Gui­ller­mo. Los to­ca­dos eran ine­na­rra­bles, pe­ro peor aún re­sul­ta­ron las com­pa­ra­cio­nes que se hi­cie­ron de ellas con las her­ma­nas­tras de Ce­ni­cien­ta. No hay, di­cen, ima­gen que me­jor de­fi­na los ce­los que sien­ten por la fu­tu­ra rei­na. Una pér­di­da de pro­ta­go­nis­mo que irá a más. En 2016, el prín­ci­pe An­drés es­cri­bió una car­ta a la rei­na pi­dién­do­le un suel­do para sus hi­jas y las co­rres­pon­dien­tes obli­ga­cio­nes. El prín­ci­pe Car­los acla­ró que: An­drés, co­mo hi­jo de la mo­nar­ca, se­gui­rá te­nien­do su asig­na­ción y sus res­pon­sa­bi­li­da­des, pe­ro sus hi­jas, no. Po­bre Eu­ge­nia, su bo­da po­dría ser el úl­ti­mo ac­to que pro­ta­go­ni­ce con to­do el boa­to que ca­rac­te­ri­za a la mo­nar­quía bri­tá­ni­ca.

lu­cha por sus de­re­chos

Eu­ge­nia de York es hi­ja del prín­ci­pe An­drés y Sa­rah Fer­gu­son. Su pa­dre es­tá lu­chan­do para que se re­co­noz­can sus de­re­chos y los de su her­ma­na.

po­lé­mi­cas

Ha pro­ta­go­ni­za­do so­na­dos es­cán­da­los. En la bo­da de Gui­ller­mo, su her­ma­na y ella fue­ron cri­ti­ca­das por el ves­tua­rio (arri­ba).

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