AN­TO­NIO JO­SÉ

“Al prin­ci­pio, me cru­cé con mu­cho ca­ra­du­ra”.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - SUMARIO - POR J ABRIL. FOTOS: AL­BER­TO BERNÁRDEZ.

Ri­sas. Esa es la pa­la­bra cla­ve en el en­cuen­tro con nues­tro pro­ta­go­nis­ta de es­ta se­ma­na. An­to­nio Jo­sé, así sin ape­lli­do, se ha reivin­di­ca­do co­mo un can­tan­te de los que vie­nen pa­ra que­dar­se. Y es que lle­va to­da la vi­da en­tre es­ce­na­rios y cam­pos de fútbol. La ba­ta­lla la ga­nó su ma­dre. Su pa­dre le veía más en el cam­po de jue­go. Pe­ro los da­tos ha­blan. Ha ga­na­do va­rios con­cur­sos te­le­vi­si­vos y el úl­ti­mo le ha pues­to en to­das las lis­tas mu­si­ca­les de Es­pa­ña. Tres dis­cos en dos años y una le­gión de se­gui­do­ras y se­gui­do­res ha­cen de él ya un ar­tis­ta de pri­me­ra. Se co­no­cie­ron en pla­tó y An­to­nio Orozco se lo que­dó co­mo ahi­ja­do. Aho­ra pu­bli­ca A un

mi­lí­me­tro de ti. Un dis­co del que nos re­co­mien­da Me ha­ces fal­ta pa­ra acom­pa­ñar la lec­tu­ra. Una tar­de agra­da­ble pa­ra co­no­cer un po­co más al hom­bre de la son­ri­sa eter­na que nos cuen­ta có­mo ha si­do el lle­gar has­ta aquí y cuá­les son sus sue­ños. Eres el ar­tis­ta emer­gen­te pop más im­por­tan­te del año. ¿Eso có­mo se lle­va? Pues la ver­dad es que no lo sa­bía ni yo (ri­sas). Es­tos dos años es­tán sien­do una mon­ta­ña ru­sa. Un sue­ño he­cho reali­dad y oja­lá el pú­bli­co si­ga pen­san­do tan bien so­bre mí du­ran­te mu­cho tiem­po pa­ra po­der ser un ar­tis­ta de lar­go re­co­rri­do y sa­car 20 dis­cos más. No tar­da­rías tan­to en sa­car 20 dis­cos, por­que lle­vas tres en dos años…

(ri­sas), pe­ro ha­ble­mos del úl­ti­mo que aca­bas de edi­tar: A un mi­lí­me­tro de ti. Es el más es­pe­cial de to­dos. Me he de­ja­do el al­ma y he da­do más in­clu­so de lo que pen­sa­ba. Es­toy ner­vio­so por­que me mue­ro de ga­nas de que el pú­bli­co lo ten­ga en sus ma­nos y yo ten­ga su res­pues­ta. Es­pe­ro que sal­ga bien. Aca­ba de sa­lir a la ca­lle –3 de no­viem­bre– y, no te en­ga­ño, ten­go bue­nas vi­bra­cio­nes. Aun­que nun­ca se sa­be. Es co­mo las can­cio­nes. Nun­ca sa­bes cuál es ‘la Can­ción’. Crees que tie­nes la me­jor y no funciona, y otra que tie­nes por ahí es­con­di­di­ta aca­ba sien­do un boom. Te voy a ha­cer la pre­gun­ta tres. Lo di­go por­que de­be de ser un nú­me­ro cla­ve pa­ra ti. Re­pre­sen­tas­te a Es­pa­ña en Eu­ro­ju­nior (La 1) en la ter­ce­ra edi­ción, ga­nas­te La Voz (Te­le­cin­co) en su ter­ce­ra edi­ción y es­te es tu ter­cer dis­co. ¿Eres su­pers­ti­cio­so con es­tas co­sas? Pues se me aca­ba de po­ner la piel de ga­lli­na cuan­do lo has di­cho. Vis­to así, oja­lá si­ga la ra­cha y sea es­te ter­cer dis­co el que nos acer­que a mu­chos rin­co­nes del mun­do y nos trai­ga mu­chas ale­grías. Me apun­to el tres co­mo nú­me­ro de la suer­te (ri­sas). So­bre el tí­tu­lo del dis­co, A

