“Mi se­cre­to es que nun­ca he si­do la mo­da de un mes” El en­cuen­tro con K me emo­cio­nó co­mo una bue­na re­ce­ta de co­ci­na

A sus 75, y con una es­pec­ta­cu­lar ca­rre­ra a las es­pal­das, si­gue emo­cio­nán­do­se con su tra­ba­jo. Con­fie­sa que le ape­te­cía in­ter­pre­tar de nue­vo el pa­pel de ca­za­dor de re­pli­can­tes, que no llo­ra por en­ve­je­cer y que está «en es­te ne­go­cio pa­ra ha­cer di­ne­ro»

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - CINE . LA PELÍCULA MÁS ESPERADA - TEX­TO: MA­RÍA ESTÉVEZ

ine de ac­ción. El le­ga­do de Ha­rri­son Ford está uni­do a es­te gé­ne­ro, al que lle­gó de la mano de Geor­ge Lu­cas. Aho­ra aña­de una pe­lí­cu­la más —y no pre­ci­sa­men­te una cual­quie­ra, da­da la ex­pec­ta­ción que lle­va le­van­tan­do desde que se anun­ció su ro­da­je— con Bla­de Run­ner 2049, en la que vuel­ve a me­ter­se en la piel de ca­za­dor de re­pli­can­tes Rick Dec­kard, que ya en­car­nó en la pri­me­ra en­tre­ga de es­ta sa­ga en 1982. «Es­pe­ro ha­ber he­cho un buen tra­ba­jo», bro­mea Ford, to­do un ve­te­rano de la es­ce­na a sus 75 años. «De he­cho, es otra opor­tu­ni­dad pa­ra ex­pre­sar las ideas que se mos­tra­ron en la pri­me­ra en­tre­ga, por si no las lle­gué a con­tar del to­do bien», aña­de. La pe­lí­cu­la, que se es­tre­na hoy en Es­pa­ña, está di­ri­gi­da por De­nis Vi­lle­neu­ve. —¿Qué fue lo más in­tere­san­te de vol­ver a en­car­nar a Rick Dec­kard?

—Me in­tri­ga­ba la opor­tu­ni­dad de in­ter­pre­tar­lo otra vez. Creo que es in­tere­san­te vol­ver a me­ter­se en un pa­pel des­pués de un pe­río­do de tiem­po. Ade­más, fue una ex­pe­rien­cia muy in­tere­san­te tra­ba­jar con Ryan Gos­ling y las otras per­so­nas

in­vo­lu­cra­das en la pe­lí­cu­la. —¿Tie­ne al­gún re­cuer­do es­pe­cial de es­te fil­me?

