“Soy un actor lo­co, me di­vier­te mu­cho ju­gar a pa­sar­me”

El tea­tro le co­rre por las ve­nas. Na­ció y cre­ció en­tre ta­blas. Su más re­cien­te éxi­to es una co­me­dia cu­yo pun­to de par­ti­da es una pre­gun­ta que tar­da­rás en qui­tar­te de la ca­be­za

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - ENTREVISTA - TEX­TO: CAR­LOS CRES­PO

Soy más de cien­to vo­lan­do, en mano dé­ja­me un li­bro y me apa­ño

Par­te El Test de una pre­gun­ta tan cla­ra co­mo de­mo­le­do­ra. ¿Qué pre­fie­res, cien mil eu­ros aho­ra mis­mo o un mi­llón den­tro de diez años? Así de sim­ple, así de di­fí­cil.

Ese di­le­ma des­en­ca­de­na­rá en las dos pa­re­jas pro­ta­go­nis­tas to­da una tra­ma de en­re­dos y ver­da­des es­con­di­das que sa­ca­rán lo peor de ca­da uno de ellos. Luis Mer­lo pro­ta­go­ni­za por se­gun­da tem­po­ra­da es­ta exi­to­sa co­me­dia en com­pa­ñía de An­to­nio Mo­le­ro, Maru Val­di­viel­so y Ma­ri­na San Jo­sé.

—Po­cas ve­ces el plan­tea­mien­to de una obra es tan sen­ci­llo pe­ro tan efi­caz.

—Sí, pe­ro tie­ne tram­pa. De­trás de esa pre­gun­ta se abre un plan­tea­mien­to so­bre una his­to­ria uni­ver­sal que es la de las re­la­cio­nes hu­ma­nas. El ini­cial pá­ja­ro en mano o cien­to vo­lan­do se va trans­for­man­do a tra­vés del hu­mor; es una re­fle­xión so­bre las re­la­cio­nes en­tre cua­tro per­so­nas que son ami­gas o pa­re­jas des­de ha­ce dé­ca­das y nun­ca se han preo­cu­pa­do de cuán­to hay de ver­dad en ellas. No es una obra tan inocen­te co­mo pa­re­ce.

—Y us­ted, ¿es más de pá­ja­ro en mano o de cien­to vo­lan­do?

—Yo he si­do siem­pre una ci­ga­rra, un so­ña­dor. Yo soy de dos­cien­tos mil vo­lan­do. Y en mano dé­ja­me un li­bro que yo me apa­ño.

—¿Es­tá hoy el di­ne­ro por en­ci­ma de to­das las co­sas, in­clu­so de las re­la­cio­nes?

—Hoy el di­ne­ro es el ab­so­lu­to man­da­ta­rio. Des­afor­tu­na­da­men­te en nues­tra so­cie­dad el tiem­po de so­ñar pa­só y se ha que­da­do so­lo pa­ra un muy pe­que­ño re­duc­to de la so­cie­dad que en­ten­de­mos que em­pren­der cual­quier aven­tu­ra tie­ne que ver con el de­seo, la poe­sía y el ro­man­ti­cis­mo.

—Por­que al fi­nal, ¿to­dos te­ne­mos un pre­cio?

—Eso es lo que plan­tea es­ta fun­ción y des­afor­tu­na­da­men­te pa­re­ce que sí. Pe­ro co­mo de­cía el sa­bio, no me im­por­ta no te­ner di­ne­ro, lo que me im­por­ta es el tiem­po que pier­do bus­cán­do­lo. Y el tiem­po en el si­glo XXI en un bien muy pre­cia­do co­mo pa­ra re­nun­ciar a él.

—Si es­ta pre­gun­ta de los cien mil o el mi­llón se hu­bie­se he­cho ha­ce 20 años, ¿cree que las res­pues­tas ha­brían si­do

muy di­fe­ren­tes a las ac­tua­les?

—Se­gu­ro que sí. Por eso El Test es una bo­fe­ta­da. Ha­ce 20 años el fi­nal de es­ta fun­ción se­ría im­pen­sa­ble. Y has­ta ahí pue­do leer.

—«El Test» plan­tea una de­ci­sión tras­cen­den­tal que va a de­ter­mi­nar la vi­da de quien la to­ma. ¿En al­gu­na oca­sión ha te­ni­do una sen­sa­ción si­mi­lar?

—Yo creo que to­dos po­de­mos re­co­no­cer al­gu­na de­ci­sión que to­ma­mos y que fue tras­cen­den­tal. Yo soy bas­tan­te tor­pe y qui­zá no tu­ve cons­cien­cia de que fue­se así en el mo­men- to pe­ro con el tiem­po en­ten­dí que sí. En cual­quier ca­so, pa­ra mí más im­por­tan­te que las gran­des de­ci­sio­nes es no equi­vo­car­me en esas mu­chas otras que to­mo a dia­rio.

—¿De­di­car­se pro­fe­sio­nal­men­te a ser actor fue una de­ci­sión tras­cen­den­tal?

—Esa de­ci­sión la to­mó la vi­da por mí. Ima­gí­na­te, yo ce­le­bré mi Pri­me­ra Co­mu­nión en el mis­mo es­ce­na­rio en el que es­tre­né Ca­lí­gu­la con 28 años. Ade­más, yo vi­vía en una España os­cu­ra y cuan­do lle­ga­ba al tea­tro to­do era luz y li­ber­tad. Yo ya des­de muy ni­ño que­ría per­te­ne­cer a aquel mun­do.

—Tras años de au­sen­cia acep­tas­te que tu per­so­na­je re­gre­sa­ra a «La que se ave­ci­na». ¿Qué te da la te­le­vi­sión?

—Por lo dis­tin­to que es el me­ca­nis­mo de la te­le res­pec­to al del tea­tro me in­tere­sa mu­cho vi­vir­lo. Yo soy un actor lo­co. Y me di­vier­te mu­cho ju­gar a pa­sar­me, aun­que sé que en es­te tra­ba­jo que ha­ce­mos me con­de­na de ca­ra a al­gu­nas per­so­nas. Pe­ro pa­ra mí La que se ave­ci­na es una liberación ma­ra­vi­llo­sa.

—No pue­do aca­bar sin tras­la­dar­le la pre­gun­ta del mi­llón. ¿Qué ele­gi­ría?

—Pues mi­ra, cuan­do em­pe­cé a en­sa­yar es­ta fun­ción pen­sa­ba que cla­ra­men­te es­pe­rar al mi­llón de eu­ros era lo más in­te­li­gen­te. Aho­ra mis­mo, de­pen­de del día en que me pi­lles y de dón­de me pi­lles.

HOY, 21.00. PON­TE­VE­DRA. PA­ZO DA CUL­TU­RA. 20,25 EU­ROS MA­ÑA­NA, 20.30. OU­REN­SE. PRIN­CI­PAL. DES­DE 12 EU­ROS

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