LOS HER­MA­NOS TO­RRES

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - DE GENTE -

LOS CHEFS MÁS ME­DIÁ­TI­COS

Es­tos ge­me­los coin­ci­den en al­go: les chi­fla Ga­li­cia. “Los pai­sa­jes, los sa­bo­res, la gen­te… la lam­prea”. Nues­tras vian­das les ins­pi­ran. Y es que el buen pro­duc­to es la ba­se de su co­ci­na y de su pro­gra­ma dia­rio “To­rres en la co­ci­na”.

In­se­pa­ra­bles.Los ge­me­los To­rres se mue­ven al mis­mo son ju­gan­do al re­to y el desafío ca­da día an­te las cá­ma­ras de To­rres en la co­ci­na (TVE) aun­que jun­tos en los fo­go­nes les va de ma­ra­vi­lla. En es­te sim­pá­ti­co to­ma y da­ca au­tén­ti­co que se traen, Javier afir­ma ser “el dul­ce” y Ser­gio “el sa­la­do”, nin­guno muy gra­cio­so ni muy se­rio, “jus­to en el me­dio”, coin­ci­den. No así en quién es “el gua­po” y el “más man­dón”. Ser­gio di­ce ser él, a lo que Javier ob­je­ta: “Yo ten­go mis du­das”. En su co­ti­za­do res­tau­ran­te Dos cie­los, en Barcelona (1 estrella Mi­che­lín) a 24 pi­sos del suelo, co­ci­nan pa­ra al­gu­nos y en la te­le pa­ra to­dos su­man­do, con su par­ti­cu­lar es­ti­lo, sa­be­res y téc­ni­cas.

-Cuan­do ve­nís a Ga­li­cia ¿te­néis una ru­ta fi­ja?

-No, ve­ni­mos desbocados, a lo que nos lle­ven. Y ca­si siem­pre jun­tos. Te­ne­mos muy bue­nos ami­gos en Ga­li­cia y ca­da uno nos en­se­ña un lu­gar y así co­no­ce­mos gen­te nue­va. No ne­ce­si­ta­mos lle­var guía ni na­da y siem­pre apren­de­mos mu­chí­si­mo.

-¿Qué os ha­béis co­mi­do úl­ti­ma­men­te que os ha­ya qui­ta­do el sen­ti­do?

-Unas né­co­ras en No­ja (Can­ta­bria) y unas ci­ga­las gi­gan­tes en O Gro­ve.

-¿Dón­de echáis to­do lo que co­méis?

-Es ge­né­ti­co pe­ro co­rre­mos y va­mos a la mon­ta­ña en la bi­ci. Nos gus­ta mu­cho el de­por­te pe­ro, so­bre to­do, lo ne­ce­si­ta­mos pa­ra ges­tio­nar to­do lo que te­ne­mos: nos sien­ta muy bien. So­mos muy de na­tu­ra­le­za, de usar las pier­nas…Siem­pre nos lle­va­mos mo­chi­la pa­ra co­ger se­tas, hier­bas y to­do lo que en­con­tre­mos por el ca­mino.

-¿Cuál es vues­tro ma­yor pla­cer?

-Te­ne­mos una for­ma de vi­da que es la co­ci­na y vi­vi­mos por y pa­ra ella. Igual que cuan­do va­mos a Ga­li­cia: el via­je siem­pre es­tá pen­sa­do en torno a la co­ci­na. So­lo eso. Dis­fru­ta­mos de las co­sas sim­ples y bue­nas. Y de lo que no dis­fru­ta­mos en la co­ci­na es de las co­sas que no es­tán he­chas con amor o cuan­do no hay un res­pe­to por es­te ofi­cio.

-Los her­ma­nos siem­pre se ha­cen fae­nas. ¿Al­gu­na vez os ha­béis fas­ti­dia­do en la co­ci­na?

