Ma­nuel Lou­rei­ro y An­to­nia Leo­nar­do El alma de El Sa­la­bar­do

Es­ta ca­ri­ñe­sa na­ci­da en La­ra­cha aca­ba de ju­bi­lar­se. El pri­mer día de tra­ba­jo co­bró cien pe­se­tas

La Voz de Galicia (Ferrol) - El Comarcal Ferrol - - Portada - [ANA F. CU­BA]

De La­ra­cha, don­de na­ció ha­ce 65 años, Ana Váz­quez Pe­rei­ro se mu­dó con su ma­dre y sus abue­los al lu­gar de Car­ba­llás, en Ma­ñón. «Vi­nie­ron pa­ra aquí por tra­ba­jo y fui a la es­cue­la allí has­ta los 12 años, des­pués es­tu­ve en Or­ti­guei­ra y des­de 1964 vi­vo en Ca­ri­ño. Aquí me ca­sé y a los 23 años em­pe­cé a tra­ba­jar en La Pu­re­za», re­la­ta. Ate­so­ra un pe­que­ño cua­derno don­de anotó, día a día, sus pri­me­ros sa­la­rios. El 12 de no­viem­bre de 1973 se es­tre­nó en la fá­bri­ca co­bran­do cien pe­se­tas y a par­tir del día si­guien­te, su suel­do dia­rio os­ci­ló en­tre 200 y 300 pe­se­tas. Aca­ba de ju­bi­lar­se, tras 42 años en es­ta con­ser­ve­ra.

—Em­pe­zó a tra­ba­jar aquí con Je­sús Ma­nuel Do­can­to Abe­lla.

—Da­ba tra­ba­jo a mu­cha gen­te, a to­da la que po­día, por­que en aque­lla épo­ca no ha­bía tan­to tra­ba­jo por­que no ha­bía ne­ve­ras. Lle­ga­ba el pescado y en cuan­to se aca­ba­ba, has­ta que vi­nie­ra otro bar­co nos te­nía­mos que ir a ca­sa.

—¿En qué con­sis­tía su tra­ba­jo?

—Lo que ha­cía­mos era des­ca­be- zar el pescado, sa­lar­lo y em­pa­rri­llar­lo (en­tre dos mu­je­res, en pa­rri­llas gran­des), lo me­tía­mos en un co­ce­dor a va­por y de ahí se sa­ca­ba, se de­ja­ba en­friar y des­pués se en­la­ta­ba. Apren­días en se­gui­da, éra­mos sie­te, ocho, diez o do­ce, de­pen­dien­do de cuán­do ve­nía el ca­mión. Ha­bía que aca­bar­lo y si las em­plea­das de siem­pre no bas­tá­ba­mos, lla­ma­ban a más.

—Cuan­do co­men­zó us­ted fun­cio­na­ban va­rias fá­bri­cas.

—En aquel tiem­po ha­bía diez o do­ce y mu­chas más cuan­do yo lle­gué a Ca­ri­ño. Por to­da la ca­rre­te­ra, don­de hoy ves co­mer­cios, an­tes eran fá­bri­cas. Y aho­ra que­dan dos (La Pu­re­za y La Gi­ra).

—¿Có­mo cam­bió su tra­ba­jo?

—El cam­bio lle­gó en los años 90, cuan­do em­pe­za­ron a mon­tar la ne­ve­ra. Las ins­ta­la­cio­nes son lo que más ha cam­bia­do. La na­ve de la fá­bri­ca se re­for­mó y se mo­der­ni­zó, an­tes ha­bía vi­gas de ma­de­ra y el suelo era de pie­dra, ha­bía dos po­zos de­ba­jo, de don­de sa­cá­ba­mos el agua pa­ra la­var y fre­gar. Des­pués se me­ca­ni­zó, con una en­va­sa­do­ra de bo­ni­to... Aun­que aquí se si­gue tra­ba­jan­do de for­ma ar­te­sa­nal. Des­de los 90 ya tu­vi­mos tra­ba­jo con­ti­nua­men­te, qui­tan­do al­gu­na épo­ca en la que es­ca­sea­ba el pescado y nos te­nían que man­dar a ca­sa. El tra­ba­jo es más o me­nos el mis­mo, pe­ro aho­ra las pa­rri­llas ya son in­di­vi­dua­les, to­das de ace­ro; usa­mos guan­tes, go­rros de plás­ti­co, man­di­les lar­gos [an­tes lle­vá­ba­mos cho­pos (una es­pe­cie de za­pa­tos de go­ma), man­di­lón y ro­pa vie­ja]. Aquí siem­pre ha ha­bi­do mu­cha lim­pie­za, pe­ro aho­ra el con­trol es to­tal, aca­bas de pre­pa­rar un pescado y ya cam- bias de guan­tes, la­vas las ma­nos y la me­sa, es­tás pe­lan­do la ca­ba­lla y te lim­pias ca­da vez...

