La mú­si­ca clá­si­ca que lle­gó co­mo un fe­nó­meno pop

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - MÚSICA . ESTÁ SONANDO - TEX­TO: JA­VIER BE­CE­RRA

Su des­ali­ño y su to­que his­pter ge­ne­ra re­cha­zo y ado­ra­ción

Co­mo ca­si to­dos los ar­tis­tas que, en un mo­men­to da­do, se con­vier­ten en un fe­nó­meno Ja­mes Rhodes tie­ne un po­co de hé­roe y un po­co de vi­llano. To­do de­pen­de des­de la len­te des­de la que se le ob­ser­ve. Pa­ra unos es el hom­bre que ha acer­ca­do a una nue­va ge­ne­ra­ción a la mú­si­ca clá­si­ca. Pa­ra otros, un pia­nis­ta ca­ren­te de téc­ni­ca que ofre­ce con­cier­tos don­de la ca­li­dad no se co­rres­pon­de con la can­ti­dad de pú­bli­co que acu­de. Pa­ra unos, es un hom­bre que ha lan­za­do a mu­chos un cha­le­co sal­va­vi­das con el strip­tea­se bio­grá­fi­co de su li­bro Ins­tru­men­tal. Pa­ra otros, un me­dio­cre que se ha ser­vi­do de la bola mon­ta­da en una suer­te de por­no­gra­fía emo­cio­nal.

Sea co­mo sea, en me­dio de es­tos dos po­los se en­cuen­tra un per­so­na­je que arra­sa allá don­de va y que ha lo­gra­do dos co­sas in­só­li­tas: ven­der en Es­pa­ña más de 100.000 co­pias de un li­bro y me­ter en un au­di­to­rio a un pú­bli­co ajeno a la mú­si­ca clá­si­ca pa­ra es­cu­char­lo a él to­can­do al piano pie­zas de Bach. Lo de­mos­tró en Ga­li­cia el pa­sa­do mes de mar­zo. Lle­nó el Pa­la­cio de Con­gre­sos de San­tia­go. Sa­lió a to­car con el pe­lo al­bo­ro­ta­do y su su­da­de­ra de Cho­pin. Pi­dió per­dón con el Bre­xit. Mos­tró su odio ha­cia Donald Trump. Y em­pe­zó a to­car, ilus­tran­do en­tre pie­za y pie­za el por­qué de la com­po­si­ción, el có­mo se ges­tó y de qué ma­ne­ra se lle­vó a ca­bo. La gen­te, en­can­ta­da. Co­mo se­ña­ló en su cró­ni­ca de La Voz Car­men Gar­cía de Bur­gos de­mos­tró que «al­gu­nos ge­nios si­guen con­mo­vien­do gra­cias, en par­te, a chi­cos de cua­ren­ta años que to­can el piano con su­da­de­ras de Cho­pin».

To­do apun­ta a que el éxi­to le acom­pa­ña­rá en su se­gun­da in­cur­sión en Ga­li­cia. Se po­drá ver ahí a es­te mú­si­co y di­vul­ga­dor que sal­tó a la fa­ma con la pu­bli­ca­ción de sus cru­das memorias. Se tra­ta del ci­ta­do Ins­tru­men­tal, un vo­lu­men que lle­gó a es­tar blo­quea­do por la jus­ti­cia bri­tá­ni­ca. Su ex­mu­jer con­si­de­ra­ba que no po­día ver la luz por el con­te­ni­do ex­tre­mo. To­do pa­ra pro­te­ger al hi­jo que am­bos tie­nen en co­mún. ¿Qué ha­bía en esas pá­gi­nas? Pues el re­la­to de los abu­sos se­xua­les su­fri­dos en su in­fan­cia, los in­ten­tos de sui­ci­do pro­ta­go­ni­za­dos por él, las en­fer­me­da­des men­ta­les pa­de­ci­das pos­te­rior­men­te y to­das las se­cue­las que aún hoy arras­tra el au­tor. El ca­so lle­gó in­clu­so al Tri­bu­nal Su­pre­mo bri­tá­ni­co. Es­te dio luz ver­de a su pu­bli­ca­ción. El via cru­cis ju­di­cial ju­gó a su fa­vor y la obra se con­vir­tió en to­do un éxi­to edi­to­rial. Rhodes no se que­dó en eso. A fi­na­les del año pa­sa­do lan­zó To­ca el piano, in­ter­pre­ta a Bach en seis se­ma­nas, un tí­tu­lo pro­vo­ca­dor que tam­bién ha des­per­ta­do po­lé­mi­ca. La su­pues­ta ba­na­li­za­ción de la mú­si­ca clá­si­ca que mu­chos de­nun­cian apa­re­ce ahí de nue­vo. Pe­ro, so­bre to­do, se en­cuen­tra en lo que ha­ce en el es­ce­na­rio. Su des­ali­ño, su to­que his­pter y su con­di­ción de icono pop ge­ne­ra re­cha­zo. Mu­chos es­pe­cia­lis­tas po­nen en du­da su pe­ri­cia y sub­ra­yan que la eje­cu­ción de las pie­zas es, en ge­ne­ral, de­fi­cien­te. Pe­ro mien­tras eso ocu­rre, Rhodes si­gue a su ai­re, re­ne­gan­do del es­mo­quin e in­vo­can­do a Beet­ho­ven a su ma­ne­ra. Ma­ña­na, una vez más.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.