-No­so­tros so­mos muy gue­rre­ros y so­mos sú­per exi­gen­tes. En­ton­ces no to­dos los pla­tos sa­can el apro­ba­do. A lo me­jor yo (Ser­gio) se lo des­car­to a Javier pe­ro él tie­ne que su­pe­rar­se y tie­ne que de­fen­der­lo y así el pla­to cre­ce y to­ma vi­da. Pe­ro en la co­ci­na siem­pre he­mos si­do muy se­rios (se po­nen se­rios) y nun­ca nos he­mos fas­ti­dia­do ni lo ha­ría­mos.

-Des­pués de “Co­ci­na­dos”, aho­ra “To­rres en la co­ci­na”. La te­le os quie­re.

-Eso pa­re­ce. Por la ca­lle nos be­san, no lla­ma “gua­pos”, nos han lle­ga­do a de­cir: vi­va la ma­dre que os pa­rió [ri­sas]. Es­ta­mos muy cen­tra­dos en el pro­gra­ma. Em­pe­za­mos so­lo pa­ra ha­cer 40 ca­pí­tu­los y pa­re­ce que se va a alar­gar. Que­re­mos que la gen­te re­cu­pe­re el pla­cer de co­ci­nar en ca­sa ba­jan­do la alta co­ci­na con to­que To­rres. Co­ci­nar es una te­ra­pia pa­ra des­co­nec­tar.

-¿Cuál es ese to­que To­rres?

-Nues­tra co­ci­na es co­mo cuan­do mi­ras un cua­dro de un au­tor con per­so­na­li­dad, un Tà­pies, un Van Gogh, que los mi­ras y los re­co­no­ces. Pe­ro ca­da co­ci­ne­ro tie­ne una per­so­na­li­dad, no so­lo no­so­tros. Nues­tro to­que es el sa­bor y el pro­duc­to: te lle­va a re­cuer­dos de tu in­fan­cia. Tú co­mien­do en nues­tra co­ci­na, en al­gún mo­men­to, re­cu­pe­ra­rás al­go de lo que has vi­vi­do, al­gún flash.

-Pe­ro eso es lo que di­cen to­dos los co­ci­ne­ros… sa­bor y pro­duc­to. ¿Cuál es la vuel­ta de tuer­ca que es­táis apor­tan­do?

-In­ten­tar ha­cer la co­ci­na más fá­cil a la gen­te pe­ro, so­bre to­do, nues­tra vuel­ta de tuer­ca es su­mar. Javier tie­ne una per­so­na­li­dad y yo otra. Am­bos he­mos es­tu­dia­do con pro­fe­so­res di­fe­ren­tes den­tro de la alta gas­tro­no­mía y tra­ba­ja­do en gran­des res­tau­ran­tes de Eu­ro­pa tam­bién di­fe­ren­tes. Así que el to­que To­rres es unir los dos en uno y dar­le el to­que de sa­bor, téc­ni­ca, es­té­ti­ca y el equi­li­brio de los dos. Javier aprie­ta pe­ro Ser­gio tam­bién, am­bos con nues­tra téc­ni­ca.

-¿Os ha­béis for­ma­do ex­pre­sa­men­te en dis­tin­tas es­cue­las pa­ra com­ple­men­ta­ros?

-Sí, ex­pre­sa­men­te. Cuan­do te­nía­mos 16 años, uno de­ci­dió ir a la mi­tad de los me­jo­res res­tau­ran­tes de Eu­ro­pa a apren­der unas téc­ni­cas, y el otro a los de­más pa­ra apren­der el res­to. Ya en­ton­ces de­ci­di­mos que que­ría­mos es­tar siem­pre jun­tos, tra­ba­jar jun­tos.

-Así que el re­to que os traéis en la te­le no es fic­ti­cio, es al­go co­ti­diano en­tre vo­so­tros.

