100% to­ni­fi­ca­da SIN PE­SAS!

Ol­ví­da­te de su­dar car­gan­do pe­sos o en ex­tra­ñas má­qui­nas. Con es­tos ejer­ci­cios, des­cu­bri­rás que la fuer­za es po­de­ro­sa en ti. Ilus­tra­cio­nes: SER­GIO ARAN­GO

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mujer de Hoy - - En Forma -

La equilibrista te des­per­ta­rá

An­tes de co­men­zar tu en­tre­na­mien­to clá­si­co, ne­ce­si­tas ca­len­tar tus múscu­los más pro­fun­dos. ¿Una for­ma sen­ci­lla de lo­grar­lo? Con equi­li­brio. De pie, con los bra­zos pe­ga­dos al cuer­po, al­za la pier­na iz­quier­da ha­cia atrás, mien­tras te in­cli­nas ha­cia de­lan­te con la es­pal­da rec­ta. Man­tén la pos­tu­ra un mi­nu­to y des­pués rea­li­za el ejer­ci­cio con la pier­na con­tra­ria. Re­pi­te cua­tro ve­ces.

La ve­lo­cis­ta pa­ra un vien­tre plano

Co­ló­ca­te bo­ca aba­jo y al­za el cuer­po apo­yan­do el pe­so en las pal­mas de las ma­nos y las pun­tas de los pies. Pro­cu­ra que los bra­zos es­tén ex­ten­di­dos, las ma­nos ali­nea­das con los hom­bros y las ro­di­llas li­ge­ra­men­te fle­xio­na­das. Lle­va una ro­di­lla al pe­cho y de­vuél­ve­la a su po­si­ción. Haz lo mis­mo con la otra. Al­ter­na du­ran­te un mi­nu­to.

La gue­rre­ra re­fuer­za tus glú­teos

Co­ló­ca­te de pie con la es­pal­da rec­ta y los bra­zos fle­xio­na­dos. Da una zan­ca­da ha­cia de­lan­te y des­cien­de po­co a po­co fle­xio­nan­do las ro­di­llas. Ten cui­da­do de lle­var el pe­so del cuer­po a la pier­na de­lan­te­ra y no a la tra­se­ra. La ro­di­lla que es­tá de­lan­te de­be for­mar un án­gu­lo rec­to. In­ten­ta que no se des­pla­ce más allá de la pun­ta del pie. Re­pi­te cin­co ve­ces con ca­da pier­na.

La pa­ti­na­do­ra es­cul­pe tus mus­los

¿Has vis­to las pier­nas que tie­nen las pa­ti­na­do­ras? Pues si te ha­ces adic­ta a es­te ejer­ci­cio con­se­gui­rás esos re­sul­ta­dos. De pie, con los pies se­pa­ra­dos y las ro­di­llas fle­xio­na­das, pa­sa la pier­na de­re­cha de­trás de la iz­quier­da dan­do un pe­que­ño sal­to. De­bes trans­fe­rir to­do el pe­so del cuer­po a la pier­na iz­quier­da y ayu­dar­te con el ba­lan­ceo de bra­zos pa­ra con­ser­var el equi­li­brio. En­ca­de­na es­te mo­vi­mien­to con el si­guien­te, pa­san­do es­ta vez la otra pier­na iz­quier­da de­trás la de­re­cha. Re­pi­te seis ve­ces.

La acró­ba­ta cui­da tu es­pal­da

Pa­ra to­ni­fi­car to­dos los múscu­los de la es­pal­da de una so­la vez (y sin ne­ce­si­dad de gim­na­sio), so­lo ne­ce­si­tas una me­sa muy bien an­cla­da al sue­lo o que pe­se mu­cho y al­go de fle­xi­bi­li­dad. Túm­ba­te bo­ca arri­ba de­ba­jo de la me­sa, aga­rra el bor­de con las ma­nos se­pa­ra­das y co­lo­ca las ro­di­llas do­bla­das en un án­gu­lo de 90º. A con­ti­nua­ción, le­van­ta las nal­gas del sue­lo e in­ten­ta, usan­do la fuer­za de los bra­zos, acer­car­te al mue­ble. Cuan­do ha­yas lle­ga­do lo más cer­ca que pue­das, des­cien­de len­ta­men­te. Re­pi­te seis ve­ces.

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