"No es­cu­po ni di­go ta­cos, pe­ro en el cam­po voy a muer­te. So­mos ani­ma­les"

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine En Primer Plano -

Es la pri­me­ra ju­ga­do­ra por la que se ha pa­ga­do tras­pa­so en­tre clu­bes es­pa­ño­les: 50.000 eu­ros. Tie­ne 22 años y de­bu­tó a los 15 en el Prain­sa, de Za­ra­go­za. Tras pa­sar por el Es­pan­yol y el Atlé­ti­co de Ma­drid, jue­ga des­de ha­ce un año co­mo de­fen­sa cen­tral en el FC Bar­ce­lo­na fe­me­nino y, des­de 2016, en la se­lec­ción ab­so­lu­ta. XL. ¿A qué edad em­pe­zó su afi­ción? M.L. Em­pe­cé a ju­gar a los 9 años en el co­le­gio con mis ami­gos. En esa eta­pa, los ni­ños son muy crue­les y si no jue­gas bien no te acep­tan; pe­ro yo no tu­ve ese pro­ble­ma por­que era bas­tan­te bue­na. XL. ¿Has­ta cuán­do ju­gó con chi­cos? M.L. Has­ta los 12 o los 13 años, por­que a esa edad ya te obli­gan a ju­gar en un equi­po so­lo de ni­ñas y a cam­biar­te en un ves­tua­rio apar­te. XL. La Co­pa del Rey la en­tre­ga siem­pre el Rey y la Co­pa de la Rei­na... ¿la en­tre­ga do­ña Le­ti­zia? M.L. En la nues­tra des­de lue­go no apa­re­ció: la Rei­na no va a la Co­pa de la Rei­na [son­ríe]. XL. ¿Qué re­la­ción hay en­tre el Ba­rça fe­me­nino y el mas­cu­lino? M.L. ¿En­tre los ju­ga­do­res? Prác­ti­ca­men­te nin­gu­na, so­lo nos reunie­ron un día pa­ra ha­cer­nos la fo­to del club to­dos jun­tos. Ese día fue la úni­ca vez que vi a Mes­si de cer­ca [ríe]. Los dos equi­pos te­ne­mos ho­ra­rios dis­tin­tos, campos dis­tin­tos... y no pa­sa na­da, es lo nor­mal. XL. ¿Le mo­les­ta que el fút­bol fe­me­nino es­té a años luz del mas­cu­lino? M.L. No, en­ten­de­mos que la afi­ción y el di­ne­ro que mue­ven ellos no los mo­ve­mos no­so­tras ni de le­jos. XL. En un club de fút­bol nór­di­co los fut­bo­lis­tas ce­den par­te de sus in­gre­sos pa­ra que las ju­ga­do­ras co­bren muy pa­re­ci­do a ellos. M.L. Es­to es im­pen­sa­ble en Es­pa­ña, pe­ro no­so­tras tam­po­co lo pe­di­mos. Lo que sí que­re­mos es que se nos con­si­de­re el es­fuer­zo y el sa­cri­fi­cio que ha­ce­mos y se nos pa­gue más pro­por­cio­nal­men­te.

"No mo­ve­mos el di­ne­ro y la WÓY_ŒD que mue­ven los Y^_yei" pe­ro que­re­mos que se nos h[ye­depyw el [i\k[hpe y se nos pa­gue en fhe­feh­y_Œd

XL. ¿A sus par­ti­dos acu­den más hom­bres o mu­je­res? M.L. Hay de to­do. Has­ta ha­ce unos años prác­ti­ca­men­te so­lo ve­nían nues­tros fa­mi­lia­res y ami­gos. Aho­ra so­mos más vi­si­bles y eso ha­ce que se ani­me mu­cha más gen­te. Pue­den ve­nir unas 1000 per­so­nas; pe­ro re­cuer­do que al Vi­cen­te Cal­de­rón, en un par­ti­do en­tre el Atlé­ti­co de Ma­drid y el Ba­rça, vi­nie­ron 14.000. XL. ¿Por qué cree que el Real Ma­drid no tie­ne equi­po fe­me­nino? M.L. No lo sé, Flo­ren­tino no quie­re [ríe]. De­cían que iban a ha­cer­lo; pe­ro... na­da. XL. ¿Ha es­cu­cha­do co­men­ta­rios ma­chis­tas? M.L. Yo no los he oí­do nun­ca del pú­bli­co. Sí he vi­vi­do al­gún co­men­ta­rio de que árbitro le di­gas pre­po­ten­te que no es­tás que de no acuerdo ad­mi­te por tal o cual co­sa, pe­ro es­to ya no ocu­rre por­que en la Li­ga Iber­dro­la aho­ra es obli­ga­to­rio que nues­tros ár­bi­tros sean mu­je­res. XL. ¿Y los en­tre­na­do­res? M.L. To­dos son hom­bres, sal­vo la en­tre­na­do­ra del Be­tis fe­me­nino. XL. La lla­ma­da de la ma­ter­ni­dad las re­ti­ra, al me­nos tem­po­ral­men­te. ¿Có­mo lle­van es­ta re­nun­cia? M.L. En Es­pa­ña no co­noz­co nin­gu­na fut­bo­lis­ta que ha­ya se­gui­do ju­gan­do des­pués de te­ner un hi­jo, pe­ro en otros paí­ses sí las hay. En In­gla­te­rra hay una que tie­ne tres hi­jos y que se re­in­cor­po­ra ca­da vez que ter­mi­na su re­cu­pe­ra­ción. XL. ¿Se rin­de igual en un par­ti­do cuan­do las mu­je­res tie­nen 'esos días' al mes? M.L. Yo no he te­ni­do problemas de ren­di­mien­to por la re­gla, pe­ro es muy fre­cuen­te que la mens­trua­ción se nos va­ya du­ran­te bas­tan­tes me­ses se­gui­dos, nos pa­sa a mu­chas. XL. Los fut­bo­lis­tas ligan lo que quie­ren, ¿us­te­des tam­bién? M.L. Hay mu­chos chi­cos a los que les gus­ta com­par­tir con una mu­jer es­ta pa­sión. En cual­quier ca­so, la atrac­ción es di­fe­ren­te a la que des­pier­tan ellos en­tre las chi­cas. XL. Du­ran­te el par­ti­do, ¿adop­tan ac­ti­tu­des mas­cu­li­nas: es­cu­pen, in­sul­tan, dan pa­ta­das, se 'en­go­ri­lan'… o son más res­pe­tuo­sas? M.L. Yo no es­cu­po ni di­go ta­cos, pe­ro, cuan­do sa­li­mos al cam­po, eso es la gue­rra: va­mos a muer­te. In­clu­so en­tre ami­gas, las hay que en el te­rreno de jue­go son odio­sas y, cuan­do sa­len, son un en­can­to. Fal­tas y pa­ta­das tam­bién hay, pe­ro no con la mal­dad que ves en al­gu­nos par­ti­dos mas­cu­li­nos en los que cla­ra­men­te al­gu­nos ju­ga­do­res han ido a dar. So­mos ani­ma­les en el cam­po, aun­que qui­zá no tan bes­tias co­mo ellos.

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