-Así es. Uno tie­ne una vi­sión, otro tie­ne otra… pe­ro com­ple­men­ta­mos muy bien los dos. Nin­guno es más que el otro. Nos he­mos pre­pa­ra­do en las me­jo­res co­ci­nas, de la mis­ma ma­ne­ra y cuan­do jue­gas en la fór­mu­la 1, en la alta co­ci­na, no hay uno me­jor que el otro. Por eso los dos es­ta­mos ahí.

-Por­que en el fon­do lo que os une es una gran si­ner­gia...

-Sí, cuan­do nos he­mos cria­do a la vez den­tro de la ba­rri­ga de nues­tra ma­dre, y eso nos da una vin­cu­la­ción mu­cho más es­pe­cial. Hay mu­cha quí­mi­ca. Siem­pre ha ha­bi­do muy bue­na si­ner­gia pa­ra de­ci­dir que­rer es­tar siem­pre jun­tos.

-Si uno de los dos em­pren­die­ra el ca­mino en so­li­ta­rio…

-¡No, no, no…! [Ro­tun­da­men­te am­bos]. No, no lo ha­ría­mos. So­lo nos se­pa­ra­ría­mos si el tra­ba­jo de ca­da uno es­tu­vie­ra ba­sa­do en un mis­mo proyecto que hu­bie­ra que rea­li­zar por se­pa­ra­do. Pe­ro nun­ca nos lo he­mos plan­tea­do (di­cen am­bos, ho­rro­ri­za­dos).

-Pe­ro si es­to su­ce­die­ra ¿qué echa­ríais de me­nos del otro?

-Pues nos fal­ta­ría la otra mi­tad pe­ro no tie­ne que ver con que a uno le fal­te más téc­ni­ca o gus­to. Los pla­tos tie­nen un re­co­rri­do muy com­ple­jo des­de que los crea­mos y co­mo no­so­tros nos he­mos acos­tum­bra­do a ha­cer los pla­tos a cua­tro ma­nos, si uno no es­tu­vie­ra, el pla­to se­ría muy bueno por­que lo ha­bría he­cho Javier To­rres o Ser­gio To­rres pe­ro no ten­dría la chis­pa, le fal­ta­ría su esen­cia. En equi­po, to­do su­ma.

-¿Se no­ta aho­ra que es­ta­mos sa­lien­do de la cri­sis des­de la alta co­ci­na?

-No­so­tros so­mos hi­jos de la cri­sis y siem­pre nos ha ido bien por­que na­ci­mos en el 2008. Nos he­mos pues­to las pi­las y no nos po­de­mos que­jar. Pe­ro aho­ra se no­ta más el ai­re fres­co y que la gen­te ha pa­sa­do el peor ba­che aun­que es­to aún no sea al­go ge­ne­ral pa­ra to­dos. No­so­tros te­ne­mos lleno has­ta el año que vie­ne por eso no sa­be­mos bien có­mo me­dir bien es­ta sa­li­da de la cri­sis. No te­ne­mos un pre­cio muy al­to de cu­bier­to pa­ra que pue­da ve­nir to­do el mun­do.

-Vues­tro res­tau­ran­te es­tá en la plan­ta 24. ¿Qué se sien­te al tra­ba­jar to­can­do el cie­lo?

-Ya es­ta­mos acos­tum­bra­dos, pe­ro te­ne­mos dos sen­sa­cio­nes muy es­pe­cia­les des­de tan al­to: una es sen­tir que se mue­ve el edi­fi­cio cuan­do ha­ce mu­cho vien­to y otra ver ne­var des­de la plan­ta 24 mi­ran­do al cie­lo, y ver llo­ver al mis­mo tiem­po mi­ran­do ha­cia aba­jo por­que en la plan­ta 24 te­ne­mos las nu­bes a nues­tros pies. A ve­ces por en­ci­ma de las nu­bes ha­ce sol y por de­ba­jo es­tá nu­bla­do. Es im­pre­sio­nan­te.

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