—Re­cuer­do una es­ce­na que hi­ce con Ryan, que in­ter­pre­ta a K, ha­cia el co­mien­zo de nues­tro en­cuen­tro. En ella se evo­ca el tiem­po en­tre la úl­ti­ma vez que vi­mos a mi per­so­na­je y la pri­me­ra vez que lo ve­mos aho­ra. Ese ins­tan­te fue ines­pe­ra­da­men­te profundo. Me emo­cio­nó tan­to co­mo una bue­na re­ce­ta de co­ci­na. —¿Co­la­bo­ra­ron us­ted y Ryan Gos­ling pa­ra desa­rro­llar sus per­so­na­jes? —Par­te de la te­má­ti­ca ve­la por el le­ga­do de la pri­me­ra pe­lí­cu­la y es una res­pon­sa­bi­li­dad re­gre­sar al per­so­na­je. Por su par­te, Ryan apor­ta una au­ten­ti­ci­dad real, una in­te­li­gen­cia emo­cio­nal que des­tru­ye barreras. —La tra­ma ha­bla de la fal­ta de li­ber­tad en la so­cie­dad. ¿Le in­te­re­sa ese as­pec­to de la cul­tu­ra mo­der­na? —Mi per­so­na­je se ha crea­do pa­ra ha­blar de to­do eso. Las som­bras de su na­tu­ra­le­za son las que in­for­man del dra­ma so­bre el que gi­ra la pe­lí­cu­la. Pa­ra mí ha si­do una gran opor­tu­ni­dad es­tu­diar lo que está ocu­rrien­do con la so­cie­dad. He dis­fru­ta­do mu­cho apren­dien­do so­bre tec­no­lo­gía, pe­ro no pue­do aven­tu­rar­me a dar una res­pues­ta so­bre un te­ma que so­lo co­noz­co de ma­ne­ra su­per­fi­cial. —Co­mo ac­tor, ¿le preo­cu­pa la fal­ta de pri­va­ci­dad que tam­bién que se ve en la pe­lí­cu­la? —Sí. Ese es uno de los te­mas que más me in­tere­sa­ban de la his­to­ria. Siem­pre he creí­do que no exis­tía la pri­va­ci­dad. Cuando ofre­ces al­go a al­guien, cuando creas una ne­ce­si­dad, un ser­vi­cio, la gen­te ol­vi­da los va­lo­res. Es de­cir, con tal de con­se­guir la úl­ti­ma tec­no­lo­gía la gen­te está dis­pues­ta a en­tre­gar su li­ber­tad y su in­for­ma­ción per­so­nal. Esa es la ver­da­de­ra na­tu­ra­le­za del már­ke­ting, siem­pre al ser­vi­cio de las má­qui­nas. —La com­pe­ti­ción ali­men­ta la in­no­va­ción. ¿Al­gu­na vez ha apli­ca­do esa idea en su ca­rre­ra? —La in­ter­pre­ta­ción no es una com­pe­ti­ción, es una coo­pe­ra­ción, una co­la­bo­ra­ción. Se tra­ta de ser útil, de unir fuerzas. La ca­pa­ci­dad de ca­da uno pa­ra aña­dir el tra­ba­jo que el equi­po de una pe­lí­cu­la crea a tu al­re­de­dor es lo que real­men­te de­fi­ne a un ac­tor. So­mos par­te de un equi­po y ja­más sen­ti­ré que es­toy en una com­pe­ti­ción cuando se tra­ta de ac­tuar. Por mi pro­pia ex­pe­rien­cia, que me ayu­da a en­ten­der lo que ocu­rre a mi al­re­de­dor, la am­bi­ción y la mo­ral no se ex­clu­yen, creo que es per­fec­ta­men­te acep­ta­ble ser una per­so­na am­bi­cio­sa. —¿Al­gu­na vez ha mi­ra­do atrás y se ha pre­gun­ta­do por qué hi­zo «La Gue­rra de las Ga­la­xias» o «In­dia­na Jo­nes», unas pe­lí­cu­las que le ca­ta­lo­ga­ron co­mo hé­roe de ac­ción? —Es­toy en es­te ne­go­cio pa­ra ha­cer di­ne­ro. Mi tra­ba­jo es ha­cer di­ne­ro pa­ra los es­tu­dios, te­ner éxi­to en el ci­ne. Ja­más me han preo­cu­pa­do los es­te­reo­ti­pos. To­dos los per­so­na­jes que ha men­cio­na­do me han per­mi­ti­do desa­rro­llar otros pro­yec­tos en mi vi­da, unos pro­yec­tos que dis­fru­to le­jos de mi tra­ba­jo. No me iden­ti­fi­co con la edad que ten­go. No llo­ro por en­ve­je­cer. En ca­sa ten­go un hi­jo de do­ce años que es mi vi­da. No me le­van­to pen­san­do en los años que ten­go. El se­cre­to de mi lon­ge­vi­dad en el ci­ne es que nun­ca he si­do un ac­tor de mo­da. Nun­ca he ha­bla­do de mí, sino de mis pe­lí­cu­las. Nun­ca me he con­ver­ti­do en la mo­da del mes.

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