—¿Le gus­ta­ba su la­bor?

—Sí, aun­que siem­pre me ha gus­ta­do más el man­te­ni­mien­to, la­var las pa­rri­llas... Con el pescado el tra­ba­jo es más su­je­to, me ago­bia­ba y em­pe­cé a lim­piar... Ha­cía de to­do. La for­ma de tra­ba­jar aquí es tra­di­cio­nal, no hay des­ca­be­za­do­ra co­mo en otras em­pre­sas y en­va­sa­do­ra, so­lo pa­ra el bo­ni­to; la ca­ba­lla, el chi­cha­rri­llo, el chi­cha­rro gran­de... To­do se en­la­ta a mano.

—¿En­va­san aho­ra las mis­mas es­pe­cies que an­tes?

—Cuan­do em­pe­cé aquí, el chi­cha­rro gran­de y la ca­ba­lla era lo que más se pre­pa­ra­ba, ve­nía del mue­lle (de Ca­ri­ño) to­dos los días... Je­sús Ma­nuel, mi je­fe de en­ton­ces, bal­dea­ba ha­cia fue­ra por­que de­cía que traía suer­te y traía chi­cha­rro.

—Lle­gó aquí por ca­sua­li­dad...

—Siem­pre vi­ví en la ca­lle de La Pu­re­za, mi in­ten­ción era co­ser, pe­ro vi que no se sa­ca­ba lo mis­mo. Le pe­dí tra­ba­jo a Je­sús Ma­nuel y me di­jo ‘pues ven cuan­do quie­ras, es­ta tar­de mis­mo’.

—To­da la vi­da en la mis­ma em­pre­sa, hoy es ca­si un mi­la­gro.

—Y en­can­ta­da. Al prin­ci­pio me to­có un po­qui­to con el se­ñor Vicente (abue­lo de los ac­tua­les res­pon­sa­bles de la fá­bri­ca). Re­cuer­do a mu­chas com­pa­ñe­ras, aho­ra di­cen que me van a echar de me­nos, soy muy ha­bla­do­ra... Me ale­gro de ha­ber em­pe­za­do aquí, no po­de­mos com­pe­tir en can­ti­dad, pe­ro sí en ca­li­dad. Mi sue­gra ya ha­bía tra­ba­ja­do aquí y la re­la­ción ha si­do siem­pre muy bue­na, co­mo ve­ci­na y co­mo em­plea­da. Si lle­ga­ba pescado, ve­nía el sá­ba­do y el do­min­go, aun­que de­ja­ra la co­mi­da a me­dio ha­cer... Crie a mis dos hi­jos con la li­ber­tad de po­der ir a ca­sa y recuperar des­pués el tiem­po. Cuan­do ha­bía mu­cha mer­lu­za en la lon­ja iba de no­che a em­pa­car­la pa­ra man­dar­la a Barcelona, con el mis­mo je­fe. Han pa­sa­do 42 años y no me lo pa­re­ce, ha si­do un en­tre­te­ni­mien­to, a mis com­pa­ñe­ras más jó­ve­nes les di­go ‘oja­lá po­dáis lle­gar’. Hoy en Ca­ri­ño no hay dón­de pe­dir tra­ba­jo... Pe­ro hay que con­fiar en el fu­tu­ro.

«Le pe­dí tra­ba­jo a Je­sús Ma­nuel y me di­jo ‘pues ven cuan­do quie­ras, es­ta tar­de mis­mo’» «El cam­bio lle­gó en los 90, al mon­tar la ne­ve­ra. La na­ve se re­for­mó y se mo­der­ni­zó»

[CÉ­SAR TOIMIL]

Ana, ro­dea­da de la­tas de conservas, en la fá­bri­ca don­de ha­ce unos días ce­le­bró el re­ti­ro, con las com­pa­ñe­ras y los je­fes

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