EL CAM­BIO PA­RA EL FU­TU­RO

La Voz de Galicia (A Coruña) - Motor - - OPINIÓN - JUAN ARES

Pa­re­ce in­creí­ble que, en un país eu­ro­peo del si­glo XXI cu­ya au­to­mo­ción ca­mi­na rau­da ha­cia mo­to­res lim­pios, sin com­bus­tión, ha­cia au­to­pis­tas in­te­li­gen­tes por las que cir­cu­la­rán co­ches au­tó­no­mos y don­de el con­duc­tor pa­re­ce­rá más un pa­sa­je­ro, aún es­te­mos ne­gan­do la ma­yor al uso de los cam­bios au­to­má­ti­cos. Ese fu­tu­ro lim­pio y au­tó­no­mo so­lo po­drá ser, ade­más, au­to­má­ti­co. De mo­do que va­yá­mo­nos ha­cien­do a la idea. Y es que, es ho­ra de de­cir­lo aquí, la cru­za­da an­ti cam­bio au­to­má­ti­co tie­ne tin­tes de ma­chis­ta y de cla­sis­ta. Ma­chis­ta por­que mu­chos si­guen pen­san­do que un con­duc­tor de ver­dad de­be lle­var él mis­mo los man­dos de su co­che y eso in­clu­ye el ar­cai­co em­bra­gue a pe­dal y el ma­ne­jo de la pa­lan­ca de cam­bios, y que los co­ches au­to­má­ti­cos son más pro­pios de las se­ño­ras o de las per­so­nas de más edad y me­nos con­di­cio­nes fí­si­cas.

Y tam­bién la cru­za­da se sus­ten­ta en un po­so cla­sis­ta, por­que cla­ro, los cam­bios au­to­má­ti­cos se han pro­di­ga­do más en los co­ches de lujo, de al­ta ga­ma, de cla­se Pre­mium, e in­clu­so cuan­do lle­gan al co­che de ga­ma me­dia hay que ras­car­se el bol­si­llo en unos mi­les de eu­ri­llos más. Y por su­pues­to, eso no es­tá al al­can­ce de to­dos.

De mo­do que ha­ré de abo­ga­do del dia­blo pa­ra de­fen­der des­de es­te mo­men­to el uso de los cam­bios au­to­má­ti­cos. Y me voy a apo­yar en sa­bias per­cep­cio­nes de bue­nos ami­gos míos. Uno de ellos, trau­ma­tó­lo­go, me de­cía que igual que se prohí­be fu­mar ha­bría que prohi­bir los co­ches con em­bra­gue, por la can­ti­dad de des­via­cio­nes de co­lum­na, des­gas­tes de ca­de­ra y otras le­sio­nes de ex­tra­ño nom­bre que pro­du­ce el uso con­ti­nua­do a lo lar­go de los años y de los ki­ló­me­tros del pe­dal iz­quier­do del co­che. Otro de mis ami­gos, ta­xis­ta de pro­fe­sión, me re­co­no­cía que lo que más sen­tía en su vi­da era no ha­ber des­cu­bier­to el cam­bio au­to­má­ti­co an­tes de los 55 años de edad y cua­tro mi­llo­nes de ki­ló­me­tros re­co­rri­dos. Otro ga­llo le cantaría aho­ra.

Mi ter­cer ami­go fue el que me con­ven­ció. Pi­lo­to de ra­lis con pal­ma­rés, afi­cio­na­do a los co­ches clá­si­cos de­por­ti­vos, uno de los ti­pos más fi­nos y efi­ca­ces que he co­no­ci­do al vo­lan­te de un co­che de ca­rre­ras y va y se me plan­ta con un mo­de­lo ja­po­nés de lujo sin pe­dal de em­bra­gue. Su ca­ra de fe­li­ci­dad tras un mes en el que ha­bía de­ja­do atrás la ca­ja de cam­bios ma­nual di­si­pó to­das mis du­das. A la pre­gun­ta de ¿vas a vol­ver?, su res­pues­ta fue ro­tun­da: «¡Nun­ca!».

Y es que los cam­bios au­to­má­ti­cos, co­mo to­da la tec­no­lo­gía del au­to­mó­vil ac­tual, han evo­lu­cio­na­do has­ta qui­tar to­dos los ar­gu­men­tos a sus de­trac­to­res. Ya no son len­tos, ni im­pre­ci­sos, y ape­nas ha­cen con­su­mir más a los mo­to­res a los que van aco­pla­dos. Así que so­lo hay que es­pe­rar su de­mo­cra­ti­za­ción, es de­cir, que se pon­gan al mis­mo pre­cio que los cam­bios ma­nua­les y que pue­dan dis­fru­tar­se en to­do ti­po de au­to­mó­vi­les, in­clui­dos los más pe­que­ños y ba­ra­tos.

De mo­men­to, los que es­tén pen­san­do en un hí­bri­do, en un eléc­tri­co o en co­ches de ga­ma al­ta, in­clu­so de­por­ti­vos, ten­drán que ir pa­san­do por el aro del cam­bio au­to­má­ti­co. Pe­ro el res­to que se va­ya pre­pa­ran­do, y los más re­cal­ci­tran­tes que va­yan re­fle­xio­nan­do so­bre por qué na­die vuel­ve al cam­bio ma­nual des­pués de ha­ber te­ni­do un au­to­má­ti­co.

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