Los her­ma­nos Pra­da Luengo ase­gu­ran que en su fin­ca de Pe­drou­zos, en Vi­la­mar­tín, na­ció el pri­mer Go­de­llo

De José Ramón Ga­yo­so, bi­sa­bue­lo de Bor­ja y Raúl, ac­tua­les pro­pie­ta­rios de Valdesil, se de­cía en 1.885 que no es­ta­ba bien de la ca­be­za, por­que a na­die se le ocu­rría plan­tar, en una úni­ca fin­ca, la va­rie­dad Go­de­llo. Hoy el pa­so del tiem­po le da la ra­zón a e

La Voz de Galicia (A Coruña) - Gastronomia y Vinos - - En Portada - TEX­TO J. M. ORRIOLS

Mu­chas

son las ra­zo­nes que hoy es­gri­men los her­ma­nos Pra­da Luengo pa­ra de­mos­trar que en la fin­ca de Pe­drou­zos de Vi­la­mar­tín de Val­deo­rras, na­ció el pri­mer Go­de­llo. «Por­que, des­pués de que la fi­lo­xe­ra arra­sa­ra los vi­ñe­dos —ex­pli­ca Bor­ja— a na­die se le ocu­rría plan­tar una úni­ca va­rie­dad. Por­que en los años 70 del si­glo pa­sa­do los téc­ni­cos de ex­ten­sión agra­ria bus­ca­ron Go­de­llo por to­da Galicia y so­la­men­te lo en­con­tra­ron en es­ta fin­ca, uti­li­zan­do la plan­ta­ción pa­ra ini­ciar su re­cu­pe­ra­ción y por­que es una uva muy di­fí­cil de cul­ti­var, lo que su­po­nía un gran ries­go. Pe­ro mi bi­sa­bue­lo cre­yó en ella y hoy las 400 ce­pas que se con­ser­van tie­nen más de 132 años, con una pro­duc­ción muy pe­que­ña, eso si (en­tre 300 y 400 gra­mos por ce­pa), pe­ro que si­guen re­sis­tien­do y ofre­cién­do­nos un vino co­mo es el Pe­zas da Por­te­la, que es uno de los gran­des blan­cos del mun­do».

Una be­bi­da es­pi­ri­tual y má­gi­ca

Esa y otras pe­que­ñas par­ce­las es­ta­ban ahí, pe­ro na­die las tra­ba­ja­ba, has­ta que en el añ 1.982 su pa­dre Fran­cis­co, que t nía una gran ex­pe­rien­cia ad­quir da en La Rio­ja, de­ci­dió re­gre­sar Val­deo­rras y ha­cer­se car­go de l vi­ñas, pa­ra ela­bo­rar vi­nos de clas mun­dial, tan­to de Go­de­llo, com de Men­cía y Ma­ría Ar­do­ña, que e otros lu­ga­res es el Me­ren­zao. «Y na­cí y me crié con el vino —cont núa Bor­ja— vi­vía las ven­di­mias to­das las la­bo­res de la bo­de­ga, p lo que es­te mun­do es real­men­te mío. Siem­pre di­go que es­ta beb da es la que ha­ce di­fe­ren­te al hom bre de los de­más se­res del mund por eso no es ex­tra­ño que s ofre­cie­ra a los dio­ses. Es esp ri­tual y má­gi­ca». Hoy en V la­marrtín de Val­deo­rras, lo her­ma­nos Bor­ja y Raúl, co tan­do con la ayu­da y co­noc mien­tos de su pa­dre, es­tá ela­bo­ran­do vi­nos de muy a ta ca­li­dad, tan­to blan­cos c mo tin­tos «Lo más im­po tan­te-aña­de el bo­de­gu ro- es siem­pre la vi­ña por eso los cui­da­dos d las plan­tas son prior ta­rios. Des­pués, en bo­de­ga, el tra­ta­mie to de las uvas, ha­ce el res­to. En Val­des fui­mos los pri­me­ro en ela­bo­rar el prim blan­co con cria za so­bre lías en ac ro inoxi­da­ble y ah ra es­ta­mos in­mer­so en va­rios en­sa­yos co va­rie­da­des que, aho mis­mo, si­guen sie do des­co­no­ci­dos p ra la ma­yo­ría de lo enó­lo­gos. Muy pro to ten­dre­mos los r

