La gran noche de Ma­riano

La Voz de Galicia (España) - - Opinión - FER­NAN­DO SAL­GA­DO

El bai­le de Ma­riano Ra­joy, en el trans­cur­so de una bo­da en Mur­cia, me ha con­mo­vi­do. So­na­ba Mi gran noche, uno de los éxi­tos de Rap­hael, y el pre­si­den­te se lan­zó a pis­ta abier­ta en com­pa­ñía de un ra­mi­lle­te de da­mas que asis­tían a la fies­ta nup­cial. Al­gu­na fi­bra se me re­mo­vió en el des­ván de la me­mo­ria y, de re­pen­te, me vi emo­cio­nal­men­te más pró­xi­mo al pai­sano que tan­tas ve­ces cri­ti­qué. Una co­rrien­te de sim­pa­tía flu­yó en­tre los po­los. Qui­zá por­que los dos bai­la­mos con la gra­cia —es­ca­sa, me te­mo— que Dios nos ha da­do y el mi­nis­tro Ca­ta­lá se en­car­ga de re­cor­dar­nos. O por­que am­bos, di­fe­ren­cias de al­cur­nia al mar­gen, so­mos car­ne de gua­te­que ma­ce­ra­da en los años del desa­rro­llis­mo.

Com­pren­dí en­ton­ces, al hi­lo de la le­tra que Ra­fael de León —mar­qués de Mos­co­so y con­de de Gó­ma­ra, poe­ta me­nor del 27— com­pu­so pa­ra con­su­mo in­terno de los es­pa­ño­les, la so­le­dad del lí­der y sus des­ve­los. Su afán por des­en­tra­ñar, mien­tras ses­tea, los in­son­da­bles mis­te­rios de la po­lí­ti­ca es­pa­ño­la: «Qué pa­sa­rá, qué mis­te­rio ha­brá, / pue­de ser mi gran noche. / Y al des­per­tar ya mi vi­da sa­brá / al­go que no co­no­ce». Su re­pu­dio de la trans­pa­ren­cia y de la luz, por­que el go­ce y las cuen­tas me­jo­ran cuan­do se apa­ga la lám­pa­ra de la me­si­lla: «Des­cu­bri­ré que el amor es me­jor / cuan­do to­do es­tá os­cu­ro». O su de­seo de eva­dir­se, co­mo el frai­le agus­tino de León, del mun­da­nal rui­do: «Ol­vi­da­ré la tris­te­za y el mal y las pe­nas del mun­do».

Exis­te so­la­men­te un obs­tácu­lo que im­pi­de mi ple­na iden­ti­fi­ca­ción con Ma­riano: él es se­gui­dor per­ti­naz de Rap­hael, yo soy más de Ada­mo, don Sal­va­to­re, el ge­nuino in­tér­pre­te de Mi gran noche, que en ori­gen lle­va­ba por título Te­nez vous bien. Mu­si­cal­men­te no exis­te gran des­via­ción en­tre las dos ver­sio­nes: se ase­me­jan tan­to co­mo el PP a Ciu­da­da­nos. Pe­ro las le­tras son dia­me­tral­men­te opues­tas: tan­to co­mo las que en­fren­tan al PP y Ciu­da­da­nos. El con­de de Gó­ma­ra edul­co­ró el tex­to ca­na­lla de Ada­mo, que ade­más re­zu­ma­ba ma­chis­mo de la épo­ca, tal co­mo le ha­bía pro­me­ti­do a Rap­hael: «Te voy a ha­cer una le­tra co­mo Dios man­da». Y le sa­lió aque­lla co­sa sen­si­ble­ra y una piz­ca cur­si, pe­ro ajus­ta­da a los cá­no­nes de lo po­lí­ti­ca­men­te co­rrec­to.

Aun­que cier­ta­men­te ico­no­clas­ta, la ver­sión de Ada­mo se ajus­ta me­jor al con­tex­to de la gran noche de Ma­riano. Ya el ini­cio pa­re­ce evo­car la pa­ter­ni­dad az­na­ris­ta del lí­der: «Can­sa­do ya de aguan­tar a pa­pá de­ci­dí eman­ci­par­me». De se­gui­do, so­lo con re­em­pla­zar chi­cas y pa­lo­mas por vo­tan­tes y ga­vio­tas, la can­ción nos in­tro­du­ce en su pro­ba­da ca­pa­ci­dad de se­duc­ción: «Bai­lé con chi­cas que es­ta­ban muy bien, que a uno le po­nen mal, / pe­ro ellas vie­ron que yo era tam­bién un chi­co fe­no­me­nal. / Co­mo pa­lo­mas a mi al­re­de­dor las vi re­vo­lo­tear, / aque­lla noche yo fui el ca­za­dor y el amo del pa­lo­mar [...] / El ca­so fue que las hip­no­ti­cé con so­lo una mi­ra­da». Y por si aún que­dan du­das, se­pan que el bai­la­rín, in­can­sa­ble, as­pi­ra a re­pe­tir: «Quie­ro otra vez el po­der fa­bri­car los más be­llos en­sue­ños, / pue­do pa­gar, un obre­ro yo soy, otra co­pa y me mar­cho».

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