El clien­te y la ra­zón

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SEMANA - Juan Car­los Mar­tí­nez

En otros tiem­pos, me­nos de­mo­crá­ti­cos y glo­rio­sos que es­tos, po­día ver­se en las pa­re­des de co­mer­cios, res­tau­ran­tes y ofi­ci­nas pú­bli­cas un es­lo­gan im­pre­so que de­cía: «El clien­te siem­pre tie­ne ra­zón». Aho­ra ya no se ve, ni se sien­te. Si no, ¿a qué ven­drían tan­tas ofi­ci­nas de de­fen­sa del con­su­mi­dor? En aque­llos tiem­pos ci­ta­dos, el clien­te era ma­te­ria es­ca­sa, adi­ne­ra­da y re­po­lu­da, mien­tras que la ma­yo­ría so­cial era, al me­nos en al­gún mo­men­to del día, «el ser­vi­cio». La tran­si­ción o cam­bio so­cial co­men­zó a anun­ciar­se con una fra­se que so­nó co­mo un cla­rín, aque­lla de «¡có­mo es­tá el ser­vi­cio!».

Hoy día la ce­sión ab­so­lu­ta de la so­be­ra­nía so­bre la ra­zón ya no es po­si­ble, por­que to­dos so­mos clien­tes o, al me­nos con­su­mi­do­res, y no va­mos a te­ner to­dos la ra­zón to­do el ra­to. Ya no hay ca­ma­re­ros co­mo aque­llos sa­li­dos de los años del ham­bre, que se in­cli­na­ban más que las ba­rre­ras de un pa­so a ni­vel. Hoy el camarero pue­de ser un li­cen­cia­do en Quí­mi­ca es­pe­ran­do por la rein­dus­tria­li­za­ción. ¿Có­mo va a dar­te la ra­zón? Gra­cias si no te da una cla­se ma­gis­tral, co­mo te pon­gas bor­de al pe­dir el ca­fé. Los úni­cos que de­fien­den ya que el clien­te —el vo­tan­te— tie­ne siem­pre ra­zón son los po­lí­ti­cos, el úni­co sec­tor de nues­tra so­cie­dad al que no le re­pug­na ha­cer la pe­lo­ta des­ca­ra­da­men­te. Cuan­do al­guno de ellos fra­ca­sa en unas elec­cio­nes y se atre­ve a de­cir que los vo­tan­tes son unos bu­rros, ahí es­tán to­dos los de­más ri­va­les pa­ra afear­le la con­duc­ta, ape­lan­do hi­pó­cri­ta­men­te al es­lo­gan co­mer­cial de ma­rras.

¿Y las gran­des em­pre­sas?, ¿có­mo qui­tan y dan ra­zo­nes? Pues co­mo lo de clien­te to­da­vía tie­ne un mar­cha­mo de ca­li­dad, le cambian la de­no­mi­na­ción y le nie­gan la ra­zón sin pro­ble­ma de con­cien­cia. Pa­ra las com­pa­ñías aé­reas es fá­cil; el clien­te es pa­sa­je­ro, co­mo un res­fria­do o una nu­be de tor­men­ta. Si tie­ne que­jas, que las pon­ga por es­cri­to al lle­gar al ae­ro­puer­to, y si te he vis­to no me acuer­do. En el ca­so de las com­pa­ñías de ser­vi­cios eléc­tri­cos y te­le­fó­ni­cos es mu­cho peor: los clien­tes son abo­na­dos, co­mo los cam­pos de cul­ti­vo. O sea que, pe­rió­di­ca­men­te, les man­dan el ca­mión del es­tiér­col.

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