“Me dis­pa­ra­ron en las pier­nas y mi vi­da cam­bió to­tal­men­te”.

EL REY DEL RE­GUE­TÓN HA PA­SA­DO POR NUES­TRO PAÍS CON UNA GI­RA QUE LE HA DE­JA­DO TIEM­PO PA­RA VI­SI­TAR A LOS NI­ÑOS DE LA UNI­DAD ON­CO­LÓ­GI­CA DEL HOS­PI­TAL DE LA PAZ.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - SUMARIO - POR JO­TA ABRIL FO­TOS: AL­BER­TO BERNÁRDEZ

Me pro­po­nen en­tre­vis­tar a Daddy Yan­kee, el má­xi­mo ex­po­nen­te del re­gue­tón. No es mi mú­si­ca de ca­be­ce­ra, pe­ro me lla­ma la aten­ción co­no­cer al que es sin du­da el hom­bre del mo­men­to. Lle­va ya un tiem­po sién­do­lo, pe­ro aho­ra sal­ta de las lis­tas a los me­dios, des­pués de ha­cer mo­ver las ca­de­ras al más crí­ti­co ca­da vez que sue­na eso de Des­pa­ci­to, ya sa­ben. Ya les ade­lan­to que he que­da­do sor­pren­di­do. Con 40 años re­cién cum­pli­dos, ca­sa­do y con tres hi­jos, Ra­món Luis Ayala Ro­drí­guez –así se lla­ma– es un ti­po con los pies en el sue­lo y una ener­gía po­si­ti­va que re­par­te con su son­ri­sa a to­do el que se acer­ca. Tie­ne his­to­rias que con­tar. Unas du­ras, otras de tra­ba­jo y es­ta úl­ti­ma de re­com­pen­sa: el éxi­to. Na­die le ha re­ga­la­do na­da y

