Los ni­ños es­pe­ran

JU­LIA NA­VA­RRO

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - Entre Nosotras - www.mu­jer­hoy.com www.ju­lia­na­va­rro.com

US­TE­DES NO IMA­GI­NAN

el su­fri­mien­to de los pa­dres que tie­nen hi­jos dis­lé­xi­cos, hi­per­ac­ti­vos, con dé­fi­cit de aten­ción, o con las tres co­sas a la vez. Y es que nues­tro sis­te­ma edu­ca­ti­vo no con­tem­pla es­tos pro­ble­mas. Ha­ce unos días, re­ci­bí una car­ta de una ma­dre que me con­ta­ba con an­gus­tia có­mo su hi­ja ado­les­cen­te que­ría de­jar el co­le­gio por­que es dis­lé­xi­ca y le aver­güen­za ser­lo. Para ella, leer en voz al­ta es po­co me­nos que un tor­men­to y, cuan­do los pro­fe­so­res le en­tre­gan sus exá­me­nes co­rre­gi­dos con mu­chas pa­la­bras sub­ra­ya­das en ro­jo por­que es­tán mal es­cri­tas, a du­ras pe­nas con­tie­ne las lá­gri­mas. Pe­ro el pro­ble­ma no es de es­ta ni­ña, el pro­ble­ma es de nues­tro sis­te­ma edu­ca­ti­vo, que no con­tem­pla có­mo abor­dar y ayu­dar a los críos que su­fren dis­le­xia o dé­fi­cit de aten­ción o hi­per­ac­ti­vi­dad. Cuán­tos ni­ños han sido ca­li­fi­ca­dos de ma­los alum­nos y re­vol­to­sos por­que no son ca­pa­ces de es­tar­se quie­tos en cla­se, no por­que no quie­ran, sino por­que no pue­den. Por­que esa es la di­fe­ren­cia. De la mis­ma ma­ne­ra que otros mu­chos alum­nos han es­cu­cha­do a sus maes­tros de­cir­les que, si con­fun­den le­tras o leen mal, es so­lo por­que no se fijan y no pres­tan aten­ción. O por­que son unos va­gos re­do­ma­dos.

LAS ES­TA­DÍS­TI­CAS ARRO­JAN

una ci­fra a te­ner en cuen­ta: 700.000 ni­ños en edad es­co­lar pa­de­cen dis­le­xia en nues­tro país. Es un nú­me­ro im­pre­sio­nan­te, por­que su­po­ne 700.000 ni­ños que su­fren, 700.000 fa­mi­lias que su­fren. Y sin em­bar­go, ya di­go, nues­tro sis­te­ma edu­ca­ti­vo no les tiene en cuen­ta, les ig­no­ra, lo que su­po­ne que mu­chos de ellos ter­mi­nan de­jan­do las au­las. Aun­que más bien ha­bría que de­cir que es el sis­te­ma el que les em­pu­ja a aban­do­nar­las. Ha­ce unas se­ma­nas, creo que fue el gru­po par­la­men­ta­rio de Ciu­da­da­nos quién pre­sen­tó en el Con­gre­so una pro­po­si­ción no de ley, apro­ba­da lue­go por una­ni­mi­dad de to­dos los gru­pos par­la­men­ta­rios, en la que pe­día al Go­bierno la apro­ba­ción de un Plan Na­cio­nal con­tra la Dis­le­xia. El cur­so ha co­men­za­do y el Plan, si­mi­lar al que exis­te en países co­mo Fran­cia o Ale­ma­nia, bri­lla por su au­sen­cia, por más que se di­ga que se es­tá tra­ba­jan­do en él. Lo pri­me­ro que hay que ha­cer es for­mar al pro­fe­so­ra­do. Co­noz­co pro­fe­so­res que re­co­no­cen que ca­re­cen de la pre­pa­ra­ción ne­ce­sa­ria para afron­tar la en­se­ñan­za de alum­nos que tie­nen es­tos pro­ble­mas.

LO QUE ES INACEP­TA­BLE

es que ir a la es­cue­la se con­vier­ta en un su­pli­cio para los ni­ños. De ma­ne­ra que sus se­ño­rías deberían, de vez en cuan­do, po­ner los pies en el sue­lo de la reali­dad de los pro­ble­mas co­ti­dia­nos y po­ner en mar­cha ese Plan Na­cio­nal que dé res­pues­ta a los pro­ble­mas de dis­le­xia, dé­fi­cit de aten­ción e hi­per­ac­ti­vi­dad. Hay 700.000 ni­ños con ese pro­ble­ma que es­tán es­pe­ran­do.

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