Es­ta guía lo sa­be to­do

ES HO­RA DE DES­CO­NEC­TAR... del to­do, has­ta del GPS que lle­va­mos den­tro, y de de­jar­se lle­var. Que sean otros los que mi­ren por ti y que guíen nues­tros pa­sos, so­bre to­do cuan­do es­ta­mos en una ciu­dad que no es la nues­tra. Nos po­ne­mos en sus ma­nos y que nos va

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: MA­RÍA VIDAL

RA­QUEL POMBAR GUÍA DE SAN­TIA­GO DE COM­POS­TE­LA Bus­can la di­fe­ren­cia y no ver lo mis­mo en Pa­rís que en San­tia­go. La ca­te­dral es bo­ni­ta, pe­ro hay 20 bo­ni­tas en el mun­do”

«Ho­la, soy Ra­quel, vi­vo en San­tia­go, gra­cias por ve­nir con no­so­tros a co­no­cer la ciu­dad». Y de ahí al lío. Que si ca­te­dral, que si rúas o mu­seos... Lo que to­que de ca­mino. Una vez aban­do­na­mos Pla­te­rías, pun­to de par­ti­da de es­ta ru­ta que sa­le dos ve­ces a dia­rio, so­lo hay que de­jar­se lle­var y con­fiar en es­ta san­tia­gue­sa de 27 años que es guía tu­rís­ti­ca acre­di­ta­da. Lo pri­me­ro que nos lla­ma la aten­ción es su pa­ra­guas ama­ri­llo. No lo trae por­que pien­se que en cual­quier mo­men­to va a caer un cha­pa­rrón, que po­dría ser por­que es­ta­mos en San­tia­go, pe­ro no. Tie­ne otra fun­ción o más bien va­rias. «Sir­ve pa­ra iden­ti­fi­car­nos, so­mos de la Aso­cia­ción de Guías de Ga­li­cia, los pri­me­ros que hi­ci­mos ru­tas en San­tia­go y los úni­cos que las ha­ce­mos to­do el año. Ade­más, abres el pa­ra­guas y quien te en­cuen­tre te en­con­tró. Sea ve­rano o in­vierno, el ama­ri­llo des­ta­ca», ex­pli­ca. Sin per­der­la de vis­ta nos po­ne­mos en mar­cha. Ra­quel nun­ca sa­be con an­te­la­ción con quien se irá de ru­ta. La ma­yo­ría de sus clien­tes dan con ella, o con al­gu­nos de sus com­pa­ñe­ros, gra­cias a la in­for­ma­ción que hay en ho­te­les o en agencias de via­je. «Yo 15-20 mi­nu­tos an­tes de la sa­li­da es­toy por allí, y con los que ha­ya sal­go. Lo mis­mo son 2 que 30, que es el má­xi­mo, aun­que si hay mu­cha gen­te lla­ma­mos a otro com­pa­ñe­ro y nos re­par­ti­mos por­que pre­fe­ri­mos gru­pos más pe­que­ños. Ade­más, por­que por ejem­plo en la ca­te­dral las vi­si­tas son de gru­pos de 15». Por el bien de los tu­ris­tas y de su voz, aun­que si hay que le­van­tar­la ti­ra de au­dio­guía.

Lo que cuen­ta ya de­pen­de de tu tar­je­ta de em­bar­que, es de­cir, de dón­de ven­gas. No es lo mis­mo el que vie­ne de ha­cer el Ca­mino de San­tia­go, que mal que bien ya con­tro­la dón­de an­da, que el que lle­ga de cru­ce­ro, se sube a un bus y se ba­ja en el Obra­doi­ro, que a ve­ces no do­mi­na ni en qué idio­ma tie­ne que ha­blar.