Me he cria­do es­cu­chan­do a Isa­bel Pan­to­ja. Me en­can­ta

aho­ra ma­ne­ja cifras que ya son par­te de la his­to­ria de la mú­si­ca. Pa­ra la en­tre­vis­ta me di­ce que les re­co­mien­de la can­ción Shaky Shaky, uno de sus gran­des éxi­tos. Aten las ca­de­ras y no su­ban mu­cho la mú­si­ca. Aca­ba de lle­gar a nues­tro país pa­ra una in­ten­sa gi­ra que ha lla­ma­do #Ta­moE­nVi­vo. ¿Có­mo ha si­do el re­ci­bi­mien­to en Es­pa­ña? In­creí­ble. Es la pri­me­ra vez que ten­go la opor­tu­ni­dad de que Es­pa­ña me co­noz­ca a es­te ni­vel. He ve­ni­do más ve­ces y he he­cho gi­ras, pe­ro es­ta vez es di­fe­ren­te. Los me­dios es­tán vol­ca­dos con­mi­go. Tam­bién la gen­te es­pa­ño­la a tra­vés de las re­des so­cia­les y los con­cier­tos. Es­toy vi­vien­do mo­men­tos ma­ra­vi­llo­sos. ¿An­tes no era así? ¿Có­mo has vi­vi­do ese cam­bio? Otras ve­ces ha si­do di­fe­ren­te. Ve­nía a can­tar re­gue­tón a la gen­te que lo vi­vía. Aho­ra lo bai­la me­dio mun­do. Ahí es cuan­do te das cuen­ta que to­do va co­mo tie­ne que ir. Re­ci­bes más ca­ri­ño, más aten­ción… Es­pa­ña es muy de ver­dad, muy real. Siem­pre di­go que es­te país o te ama o te vo­mi­ta. Esa sin­ce­ri­dad, sin bulls­hi­teos, me en­can­ta. Y la apre­cio mu­cho. No siem­pre ha si­do tan fá­cil. ¿De dón­de vie­ne Daddy Yan­kee? No. No ha si­do na­da fá­cil. Soy de Puer­to Ri­co, de una fa­mi­lia hu­mil­de en un ba­rrio com­pli­ca­do. Yo iba pa­ra ju­ga­dor de béis­bol. Era una pro­me­sa en las gran­des Li­gas, pe­ro hu­bo un in­ci­den­te en el que me vi en­vuel­to, sin ser yo la per­so­na que bus­ca­ban. Me dis­pa­ra­ron en las pier­nas y mi vi­da cam­bió to­tal­men­te. Ade­más, fui pa­dre con 17 años y me hi­ce hom­bre a la fuer­za. Tu­vis­te que cam­biar los pla­nes… Sí, to­tal­men­te. Yo que­ría es­tu­diar y ha­cer una ca­rre­ra de­por­ti­va, pe­ro no pu­do ser. Te­nía que lle­var di­ne­ro a ca­sa y me cen­tré en la mú­si­ca. Em­pe­cé a can­tar, pe­ro ha­cía mú­si­ca en la que na­die creía. Pue­de de­cir­se que fuis­te el pre­cur­sor del re­gue­tón. Sí. To­tal­men­te y des­de sus ini­cios. La gen­te lo co­no­ce des­de que hi­ce La ga­so­li­na, pe­ro ese fue el mo­men­to en el que se po­pu­la­ri­zó. Hu­bo mu­cho tra­ba­jo an­tes. Daddy Yan­kee ya es­ta­ba en la fun­da­ción del género (ri­sas). No ha­bía opor­tu­ni­da­des y crea­mos el ca­mino des­de ce­ro. Fue du­ro, pe­ro sa­lió bien. ¡Y tan­to! ¿Cuá­les son las cifras reales de ven­tas de Daddy Yan­kie? Aho­ra mis­mo soy nú­me­ro dos mun­dial en Spo­tify. El se­gun­do ar­tis­ta más es­cu­cha­do del mun­do. 11 mi­llo­nes de dis­cos ven­di­dos. Des­pa­ci­to lle­va más de dos mil mi­llo­nes de re­pro­duc­cio­nes en Youtu­be. Se con­ver­ti­rá en bre­ve en el ví­deo más vis­to de la his­to­ria de la mú­si­ca. Los del Río me di­je­ron el otro día que Des­pa­ci­to ha se­gui­do el ca­mino que ellos hi­cie­ron con Ma­ca­re­na. Hu­bo ri­sas, pe­ro ha­bía ri­va­li­dad… (Ri­sas) Lo im­por­tan­te es que la mú­si­ca la­ti­na y en es­pa­ñol, es­tá mar­can­do el rit­mo a ni­vel mun­dial. Con esas cifras, ¿cuál es el pre­mio que más ilu­sión te ha he­cho?