ul­ta­dos. Y fru­to de es­tos exe­ri­men­tos que ya co­men­zó mi adre, po­de­mos de­cir que en 991, cuan­do aún no ha­bía tins de ca­li­dad en Galicia, él emo­te­lló el pri­mer mo­no­va­rie­tal e Me­ren­zao, que no­so­tros llaa­mos Ma­ría Ar­do­ña. Fue enn­ces un éxi­to y abrió el ca­mio a los mu­chos mo­no­va­rie­tas que hoy es­tán en el mer­cao Tam­bién te­ne­mos un tin­to, ni­co en el mun­do, que ela­boa­mos par­tien­do de uvas afec­das por la po­dre­dum­bre no­le. En el lu­gar don­de se proucen hay mu­cha hu­me­dad con eso y las nie­blas del Sil, on­se­gui­mos el es­ta­do que es­ma­mos óp­ti­mo pa­ra lle­var a bo­de­ga. Vi­nos de es­te ti­po e es­tán ofre­cien­do en va­riead blan­cas, pe­ro no tin­tas».

azos da Por­te­la

sta bo­de­ga tie­ne los vi­nos llaa­dos de par­ce­la, por­que de caa fin­ca sa­le un vino di­fe­ren­te, re­ser­van­do, de es­ta for­ma, las arac­te­rís­ti­cas del cli­ma y del rreno, lo que los ha­cen sin­gu­la­res y fá­cil­men­te iden­ti­fi­ca­bles. Por ejem­plo. De las cen­te­na­rias vi­des de Pe­drou­zos sa­le el Pe­zas da Por­te­la, el bu­que in­sig­nia de la bo­de­ga que, ade­más de ela­bo­rar­se con uvas de una al­tí­si­ma ca­li­dad, fru­to de la an­ti­güe­dad de las plan­tas, tie­ne una ela­bo­ra­ción muy pe­cu­liar «Des­pués de una ri­gu­ro­sa se­lec­ción de las ba­yas de Go­de­llo —di­ce Bor­ja— las te­ne­mos en ma­ce­ra­ción 24 ho­ras con su piel en ace­ro inoxi­da­ble. Lue­go pa­san a un pren­sa­do muy sua­ve y el vino lo me­te­mos en ba­rri­cas de ro­ble fran­cés, don­de con­ti­núa su crian­za du­ran­te 132 años

Es­ta vi­des de la fin­ca de Pe­drou­zos, en Vi­la­mar­tín, son ya cen­te­na­rias y su pro­duc­ción, aun­que de al­tí­si­ma ca­li­dad, es mí­ni­ma. va­rios me­ses, con un re­mo­vi­do dia­rio, ase­gu­ran­do, de es­ta for­ma, su lon­ge­vi­dad, has­ta que lo se­pa­ra­mos de la ma­de­ra y vuel­ve al ace­ro inoxi­da­ble an­tes de su em­bo­te­lla­do, don­de, du­ran­te va­rios me­ses, fi­na­li­za su crian­za en bo­de­ga. El re­sul­ta­do es un vino del que nos sen­ti­mos muy or­gu­llo­sos y que es apre­cia­do en to­do el mun­do».

Por otra par­te, en Valdesil tra­ba­jan con ba­rri­cas de ro­ble fran­cés de ma­yor ta­ma­ño que el ha­bi­tual, es­pe­cial­men­te pen­sa­das pa­ra la ela­bo­ra­ción de vi­nos blan­cos que no re­quie­ren fuer­tes tos­ta­dos

Los cal­dos ob­te­ni­dos, se­gún los ex­per­tos, pre­sen­tan una bue­na con­cen­tra­ción tá­ni­ca, que les da po­ten­cial pa­ra en­ve­je­cer. Son den­sos, con aro­mas a ba­yas sil­ves­tres, es­pe­cia­dos y con to­ques mi­ne­ra­les.

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