Que nos en­ro­lla­mos, con­ti­nua­mos la ru­ta: Fonseca, el Pa­ra­dor («por cier­to, so­mos los úni­cos guías que po­de­mos ac­ce­der al in­te­rior»), San Mar­tín Pi­na­rio... «Son dos ho­ras de re­co­rri­do, y al fi­nal aca­ban can­sa­dos. Hay que te­ner en cuen­ta si es por la ma­ña­na que sa­li­mos a las 12 ho­ras y ter­mi­na­mos a las 14.00 ho­ras, que es la ho­ra de co­mer, y hay mu­cho ex­tran­je­ro acos­tum­bra­do a co­mer in­clu­so an­tes, así que no te pue­des pa­sar con los tiem­pos», ex­pli­ca Ra­quel.

SI FUESES YO...

Ra­quel es dia­na de to­das las pre­gun­tas que sur­gen por el ca­mino y de ella sa­len ca­si to­das las anéc­do­tas, que son mu­chas, te­nien­do la abue­la que tie­ne. «Yo cuen­to mu­chas historias reales, so­bre to­do de mi abue­la Mer­ce­des, pa­ra que vean có­mo se vi­ve aquí o los di­chos que se di­cen en Ga­li­cia» ¡Ay, si Mer­ce­des su­pie­ra! Por el ca­mino aso­man du­das y se ven ca­ras de sor­pre­sa: a los orien­ta­les les cho­ca mu­cho lo de la re­li­gión, a los eu­ro­peos que el pa­tri­mo­nio se con­ser­ve tan bien, y los ame­ri­ca­nos se des­lum­bran por lo ro­má­ni­co. «¡Es que en mi país de es­to no hay!», co­men­tan al­gu­nos. «Son sú­per ti­quis­mi­quis con los pa­sa­jes de la Bi­blia, o ¿es­te san­to quién es?, no tie­nen ese ba­ga­je cul­tu­ral y les sue­le lla­mar mu­cho la aten­ción». Sea cual sea la pro­ce­den­cia, «to­dos bus­can la di­fe­ren­cia con sus paí­ses. No quie­ren ver lo mis­mo en Pa­rís que en San­tia­go. La ca­te­dral es bo­ni­ta, pe­ro hay 20 ca­te­dra­les bo­ni­tas en el mun­do», co­men­ta. Por cier­to, ¿có­mo lle­van el te­ma de los an­da­mios? «Al­guno se que­ja, pe­ro le di­go: ‘No­so­tros ya la vi­mos, aho­ra hay que pa­sar es­to pa­ra que sus nie­tos o mis hi­jos pue­dan ver­la. Creo que se es­tá con­vir­tien­do en ali­cien­te pa­ra que vuel­van en un par de años. Hay que sa­car­le ju­go», di­ce Ra­quel, que in­sis­te du­ran­te la vi­si­ta en que no se cor­ten a la ho­ra de pre­gun­tar. Aun­que tam­bién bus­can ser es­cu­cha­dos. «Los que han he­cho el Ca­mino quie­ren con­tar su ex­pe­rien­cia», pe­ro no se es­ca­pa del clá­si­co ¿Si fueses yo adón­de irías? A lo que es­ta san­tia­gue­sa res­pon­de: «A to­das par­tes, pe­ro co­mo no tie­nes tiem­po, te doy diez op­cio­nes y tú eli­ges lo que más te gus­te; na­tu­ra­le­za, cul­tu­ra, ar­te...». Pe­ro si da con al­gún in­sis­ten­te del ti­po: Y tú, ¿con tus ami­gos adón­de vas?... «A ver, les pue­do re­co­men­dar pe­ro pre­fie­ro no mo­jar­me, so­bre to­do cuan­do es­tá to­do el gru­po de­lan­te, por­que no de­jas de per­ju­di­car al que no le das pu­bli­ci­dad. Ade­más, si man­das a to­dos al mis­mo si­tio y lue­go los atien­den a las cua­tro de la tar­de, ¡a ver qué ima­gen se lle­van!». La que nos lle­va­mos de ella no pue­de ser me­jor. Ya de vuel­ta, nos des­pe­di­mos, y con­ti­nua­mos en bus ha­cia Fis­te­rra.

FO­TO: PA­CO RO­DRÍ­GUEZ

FO­TO: PA­CO RO­DRÍ­GUEZ

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