25 años de Pa­sión

Em­pe­zó in­ter­pre­tan­do co­plas sin ba­ta de co­la y pron­to nos con­quis­tó con «Ma­ría se be­be las ca­lles» y «Lucía». Ha can­ta­do tan­gos, fa­dos, ha­ba­ne­ras y bo­le­ros. Le gus­ta arries­gar y re­no­var­se y hoy, con más pa­sión que nun­ca, es­tre­na «40 Qui­la­tes», un ál­bum qu

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - PORTADA - TEX­TO: VIR­GI­NIA MA­DRID

Es­te dis­co es un en­sal­za­mien­to del es­plen­dor de la mu­jer a par­tir de los 40

Su voz ater­cio­pe­la­da y su ri­sa fres­ca son su me­jor car­ta de pre­sen­ta­ción. Pa­sión Ve­ga (Ma­drid, 1976) ríe, ríe mu­cho y le bri­llan los oji­llos, «de ilu­sión y en­tu­sias­mo por es­tas ca­tor­ce nue­vas jo­yas, que son de una pu­re­za y una ca­li­dez in­cal­cu­la­ble», ase­gu­ra. 40 Qui­la

tes, don­de des­nu­da su al­ma, y con el que la ar­tis­ta ma­la­gue­ña ce­le­bra 25 años de ca­rre­ra y que ha pre­sen­ta­do ha­ce unos días en el Tea­tro Real de Ma­drid. «Fue una no­che má­gi­ca lle­na de emo­cio­nes, ro­dea­da de mi gen­te, de mis com­pa­ñe­ros de pro­fe­sión y en ese es­ce­na­rio tan ma­ra­vi­llo­so. Una ve­la­da inol­vi­da­ble». Fiel a su look, con su cor­te de pe­lo y sus la­bios co­lor fre­sa, Pa­sión con­fie­sa: «Me gus­ta ele­gir con de­te­ni­mien­to mi ves­tua­rio, por­que di­ce mu­cho de mi per­so­na­li­dad. No es un me­ro trá­mi­te. Me pier­den los ves­ti­dos lar­gos y ele­gan­tes, con un to­que de gla­mour. Hu­yo de lo ba­rro­co. En el es­ce­na­rio quie­ro mos­trar­me co­mo soy, sen­ci­lla y na­tu­ral».

—Re­gre­sas con «40 Qui­la­tes», un nue­vo tra­ba­jo que es­tre­nas con aires de re­no­va­ción. ¿A qué le can­tas en es­te dis­co?

—Al amor, que es lo más im­por­tan­te de la vi­da y lo que mue­ve el mun­do, pe­ro tam­bién al desamor, a mo­men­tos co­ti­dia­nos, sen­sa­cio­nes, ex­pe­rien­cias que de­jan hue­lla. Son his­to­rias con mu­cha fuer­za y que lle­gan al al­ma y que nos to­can a to­dos ahí den­tro. Es un ál­bum muy lu­mi­no­so, que des­pren­de mu­cha ener­gía y optimismo.

—Y 40 qui­la­tes, ¿de qué?

—¡Ja­ja­ja! De pa­sión, de amor, de ri­sa, de ale­gría, de luz, de ener­gía… Hay una fra­se que di­ce: «40 qui­la­tes de tsu­na­mis de vi­da». Me en­can­ta por la fuer­za que tie­ne. Es un en­sal­za­mien­to al es­plen­dor de la mu­jer a par­tir de los 40. Es una eta­pa fan­tás­ti­ca en la que es­toy dis­fru­tan­do mu­cho.

—¿Cuán­to de ti en­con­tra­mos en es­tos ca­tor­ce te­mas?

Mu­chí­si­mo. Es un dis­co muy au­to­bio­grá­fi­co, muy per­so­nal. En es­tas can­cio­nes cuen­to ex­pe­rien­cias vi­vi­das, emo­cio­nes que sen­tí y sien­to. Hay mu­chos re­ta­zos de mí, de mi día a día y de mí co­mo mu­jer.

—Un ál­bum con el que ade­más ce­le­bras tus 25 años de ca­rre­ra. Ca­si na­da.

—¡Y pa­re­ce que fue ayer cuan­do em­pe­cé! Es in­creí­ble. A ve­ces ni me lo creo. Por eso, es­toy vi­vien­do un mo­men­to muy dul­ce, de es­plen­dor y tam­bién de se­re­ni­dad. Me sien­to muy afor­tu­na­da por ha­ber po­di­do vi­vir es­tos fan­tás­ti­cos años de­di­ca­dos a la mú­si­ca, mi gran pa­sión, don­de ha ha­bi­do mu­cho tra­ba­jo, es­fuer­zo y de­di- ca­ción, pe­ro don­de siem­pre he con­ta­do con la re­com­pen­sa del ca­ri­ño del pú­bli­co. Me sien­to muy agra­de­ci­da.