un mi­lí­me­tro, ¿de quién? Tie­nes a tus fa­nes con la mos­ca de­trás de la ore­ja. ¡De quien sea! (ri­sas) No, es una can­ción que for­ma par­te del dis­co y le da nom­bre. Es muy es­pe­cial. Ha­blo del amor y del desamor, y tie­ne va­rios des­ti­na­ta­rios. Son per­so­nas de las que nun­ca me quie­ro des­pe­gar. Quie­ro es­tar siem­pre res­pi­rán­do­las. Aña­do a ese gru­po a mis se­gui­do­res que siem­pre es­tán apo­yan­do to­do lo que ha­go. ¿Te cues­ta más es­cri­bir de amor o de desamor? Uy, eso es se­gún el mo­men­to. Bus­co mu­chas his­to­rias sa­lien­do a la ca­lle a bus­car vi­ven­cias mías y de otros. Me sien­to có­mo­do de las dos ma­ne­ras por­que la si­tua­ción me lo pide. Te co­no­ce­mos de ha­ce po­co, pe­ro ya has com­par­ti­do es­ce­na­rio con ar­tis­tas de la ta­lla de

An­to­nio Orozco o Pa­blo López, que ade­más eran dos re­fe­ren­tes pa­ra ti. Pues­tos a so­ñar, ¿con quién te gus­ta­ría com­par­tir ese mo­men­to? Ad­mi­ro mu­cho a Ale­jan­dro Sanz. Me en­can­ta­ría com­par­tir es­ce­na­rio con él. Mi otra ilu­sión era Luis Fon­si y, afor­tu­na­da­men­te, es­te ve­rano tu­ve la suer­te de ha­cer­lo. Tam­bién Pa­blo Al­bo­rán, Tommy To­rres, Ri­car­do Ar­jo­na, Ale­jan­dro Fernández… pe­ro si me pi­des uno, Ale­jan­dro Sanz, sin du­da. Ha­ble­mos so­bre ti. En tu ca­sa ha­bía di­vi­sión de opi­nio­nes. ¿Can­tan­te o fut­bo­lis­ta? Sí. Mi pa­dre me veía más co­mo ju­ga­dor pro­fe­sio­nal de fútbol y mi ma­dre co­mo can­tan­te. Y sa­lió can­tan­te. Las mu­je­res siem­pre ga­nan. Es una gue­rra perdida. Tu ma­dre pu­so em­pe­ño, des­de lue­go. Sí, fue ella la que me pre­sen­tó a La Voz y tam­bién a Eu­ro­ju­nior. Mi ma­dre lla­mó pa­ra pre­sen­tar­me a Eu­ro­ju­nior y el cas­ting es­ta­ba ce­rra­do, pe­ro pude en­trar gra­cias a una ami­ga de mi ma­dre que pre­sen­ta­ba a su hi­ja. Mi ma­dre ha­bló con los res­pon­sa­bles del cas­ting y les di­jo que esa chi­ca iba con un ami­go. «Pues que se ven­ga», di­je­ron. Yo lle­gué tris­te por­que mi abue­la aca­ba­ba de mo­rir. Can­té Por de­ba­jo de la me­sa, de Luis Mi­guel, y Por amar­te

