“¿Po­sar des­nu­da? No quie­ro cor­tar la di­ges­tión”.

NO SA­BE­MOS DE DÓN­DE SA­CA EL TIEM­PO, PE­RO, A SU PAR­TI­CI­PA­CIÓN EN ‘LA QUE SE AVE­CI­NA’ Y EN ‘SÁL­VA­ME’, SU­MA AHO­RA UN NUE­VO TRA­BA­JO: LA RE­CIÉN ES­TRE­NA­DA OBRA DE TEA­TRO ‘DESATA­DAS’.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - SUMARIO - FO­TOS: JAU FOR­NÉS

Aca­ba de vol­ver a los es­ce­na­rios con la obra Desata­das, de Fé­lix Sa­bro­so, en el tea­tro Ca­pi­tol. Y lo ha­ce con la mis­ma ilu­sión y ner­vios de quien de­bu­ta an­te el pú­bli­co. Dis­pues­ta a apro­ve­char to­do lo bueno que pa­se por su vi­da lo úni­co que hoy an­he­la Paz Pa­di­lla (48) es tiem­po pa­ra po­der ha­cer aún más cosas. La que se ave­ci­na, Sál­va­me y, aho­ra, una obra en car­tel son sus re­tos pro­fe­sio­na­les. De lo per­so­nal, tam­bién ha­bla. Con to­do lo que tie­ne en­ci­ma, inau­gu­ra es­te 2018 con su vuel­ta a los es­ce­na­rios con Desata­das. ¿No es mu­cho pa­ra el cuer­po? Echa­ba de me­nos el tea­tro. He he­cho mu­chos mo­nó­lo­gos y tam­bién la obra So­fo­cos, pe­ro, úl­ti­ma­men­te, no te­nía tiem­po por mi tra­ba­jo. Cuan­do me lo ofre­cie­ron, me ape­te­cía mu­chí­si­mo y acep­té. Me en­can­ta el con­tac­to con el pú­bli­co y, ade­más, pen­sé que, con la vuel­ta de Jor­ge Ja­vier, ten­dría al­go más de tiem­po. Di­cen que los ac­to­res ma­du­ran de verdad cuan­do se suben a un es­ce­na­rio.

Es verdad que en es­ta pro­fe­sión no te va­lo­ran igual si no ha­ces tea­tro. La te­le­vi­sión es efí­me­ra en cuan­to a que hay mu­chos fa­mo­sos sin ta­len­to. Con que digas que has es­ta­do con fu­la­ni­to de tal, ya te con­vier­tes en fa­mo­so, pe­ro no en ar­tis­ta. Ade­más, en la es­truc­tu­ra de los pro­gra­mas, el pú­bli­co no tie­ne nin­gún pe­so es­pe­cí­fi­co. Hay un rea­li­za­dor que les di­ce cuan­do aplau­dir y ya es­tá. Pien­so, ade­más, que en es­te país se ha per­di­do mu­cho el res­pe­to al ar­tis­ta, pre­ci­sa­men­te, por pro­gra­mas que han con­ver­ti­do a cual­quier per­so­na en eso. Sim­ple­men­te el he­cho de sa­lir de un rea­lity te con­vier­te en fa­mo­so. Son per­so­nas que ni can­tan ni bai­lan ni sa­ben ha­cer na­da, sim­ple­men­te ir a la dis­co­te­ca. Hom­bre, que di­ga us­ted eso tra­ba­jan­do en un pro­gra­ma don­de ca­si to­das las tar­des se ha­bla de ese ti­po de per­so­na­jes… ¿no es una con­tra­dic­ción? Sé, per­fec­ta­men­te, dón­de es­toy, pe­ro eso no me cie­ga a la ho­ra de re­co­no­cer que hay mu­cha gen­te fa­mo­sa por­que sí. Ade­más, no sue­len va­lo­rar al pú­bli­co, que es quien, fi­nal­men­te, va a ver­te al ci­ne o al tea­tro y por eso hay que tra­tar­le con