Vir­gi­nia Mar­tí­nez

“La mú­si­ca ha­ce me­jo­res per­so­nas, desa­rro­lla una sen­si­bi­li­dad es­pe­cial”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Ix Premios Mujerhoy - Por Bea­triz G.

Es mu­jer y jo­ven –dos ra­re­zas en la di­rec­ción de or­ques­ta– y es­tá lle­na de ta­len­to. ¿Su sue­ño? Que la mú­si­ca clá­si­ca sea pa­tri­mo­nio de to­dos.

La pa­sión con la que ha­ce bai­lar la ba­tu­ta es ex­cep­cio­nal. Pu­ro ta­len­to. Di­cen que Vir­gi­nia Mar­tí­nez (Mo­li­na de Se­gu­ra, Mur­cia, 1979) ha­rá his­to­ria en el mun­do de la mú­si­ca. A los 16 años, de­ci­dió que que­ría ser di­rec­to­ra de or­ques­ta y se tras­la­dó a Aus­tria, don­de era la úni­ca mu­jer de la cla­se. Ba­jo su di­rec­ción, el pú­bli­co ha aplau­di­do a la Or­ques­ta Na­cio­nal de Mont­pe­llier, a la de Sin­ga­pur, a las sin­fó­ni­cas de Biel y Graz o a la del Con­ser­va­to­rio de Vie­na. Aho­ra, co­mo di­rec­to­ra de la Or­ques­ta Sin­fó­ni­ca y de la Or­ques­ta de Jó­ve­nes de la Re­gión de Mur­cia, in­ten­ta que lo que más le apa­sio­na lle­gue a to­dos los pú­bli­cos. Mu­jer­hoy. ¿Có­mo en­tró la mú­si­ca en su vi­da? Vir­gi­nia Mar­tí­nez. Em­pe­cé a can­tar a los cua­tro años, en el co­ro que di­ri­gía mi tía. A los cin­co, co­men­cé a es­tu­diar mú­si­ca. Mi pa­dre to­ca­ba la gui­ta­rra en un gru­po de rock, Los Ti­ta­nes. Te­nía­mos un ór­gano, to­dos los dis­cos de Los Beatles y una ban­que­ta don­de se guar­da­ban par­ti­tu­ras. En ella me sen­ta­ba con mi pa­dre a to­car.

¿Y cuán­do de­ci­dió que que­ría ser di­rec­to­ra de or­ques­ta?

Me lla­ma­ba la aten­ción que, en el co­ro, mi tía nos da­ba in­di­ca­cio­nes con las manos. A los 13 años em­pe­cé a di­ri­gir a los pe­que­ños y ex­pe­ri­men­té esa co­mu­ni­ca­ción des­de el otro la­do. A los 16 años, ya te­nía cla­rí­si­mo que que­ría de­di­car­me a es­to.

¿La mú­si­ca clá­si­ca es so­lo pa­ra un de­ter­mi­na­do pú­bli­co?

Es lo que in­ten­ta­mos cambiar. Por eso he­mos he­cho con­cier­tos con Ve­tus­ta Mor­la, con Se­cond, pron­to con Mal­di­ta Ne­rea... Hay que acer­car la mú­si­ca clá­si­ca. Era la úni­ca mu­jer en su cla­se cuan­do es­tu­dia­ba en el Con­ser­va­to­rio de la Ciu­dad de Vie­na. ¿Se sen­tía un bi­cho ra­ro? Me sen­tía di­fe­ren­te, sí, pe­ro de for­ma po­si­ti­va. He si­do muy mi­ma­da por mis pro­fe­so­res y com­pa­ñe­ros. Sé que es una pro­fe­sión de tra­di­ción mas­cu­li­na, pe­ro nun­ca me he pa­ra­do a pen­sar en la ex­cep­cio­na­li­dad. Mien­tras lo ha­ga­mos, no le da­re­mos nor­ma­li­dad.

¿Es­tá cam­bian­do el es­ce­na­rio en ese sen­ti­do?

Sí, afor­tu­na­da­men­te mu­chas más mu­je­res es­tu­dian aho­ra Di­rec­ción de Or­ques­ta. Es­pe­ro que lle­gue un día en que no se ha­ble del gé­ne­ro. Ade­más de ser mu­jer, es jo­ven, dos ras­gos po­co ha­bi­tua­les en su pro­fe­sión. La ju­ven­tud es una des­ven­ta­ja aquí, y la úni­ca for­ma de su­pe­rar­la es te­nien­do muy cla­ro lo que una quie­re y ejer­cien­do el res­pe­to. Cuan­do un director jo­ven se po­ne an­te una or­ques­ta, los mú­si­cos pue­den do­blar­le la edad y has­ta co­no­cer la mú­si­ca me­jor. Me­re­cen res­pe­to; y ese res­pe­to de­be ser re­cí­pro­co por­que el director es la má­xi­ma au­to­ri­dad en una or­ques­ta, por jo­ven que sea.

¿Qué sien­te cuan­do se dis­po­ne a di­ri­gir a un cen­te­nar de mú­si­cos?

Cuan­do subo a la ta­ri­ma, des­co­nec­to de to­do y so­lo es­toy pa­ra la mú­si­ca. Me he lle­ga­do a ol­vi­dar de que te­nía a mis hi­jas con 40 ºc de fie­bre. En cuan­to sue­na la mú­si­ca, eso es lo más im­por­tan­te de mi vi­da. Al ter­mi­nar, ya no lo es. En­ton­ces, mi ma­ri­do y mis hi­jas son el cen­tro. Pe­ro en esos mi­nu­tos fren­te al atril es co­mo si no exis­tie­ra na­da más.

¿Que ocu­rri­ría si de­ja­ra de dis­fru­tar en el es­ce­na­rio?

Lo de­ja­ría. No hay otra op­ción. Si no se da esa co­ne­xión, es­ta pro­fe­sión no tie­ne sen­ti­do. Pa­ra mí es la úni­ca ma­ne­ra de vi­vir la mú­si­ca, y lle­ga a crear adic­ción.

¿Ve a sus hi­jas, de tres y cin­co años, si­guien­do su ca­mino?

Una ya to­ca el che­lo y la otra el piano, pe­ro jue­gan más que to­car. No sé si se­gui­rán mi ca­mino. Lo que me gus­ta­ría es que fue­ran fe­li­ces, y una for­ma­ción mu­si­cal ya es un pun­to a fa­vor. In­cluir­la en la edu­ca­ción desa­rro­lla una sen­si­bi­li­dad es­pe­cial. La mú­si­ca ha­ce me­jo­res per­so­nas.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.