—Pá­ra­te un se­gun­do, echa la vis­ta atrás y re­cuer­da a la jo­ven Pa­sión Ve­ga.

—¡Uf! Era to­do inocen­cia, in­ge­nui­dad y re­bo­sa­ba de ilu­sión. Fí­ja­te, si­go te­nien­do ese pun­to de in­ge­nui­dad y la ilu­sión si­gue in­tac­ta co­mo el pri­mer día. Aho­ra, que me in­vo­lu­cro en to­do has­ta el fon­do, me­di­to ca­da de­ci­sión, por­que sé el tra­ba­jo y el es­fuer­zo que ha ha­bi­do has­ta lle­gar

don­de es­ta­mos hoy.

—Una lar­ga tra­yec­to­ria en la que se­gu­ro ha­brá ha­bi­do gran­des éxi­tos y acier­tos, y tam­bién al­gún que otro error y fra­ca­so. ¿Ver­dad?

—¡ Cla­ro!, de los erro­res es de lo que más se apren­de. El ma­yor éxi­to es­tá en caer­te, le­van­tar­te y vol­ver a em­pe­zar. Y es­to es apli­ca­ble a cual­quier ám­bi­to de la vi­da. El afán de su­pera­ción es lo que te ha­ce apren­der de ver­dad.

—¿Te ha to­ca­do le­van­tar­te más de una vez a lo lar­go de es­tos años?

—Unas cuan­tas. Pe­ro no por­que ha­ya su­fri­do un fra­ca­so co­mo tal, sino por­que hay pro­yec­tos que se caen, que no sa­len co­mo tú es­pe­ra­bas, a pe­sar de ha­ber tra­ba­ja­do mu­cho y ha­ber­te de­ja­do las ener­gías en ello. A ve­ces las

En ca­sa soy Anita, des­co­nec­to de to­do y me cen­tro en mi hi­ja

co­sas no fun­cio­nan y hay que asu­mir­lo. Es la vi­da y la cla­ve es­tá en apren­der a ges­tio­nar­lo ade­cua­da­men­te y no que­dar­te blo­quea­do. Con­ti­nuar y ti­rar ade­lan­te.

—Y, cuan­do to­do a tu al­re­de­dor se tam­ba­lea, ¿a qué te afe­rras?

—A mi in­tui­ción, a mi ins­tin­to. En es­ta pro­fe­sión siem­pre he apos­ta­do fuer­te por lo que me su­su­rra­ba mi in­tui­ción y no me ha ido na­da mal. No quie­ro es­tar de mo­da, ni quie­ro ser una mo­da, quie­ro ser yo mis­ma, con mi au­ten­ti­ci­dad, sien­do sin­ce­ra con­mi­go mis­ma y con mi pú­bli­co.

—¿Cuá­les son tus pi­la­res? ¿Los apo­yos en los que bus­cas refugio y con­sue­lo cuan­do las co­sas se tuer­cen? —

Uno es mi equi­po, con el que lle­vo tra­ba­jan­do mu­chos años, co­do con co­do, y que ya so­mos co­mo una gran fa­mi­lia Y, por su­pues­to, el otro gran apo­yo es mi fa­mi­lia. Aun­que son mis ma­yo­res crí­ti­cos, ellos son los que más me co­no­cen y los que me­jor sa­ben có­mo de­cir­me las co­sas.

—A lo lar­go de tu ca­rre­ra, ¿ha ha­bi­do al­gún mo­men­to en el que te ha­yas plan­tea­do ti­rar la toa­lla y cam­biar de rum­bo?

— Aban­do­nar la mú­si­ca nun­ca. Pe­ro ha­cer cam­bios ra­di­ca­les sí, unas cuan­tas ve­ces. Cuan­do no me he sen­ti­do có­mo­da con el equi­po o con lo que es­ta­ba ha­cien­do, he te­ni­do que cam­biar y, al fi­nal, lo he he­cho. No te que­da otra si quie­res pro­gre­sar.

—Hoy, ¿eres más Pa­sión que cuan­do em­pe­zas­te a can­tar ha­ce vein­ti­cin­co años?

—¡Uy! Creo que es co­mo el uni­ver­so que nun­ca de­ja de ex­pan­dir­se. En mis ini­cios era muy tí­mi­da, pe­ro era yo, con mi ilu­sión, mis ga­nas y mi fres­co en­tu­sias­mo. Y con los años, una se va co­no­cien­do me­jor y sa­bes dis­tin­guir me­jor lo que te va y lo que no, te exi­ges otros re­gis­tros, vas abrien­do puer­tas, que al prin­ci­pio ins­pi­ra­ban de­ma­sia­do res­pe­to. En de­fi­ni­ti­va, vas ex­plo­ran­do nue­vos te­rri­to­rios, pe­ro sin per­der tu pu­re­za, tu na­tu­ra­li­dad y tu au­ten­ti­ci­dad.