ca­ri­ño. Por eso, los que no han to­ca­do un es­ce­na­rio no sa­ben la im­por­tan­cia que tie­ne el pú­bli­co que te si­gue. ¿Dón­de se sien­te más có­mo­da? Par­ti­ci­pa en La que se ave­ci­na, es­tá en un pro­gra­ma dia­rio de co­ra­zón, aho­ra en tea­tro… Ten­go mu­cho que apren­der en to­das par­tes y me sien­to fe­liz en to­das ella. Me en­can­ta mi pa­pel de la Chu­sa en la se­rie, ya que me per­mi­te me­ter­me en la piel de un per­so­na­je que no tie­ne na­da que ver con­mi­go. En Sál­va­me, me lo pa­so ge­nial, por­que es otro ‘cu­le­brón’. De to­dos mis tra­ba­jos, es don­de más he apren­di­do. ¿Cuán­to de actriz hay de us­ted cuan­do ejer­ce de pre­sen­ta­do­ra? Creo que to­dos los que pre­sen­ta­mos es­ta­mos ac­tuan­do. Te po­nes el tra­je de pre­sen­ta­dor y asu­mes ha­blar de una for­ma, ha­cer ese per­so­na­je y es muy ra­ro que sa­que a Ma­ri Paz. ¿Y cuán­do la sa­ca? En Sál­va­me ha sa­li­do al­gu­na vez, cuan­do me pre­gun­tan por al­gu­nas si­tua­cio­nes que he vi­vi­do yo. Pe­ro siem­pre dis­tin­go en­tre Paz Pa­di­lla y Ma­ri Paz. ¿Hay mu­cha di­fe­ren­cia? Por su­pues­to. En el pro­gra­ma, hay mo­men­tos muy com­pli­ca­dos en los que veo a mis com­pa­ñe­ros su­frir, pe­ro ten­go que sa­car a Paz Pa­di­lla, por­que es mi tra­ba­jo, lo que me pi­den que ha­ga. De to­das for­mas, he­mos cam­bia­do mu­cho en es­tos años. Hay tar­des que la veo pa­sar­lo fran­ca­men­te mal y su­frir con lo que ocu­rre en el pla­tó. Cuan­do lle­ga a ca­sa, ¿no re­sul­ta ago­ta­dor? Ten­go la suer­te y la ha­bi­li­dad de sa­ber des­co­nec­tar cuan­do sal­go del tra­ba­jo. Es igual que cuan­do ha­go de Chu­sa y di­go esas bar­ba­ri­da­des. Una vez que cuel­go el de­lan­tal, se aca­bó el per­so­na­je. ¿Có­mo es Ma­ri Paz? En el pro­gra­ma de Ber­tín Os­bor­ne (Mi ca­sa es la tu­ya) se ha vis­to per­fec­ta­men­te có­mo soy. Pre­ci­sa­men­te, una de las ra­zo­nes que me mo­ti­va­ron a ha­cer­lo, ade­más del ca­ri­ño que sien­to por Ber­tín, fue por­que, des­pués de ocho años ha­cien­do Sál­va­me, que­ría que me vie­ran có­mo yo era real­men­te. Mos­trar mi vi­da y el día a día, pa­ra que vean la di­fe­ren­cia de la Paz que pre­sen­ta. Siem­pre ha contado que su ma­dre las pa­só ca­nu­tas pa­ra sa­car a sie­te hi­jos ade­lan­te. ¿Ima­gi­na­ba de ni­ña que iba a te­ner to­do lo que ha con­se­gui­do hoy? Ha­ce po­co han co­men­ta­do que de ni­ña tu­ve que ir a Cá­ri­tas, y no es verdad. La si­tua­ción de mi ma­dre, ha­ce ca­si 50 años, con tan­tos hi­jos hi­zo que ella sí tu­vie­ra que ir. Pe­ro mis re­cuer­dos de in­fan­cia son muy ale­gres, no­so­tros no nos en­te­rá­ba­mos. He te­ni­do

