EL CO­CHE AL QUE NIN­GÚN F1 ADELANTA

MER­CE­DES NO SO­LO MAN­DA EN LAS CA­RRE­RAS DEL GRAN CIR­CO (CON PER­MI­SO DE VET­TEL Y SU FE­RRA­RI), LAS FLE­CHAS PLA­TEA­DAS DEL SA­FETY CAR Y EL CO­CHE MÉ­DI­CO TAM­BIÉN SON PRO­TA­GO­NIS­TAS CUAN­DO LA COM­PE­TI­CIÓN SE DE­TIE­NE POR AL­GÚN IN­CI­DEN­TE.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Motor - - COMPETICIÓN - Por Ja­vier Ar­mes­to

Lle­va pi­lo­tan­do en la For­mu­la 1 des­de el año 2000 y so­lo se ha per­di­do un gran premio a cau­sa de un ac­ci­den­te, con­du­ce una fle­cha pla­tea­da y cuan­do él es­tá en pis­ta na­die osa ade­lan­tar­le. El ale­mán Bernd May­län­der, an­ti­guo par­ti­ci­pan­te en ca­rre­ras de re­sis­ten­cia, es­tá al vo­lan­te del sa­fety car o co­che de se­gu­ri­dad en la ca­te­go­ría rei­na del au­to­mo­vi­lis­mo. Des­de ha­ce tres años lo ha­ce a bor­do de un Mer­ce­des GT S AMG de 510 caballos de po­ten­cia, que re­em­pla­zó al SLS alas de ga­vio­ta que se uti­li­zó las cin­co tem­po­ra­das an­te­rio­res.

La mar­ca ale­ma­na pro­por­cio­na los sa­fety car de la For­mu­la 1 des­de 1996. El ac­tual vehícu­lo ace­le­ra de 0 a 100 en 3,8 se­gun­dos y la ver­sión de ca­lle tie­ne un pre­cio de 170.000 eu­ros. Pa­ra cum­plir su exi­gen­te fun­ción, el co­che del gran cir­co es­tá equi­pa­do con sis­te­mas de ra­dio, va­rios iPad in­te­gra­dos en el sal­pi­ca­de­ro y pun­tos de co­ne­xión WLAN (red lo­cal inalám­bri­ca) que ase­gu­ran que en to­do mo­men­to es­tá en con­tac­to con la di­rec­ción de ca­rre­ra. Tam­bién dis­po­ne de dos cá­ma­ras, sis­te­mas GPS y lu­ces de emer­gen­cia en el te­cho de la ca­rro­ce­ría y los pi­lo­tos tra­se­ros.

El tra­ba­jo de May­län­der no es fá­cil. Sue­le lle­gar al cir­cui­to el miér­co­les (o el jue­ves, si es­tá en Eu­ro­pa) y de­be ase­gu­rar­se de co­no­cer el tra­za­do, los ho­ra­rios y de que to­do fun­cio­na co­rrec­ta­men­te. El día de la ca­rre­ra, él y su co­pi­lo­to se po­nen los cas­cos, se ajus­tan el cin­tu­rón de se­gu­ri­dad de seis pun­tos y per­ma­ne­cen en el GT S has­ta que es­cu­chan la or­den «¡Sa­fety car GO!». Es su mo­men­to. Aun­que pa­re­ce que va des­pa­cio, el co­che de se­gu­ri­dad cir­cu­la a unos 280 ki­ló­me­tros por ho­ra, a pe­sar de lo cual un For­mu­la 1 le sa­ca­ría en­tre 35 y45 se­gun­dos por vuel­ta. Tie­ne que ro­dar rá­pi­do pa­ra evi­tar que los mo­no­pla­zas en­fríen sus neu­má­ti­cos o so­bre­ca­lien­ten sus mo­to­res. Pe­ro, cu­rio­sa­men­te, hay al­guien que lo tie­ne más com­pli­ca­do que May­län­der. Es el sud­afri­cano Alan van der Mer­we, en­car­ga­do del Me­di­cal Car de la F1. No so­lo tie­ne que ir a to­da ve­lo­ci­dad al lu­gar de un ac­ci­den­te gra­ve, sino es­tar pre­pa­ra­do pa­ra sor­tear pi­lo­tos y co­mi­sa­rios in­va­dien­do la pis­ta. Su co­che es un Mer­ce­des C63 AMG y tie­ne 550 caballos: es la am­bu­lan­cia más rá­pi­da del mun­do.

BERND MAY­LÄN­DER, EL PI­LO­TO

Du­ran­te el Gran Premio de Aus­tra­lia del 2006 «li­de­ró» la ca­rre­ra más vuel­tas que nin­gún otro pi­lo­to, sal­vo Fer­nan­do Alon­so (el ga­na­dor), a cau­sa de múl­ti­ples y ne­ce­sa­rias sa­li­das.

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