Hi­ce los arre­glos de ‘Des­pa­ci­to’ y cam­bié la can­ción

Sin du­da el nom­bra­mien­to co­mo uno de los his­pa­nos más in­flu­yen­tes del mun­do. Es­tar de los pri­me­ros en esa lis­ta es lo má­xi­mo. Ten­go una du­da so­bre Des­pa­ci­to. Real­men­te, ¿quién es­cri­bió la can­ción? La crea­ción ori­gi­nal es de Luis Fon­si y Eri­ka Ender. Es­tu­vie­ron dos años con el te­ma. Hi­cie­ron mu­chas ver­sio­nes, mu­chos rit­mos di­fe­ren­tes. Un día, Luis Fon­si me lla­mó y me di­jo: «Te en­vío una can­ción, di­me qué te pa­re­ce». La es­cu­ché y me pa­re­ció muy in­tere­san­te, pe­ro sen­tía que le fal­ta­ba al­go. Yo sé que Fon­si me lla­mó por­que sa­bía que fal­ta­ba esa ener­gía y ese al­go que yo po­día apor­tar. Hi­ce mi par­te en el es­tu­dio: el ver­so y el pa­si­to a pa­si­to, que es lo que creo que le fal­ta­ba pa­ra ha­cer gran­de el es­tri­bi­llo. Es­tu­vi­mos de acuer­do en to­do. Él te­nía una can­ción com­ple­ta­men­te di­fe­ren­te y me de­jó arre­glar el te­ma que ellos ha­bían crea­do. ¿Se in­tuía ya que la can­ción iba a ser un éxi­to? Sa­bía­mos que te­nía­mos al­go es­pe­cial, pe­ro esa in­tui­ción fa­lla a ve­ces. En es­te ca­so, no. La mú­si­ca es im­pre­de­ci­ble. No vas a pa­rar en es­tos me­ses dan­do con­cier­tos. ¿có­mo se com­pa­gi­na vi­da fa­mi­liar y es­te éxi­to tan abru­ma­dor? Ten­go tres hi­jos y una mu­jer, Mi­reddys. Soy muy fa­mi­liar. Pa­ra mí es muy di­fí­cil encontrar el ba­lan­ce. Pe­ro es al­go que le pa­sa a mu­chos ar­tis­tas y tam­bién a hom­bres de ne­go­cios. Mis hi­jos, Ya­mi­let­te, Je­remy y Je­saaelys, son ado­les­cen­tes por­que los tu­ve muy jo­ven, pe­ro siem­pre me ape­te­ce pa­rar al­go pa­ra es­tar con ellos. Nues­tra re­la­ción es in­me­jo­ra­ble. To­dos so­mos jó­ve­nes (ri­sas). Aho­ra es­tá en ple­na vo­rá­gi­ne, pe­ro ¿có­mo es un día sin tra­ba­jo pa­ra Daddy Yan­kee? Dis­fru­to mu­cho de la pla­ya. Pa­ra mí es una te­ra­pia. En Puer­to Ri­co te­ne­mos unas pis­ci­nas na­tu­ra­les ex­ce­len­tes. Tam­bién me gus­ta ir en bar­co, ha­cer es­quí acuá­ti­co y pa­rar en is­li­tas pe­que­ñas que te­ne­mos allí en el Ca­ri­be. Y de Es­pa­ña, ¿qué te gus­ta? ¿Has te­ni­do tiem­po a co­no­cer al­go? Sí, me en­can­ta. Me gus­tan los mo­nu­men­tos y ha­cer fo­to­gra-

fías. Den­tro de unos días quie­ro vi­si­tar mu­seos en Madrid. Quie­ro ir al Pra­do. Siem­pre le pi­do a pro­duc­ción que me bus­que un hue­co, pe­ro po­cas ve­ces pue­do. Es­ta vez sí que quie­ro ir. Quie­ro co­no­cer mi his­to­ria. En Puer­to Ri­co de­ci­mos que te­ne­mos la fuer­za afri­ca­na, la no­ble­za taí­na y el orgullo es­pa­ñol. Y de ar­tis­tas es­pa­ño­les, ¿hay al­guno que sea es­pe­cial pa­ra ti? Pues mi­ra, te voy a con­tar una co­sa que creo que no he con­ta­do nun­ca. En mi ho­gar, des­de ni­ño ha ha­bi­do siem­pre mú­si­ca. Pa­ra mi pa­dre era sal­sa caribeña. Siem­pre. A mi ma­má tam­bién le gus­ta­ba la sal­sa, pe­ro es­cu­cha­ba mu­cha mú­si­ca es­pa­ño­la. So­bre to­do Isa­bel Pan­to­ja. Me he cria­do es­cu­chán­do­la, en mi ca­sa siem­pre so­na­ba. ¡Y me en­can­ta! ¡Qué sor­pre­sa! Daddy Yan­kee es fan de Isa­bel Pan­to­ja. Y, ¿te gus­ta­ría co­no­cer­la? ¡Oh! ¡No tie­nes ni idea cuán­to! Isa­bel Pan­to­ja es­tá en mi sub­cons­cien­te (ri­sas). En se­rio. Mi ma­má po­nía su mú­si­ca sin pa­rar. Y la de Ca­mi­lo Ses­to, Rap­hael… pe­ro Isa­bel Pan­to­ja era es­pe­cial pa­ra ella y aho­ra lo es pa­ra mí. Es­tá en mi ADN. Pues ha­brá que or­ga­ni­zar un en­cuen­tro. Me en­can­ta­ría, de ver­dad. De he­cho, lo ha­ré en bre­ve. Me po­nes una can­ción de Pan­to­ja y te la can­to en­te­ra. Y a su hi­jo, Ki­ko Ri­ve­ra, ¿lo co­no­ces? Pues me he en­te­ra­do ha­ce po­co que se hi­zo una fo­to con­mi­go ha­ce años, pe­ro no se atre­vió a de­cir­me que era hi­jo de Isa­bel Pan­to­ja. Ima­gi­na si me lo lle­ga a de­cir. De Es­pa­ña ad­mi­ro a Isa­bel por su pos­tu­ra. Ella es la pos­tu­ra. Tam­bién ad­mi­ro a mi her­ma­na de to­da la vi­da, Na­ta­lia Ji­mé­nez. Te­ne­mos una re­la­ción muy es­tre­cha y la amo, la ado­ro. Y a Ro­sa­rio Flo­res, que es un show. Tie­ne al­go que lla­ma la aten­ción. Esa ener­gía… Com­par­tes for­ma­to con Ro­sa­rio, aun­que en otro país. ¿Qué tal tu aven­tu­ra te­le­vi­si­va? Me gus­tó mu­cho. Es­tu­ve dos tem­po­ra­das de coach en La