la suer­te de que mi ma­dre cu­brió to­das las ca­ren­cias. Es­toy or­gu­llo­sa de tra­ba­jar en al­go que me gus­ta, de te­ner una fa­mi­lia muy uni­da y de que nos que­re­mos mu­cho. Cuan­do me es­cri­ben pa­ra de­cir­me que es­toy mon­ta­da en el dó­lar, me que­do muy sor­pren­di­da. Su­pon­go que es el pre­cio de es­tar en Sál­va­me. ¿Es muy hor­mi­gui­ta? Soy muy rea­lis­ta. Nun­ca me me­to en gas­tos o aven­tu­ras que no pue­do afron­tar. Es mi for­ma de ser. Así soy tam­bién a la ho­ra de acep­tar pro­yec­tos de tra­ba­jo. Nun­ca he es­ta­do en es­pa­cios que ha­yan fra­ca­sa­do. Sé cuá­les son mis li­mi­ta­cio­nes, por eso he re­cha­za­do ofer­tas en las que no me veía. ¿Nun­ca le ofre­cie­ron po­sar des­nu­da pa­ra In­ter­viú? Sí, y yo ni me ha­bía en­te­ra­do. Una vez me lo di­jo un res­pon­sa­ble de la re­vis­ta, pe­ro nun­ca creí que fue­ra en se­rio. He vis­to que se cui­da mu­cho y se le ha pues­to cuer­pa­zo. De­jé de fu­mar, co­gí cin­co ki­los y em­pe­cé a ha­cer de­por­te. Fue cuan­do des­cu­brí lo bien que me sen­ta­ba y que ya no me do­lía na­da. Me cui­do por sa­lud, real­men­te. ¿Qué ha­ría fal­ta pa­ra que po­sa­ra des­nu­da? ¿Yo? Ja­más lo ha­ría, me da mu­cha ver­güen­za. Ten­go que te­ner res­pe­to a la gen­te, no quie­ro cor­tar­le la di­ges­tión a na­die. Ha­ce po­co Joa­quín Prat di­jo que te­nía uno de los pe­chos más bo­ni­tos que ja­más ha­bía vis­to. Eso es que es­tá muy fal­to (ri­sas). ¿Qué tal lle­va que su hi­ja se ha­ya ins­ta­la­do en Londres? Me ha­bía pre­pa­ra­do men­tal­men­te, así que, a la ho­ra de la verdad, no me ha re­sul­ta­do tan du­ro. Ade­más, ten­go una vi­da muy ple­na aho­ra. Pien­sa que du­ran­te mu­chí­si­mos años, lo úni­co que he he­cho ha si­do tra­ba­jar y de­di­car­me a mi hi­ja. Prác­ti­ca­men­te no dis­fru­té de la ju­ven­tud, por­que me que­dé em­ba­ra­za­da a los 24 años. Aho­ra que ella es adul­ta, es­toy em­pe­zan­do a dis­fru­tar de la vi­da, sa­lir y via­jar... Aun­que, tam­bién es verdad, voy mu­cho a In­gla­te­rra. Tam­bién tie­ne una vi­da sen­ti­men­tal ple­na jun­to a su ma­ri­do, An­to­nio Vidal. ¿Qué tal lle­va ser el es­po­so de Paz Pa­di­lla? Sa­be, per­fec­ta­men­te, cuál es mi si­tua­ción y mi tra­ba­jo. Lo en­tien­de y lo res­pe­ta. Es un gran apo­yo y, ade­más, me va­lo­ra. Pa­ra mí, es muy im­por­tan­te. De to­das for­mas, te di­ré que hay cosas que nun­ca he­mos te­ni­do que ha­blar, por­que se so­bre­en­tien­den. ¿Có­mo lle­va que él vi­va en Cá­diz? Pues tie­ne mal, que pe­ro es­tar. sé que He él es­ta­do es­tá don­de so­la mu­chí­si­mos años y siem­pre tu­ve muy cla­ro que, si al­gún día lle­ga­ba una per­so­na a mi vi­da, ten­dría que sa­ber y res­pe­tar mis cir­cuns­tan­cias. Ja­más le pe­di­ría a na­die que cam­bia­ra su vi­da por mí. Por su­pues­to, me en­can­ta­ría es­tar con él to­dos los días y es al­go que pi­do siem­pre en Fin de Año. Vi­vir jun­tos y sa­lud pa­ra los míos. ¿Y no cree que es bueno que co­rra el ai­re y así no lle­gar a la ru­ti­na? No, yo soy de las que pre­fie­ren que se ago­te el amor de tan­to usar­lo. ¿No re­sul­ta tris­te lle­gar a ca­sa des­pués de una lar­ga jor­na­da de tra­ba­jo y que no ha­ya na­die pa­ra com­par­tir ese tiem­po? Sé dis­fru­tar de mi so­le­dad y, ade­más, creo que igual que na­ci­mos so­los, hay que apren­der a con­vi­vir con la so­le­dad. Nun­ca me he abu­rri­do y re­co­noz­co que mi úni­co sue­ño es ju­bi­lar­me pa­ra te­ner tiem­po y dis­fru­tar de las cosas que quie­ro ha­cer. ¿Es cons­cien­te de que va a com­pe­tir en la car­te­le­ra con Jor­ge Ja­vier Váz­quez? No­so­tros nun­ca com­pe­ti­mos. Ade­más, es­ta­re­mos días dis­tin­tos. En el tea­tro no hay com­pe­ten­cia. De to­das for­mas, me en­can­ta que Jor­ge ha­ga tea­tro, por­que ha des­cu­bier­to que, en ese mun­do, es muy fe­liz. ¿Qué le qui­ta el sue­ño? Po­cas cosas. Soy muy po­si­ti­va, in­clu­so, an­te lo ma­lo, sé bus­car el la­do bueno. Evi­den­te­men­te, si un ser que­ri­do en­fer­ma­ra, no ha­bla­ría así, pe­ro, por suer­te, no es el ca­so. Di­cen que es­ta pue­de ser la úl­ti­ma tem­po­ra­da de Sál­va­me. Soy muy fe­liz allí y, si al­gún día aca­ba por­que lo quie­re el pú­bli­co, na­ce­rán otras cosas o me iré un mes a Bra­sil. En cual­quier ca­so, lle­vo es­cu­chan­do ese rumor des­de ha­ce ocho años. He da­do mu­cho de mí en es­te tra­ba­jo. Jor­ge Ja­vier ha te­ni­do sus idas y ve­ni­das en mo­men­tos de­ter­mi­na­dos. Hay mo­men­tos en los que me di­go que ne­ce­si­to un des­can­so. Pe­ro pa­ra na­da quie­ro que se aca­be. Y, si su­ce­de, que me co­ja allí cuan­do lle­gue el mo­men­to.

Soy de las que pre­fie­ren que se ago­te el amor de tan­to usar­lo

“Sé dón­de es­toy, pe­ro eso no me cie­ga a la ho­ra de re­co­no­cer que hay mu­cha gen­te fa­mo­sa por­que sí”.

“Soy muy rea­lis­ta. Nun­ca me me­to en gas­tos o aven­tu­ras que no pue­do afron­tar”.

Paz com­par­te es­ce­na­rio en ‘Desata­das’ con Na­ta­lie Pi­not y Ro­cío Ma­rín.

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