—¿Y có­mo vi­ves y sien­tes a los cua­ren­ta?

—En ple­ni­tud y sin­tién­do­me muy a gus­to con­mi­go mis­ma. Me quie­ro más y me­jor que a los 20. Tie­nes otras in­se­gu­ri­da­des y tam­bién pa­sas por mo­men­tos de debilidad, no lo voy a ne­gar, pe­ro sa­bes có­mo ges­tio­nar­los.

—¿Sien­tes que es­tás en tu me­jor mo­men­to?

—Sí, sin du­dar­lo. Sé lo que quie­ro y lo que no. Me co­noz­co me­jor, sé leer­me en­tre lí­neas, al­go de lo que an­tes no era ca­paz, sé de­cir ‘no’ y tam­bién ‘sí’, y eso fa­ci­li­ta mu­cho la co­mu­ni­ca­ción con los de­más y apren­des tam­bién a ro­dear­te de per­so­nas que te acom­pa­ñan me­jor en la vi­da y en la pro­fe­sión.

—Se­gu­ro que tu hi­ja Al­ma tie­ne mu­cho que ver con ese gran mo­men­to que es­tás vi­vien­do. ¿Te ha cam­bia­do ser ma­dre a la ho­ra de can­tar?

—Sin du­da. Mi hi­ja es un re­ga­lo ma­ra­vi­llo­so. La ma­ter­ni­dad nos trans­for­ma a to­das las mu­je­res, que­ra­mos o no. Nos in­fun­de un sen­ti­mien­to de amor muy pu­ro y muy gran­de por nues­tros hi­jos. An­tes, to­do gi­ra­ba en torno a mí, a cui­dar­me la voz, a des­can­sar y aho­ra mi vi­da ha da­do un gi­ro de cien­to ochen­ta gra­dos y to­do lo ha­go por ella, por ver­la fe­liz, por­que es­té sa­na, por­que dis­fru­te. Es un sa­cri­fi­cio muy gran­de el que ha­ce­mos las ma­dres, por­que va­mos co­rrien­do a to­dos los la­dos, pe­ro nos com­pen­sa con cre­ces, por­que te lle­na la vi­da de ale­gría y de fe­li­ci­dad.

—¿Có­mo con­ci­lias las gi­ras y las ac­tua­cio­nes con tu pa­pel de ma­dre?

—Bueno, es di­fí­cil, pe­ro se pue­de. Al ser mi pro­pia je­fa, me do­si­fi­co bas­tan­te bien. Cuan­do pue­do, me lle­vo con­mi­go a la ni­ña y lue­go ti­ran­do de la ayu­da de los abue­los pa­ter­nos, de los tíos y por su­pues­to de su pa­dre.

—¿Cuán­to de ar­tis­ta si­gues sien­do en ca­sa?

—¡Ja­ja­ja! En ca­sa soy Anita. No soy yo una ar­tis­ta muy can­si­na. No ha­blo de tra­ba­jo a no ser que me pre­gun­ten. Des­co­nec­to del to­do y me cen­tro en mi ni­ña, en las co­sas del día. Eso sí, cuan­do lle­vo tres o cua­tro días en ca­sa, es­toy desean­do ir­me a can­tar.

—¿Qué te gus­ta es­cu­char?

Un po­co de to­do. Jazz, clá­si­co, mú­si­ca de au­tor. Mi fon­do de ar­ma­rio son Sa­bi­na, Se­rrat, Car­los Cano, Si­na­tra, Cha­ve­la Var­gas y Leo­nard Cohen. Es­tos son mis im­pres­cin­di­bles.

—Pa­sión Ve­ga hoy…

—... Es muy fe­liz. Es­toy muy ilu­sio­na­da con 40 Qui­la­tes y a la vez ex­pec­tan­te de ver có­mo reac­cio­na mi pú­bli­co an­te es­tos nue­vos ca­tor­ce te­mas. Con ca­da pro­yec­to es un vol­ver a em­pe­zar, es un nue­vo co­mien­zo, po­ner­se en la ca­si­lla de sa­li­da y em­pren­der otro via­je ma­ra­vi­llo­so. Sueño con se­guir cre­cien­do co­mo ar­tis­ta y se­guir con­quis­tan­do el mun­do con mi mú­si­ca, lle­var­la a to­dos los rin­co­nes don­de sea po­si­ble.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.