Voz Kids allá (en Te­le­mun­do). Aho­ra lo han can­ce­la­do aun­que era lí­der de au­dien­cia, pe­ro creo que hu­bo pro­ble­mas en­tre productoras o al­go así. Pa­re­ce que igual lo re­to­man, pe­ro ten­go ofer­tas de otras co­sas. La te­le­vi­sión me lla­ma la aten­ción siem­pre que no com­pro­me­ta mi ima­gen. Lle­gas­te ha­ce unos días y lo pri­me­ro que hi­cis­te fue acu­dir a un plan que te ha­bían ofre­ci­do des­de la Fun­da­ción Jue­ga­te­ra­pia pa­ra vi­si­tar a unos ni­ños en un cen­tro hos­pi­ta­la­rio. Fue ma­ra­vi­llo­so. Fui­mos al hos­pi­tal de La Paz, a la plan­ta de on­co­lo­gía in­fan­til. Es­tu­ve con ni­ños y ni­ñas que tie­nen cáncer e in­clu­so gra­ba­mos un ví­deo im­pro­vi­sa­do con An­drea, una pre­cio­si­dad de ni­ña que tie­ne cáncer. El ví­deo se ha he­cho vi­ral. Sa­li­mos los dos can­tan­do Des­pa­ci­to. Cuan­do la gen­te de Jue­ga­te­ra­pia me dio las gra­cias, les di­je que era al re­vés, que la opor­tu­ni­dad de ha­ber vi­vi­do ese mo­men­to fue muy es­pe­cial pa­ra los ni­ños, se­gu­ro, pe­ro mu­cho más pa­ra mí. Uno va a dar áni­mo, pe­ro aca­ba sien­do el ani­ma­do. Me pro­pu­se lle­var­les ener­gía con la mú­si­ca y así fue. Les man­do mu­cha fuer­za. Te he oí­do ha­blar con bas­tan­tes ex­pre­sio­nes re­li­gio­sas. ¿Eres cre­yen­te? Sí, por su­pues­to. Yo soy re­li­gio­so y cre­yen­te de Pa­dre, Hi­jo y Es­pí­ri­tu San­to. Es lo que he vi­vi­do siem­pre, En ca­sa so­mos muy cre­yen­tes. Aho­ra mu­chos jó­ve­nes quie­ren con­ver­tir­se al­gún día en Daddy Yan­kee. ¿Tie­nes al­gún con­se­jo que dar­les? Que es­tu­dien. Que el mun­do del en­tre­te­ni­mien­to no es pa­ra to­do el mun­do. Que no se en­ga­ñen. Pri­me­ro edú­ca­te y lue­go ex­plo­ra. Ase­gú­ra­te siem­pre de te­ner una ba­se y lue­go no te de­ten­gas per­si­guien­do tu sue­ño. El cie­lo es el lí­mi­te, pe­ro pri­me­ro es­tá esa ba­se.

la fa­mi­lia Ten­go tres hi­jos y una mu­jer, Mi­reddys. Soy muy fa­mi­liar.

So­bre es­tas lí­neas, Daddy Jan­kee du­ran­te su vi­si­ta con la Fun­da­ción Jue­ga­te­ra­pia al hos­pi­tal de la Paz de Madrid.

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