así, de Christian Cas­tro. A la se­ma­na es­ta­ba den­tro. Ya en Ma­drid can­té una can­ción en homenaje a mi abue­la y aca­bé re­pre­sen­tan­do a Es­pa­ña en Eu­ro­ju­nior. ¿Por qué esas dos can­cio­nes y no otras? La de Cas­tro me gus­ta mu­cho, pe­ro la de Luis Mi­guel la te­nía cla­ra. Es la pri­me­ra can­ción que can­té con mi ma­dre en un es­ce­na­rio. ¡Ah! ¿Que tu ma­dre tam­bién can­ta? (Ri­sas) Sí, sí. De ma­ra­vi­lla. Re­cuer­do que con seis o sie­te años fue ella la que me subió du­ran­te un con­cier­to su­yo a can­tar Por de­ba­jo de la me­sa. Pa­só a ser un mo­men­to y una can­ción es­pe­cial pa­ra mí. No to­do fue tan fá­cil. Te he oí­do de­cir: «So­lo mis ami­gos sa­ben por lo que he pa­sa­do». ¿A qué te re­fe­rías? Es que fue­ron mo­men­tos di­fí­ci­les. Yo te­nía diez u on­ce años y to­do cam­bió mu­cho. Mi vi­da lo hi­zo una bar­ba­ri­dad en lo per­so­nal. La gen­te, mis com­pa­ñe­ros y ami­gos no me veían igual. Lo ha­cían con cier­to re­ce­lo y lo pa­sé mal. De re­pen­te, me cos­ta­ba lle­gar con fa­ci­li­dad a los de­más ni­ños. Aho­ra me río de eso, pe­ro esa eta­pa fue du­ra y me sen­tí so­lo. De­jé la mú­si­ca co­mo ob­je­ti­vo du­ran­te un tiem­po. Mi fa­mi­lia y po­co más. La fa­ma me hi­zo has­ta cam­biar de co­le­gio. Me en­se­ñó mu­cho pe­ro fue muy du­ro pa­ra mí. ¿Có­mo te afec­tó a tu ini­cio de ca­rre­ra? Pues mu­cho. Por­que de­jé de la­do la mú­si­ca en pú­bli­co. En mi ca­sa se­guía can­tan­do, pe­ro fue­ra ya no. Di­ga­mos que tu­ve una épo­ca de gloria y lue­go to­do pa­só. Me fui a Se­vi­lla a pre­pa­rar­me pa­ra INEF (la ca­rre­ra de Educación Fí­si­ca) y me cen­tré en es­tu­diar y en el fútbol. Per­dí la con­fian­za pa­ra se­guir en la mú­si­ca des­pués de lle­var cien­tos de ma­que­tas a mu­chas dis­co­grá­fi­cas y per­so­nas que me de­cían que me iban a ayu­dar. «No te preo­cu­pes. ¿Cuán­to di­ne­ro tie­nes?», me de­cían. Fue

An­to­nio Orozco ha si­do un padrino. Tie­ne un co­ra­zón gi­gan­te

jo­di­do y me cru­cé con mu­cho ca­ra­du­ra. Le agra­dez­co la vi­da en­te­ra a mis pa­dres por­que su­pie­ron man­te­ner­me al mar­gen de to­do eso. Pe­ro lo pa­sé mal. Has­ta que tu ma­dre di­jo: «¡Bas­ta ya!». Sí. De­ci­dió que que­da­ba un car­tu­cho por dis­pa­rar. El de La Voz. ¡Pe­ro no me di­jo na­da! Na­da de na­da. Me apun­tó a los cas­tings y me co­men­tó que te­nía­mos que ir a Se­vi­lla a com­prar ro­pa. Me pre­sen­to en Tria­na con ella y me di­ce que te­ne­mos que ir un mo­men­to a un ho­tel a al­go de mi tío, que nos acom­pa­ña­ba. Te­nía 19 años. Ima­gí­na­te mi ca­ra cuan­do lle­go y veo el car­tel de La

Voz. Allí me di­jo que me ha­bía apun­ta­do. Al prin­ci­pio di­je que no, por mie­do. Pe­ro mi ma­dre me con­tes­tó que lo hi­cie­ra por ella y allí que en­tré. No sa­bía qué can­tar e in­ter­pre­té una can­ción de un gru­po me­ji­cano que se lla­ma Reik. Me hi­cie­ron can­tar dos más que no re­cuer­do. A la se­ma­na, Ma­drid. Au­di­cio­nes a cie­gas y el res­to, has­ta aquí. Lo ga­nas­te El sue­ño de mi vi­da. Y fue ga­nar y en­trar por la puer­ta gran­de, por­que no to­dos los que ga­nan con­si­guen una ca­rre­ra co­mo la que es­tás te­nien­do. Sa­lí con mu­chas co­sas po­si­ti­vas. Con la vic­to­ria, cla­ro. Pe­ro tam­bién con gen­te muy im­por­tan­te que for­ma par­te de mi vi­da. An­to­nio Orozco es ya mi ami­go. Fue to­do muy es­pe­cial. Y ha te­ni­do un com­por­ta­mien­to con­mi­go ejem­plar. Me lla­ma, me da con­se­jos, me pre­gun­ta có­mo voy, nun­ca me de­ja. Ha si­do un padrino con to­das las le­tras en ma­yús­cu­las. Tie­ne un co­ra­zón gi­gan­te y ayu­da a to­do el que pue­de. ¿Ha ido ya a Pal­ma del Río, tu pue­blo? Lo ha­bíais ha­bla­do. En ello es­ta­mos. Las agen­das son com­pli­ca­das. Tie­ne mu­chas ga­nas y ven­drá. ¿Có­mo es cuan­do vuel­ves a tu Cór­do­ba, a tu ca­sa? Eso es una ma­ra­vi­lla. Di­fí­cil de ex­pli­car. Or­gu­llo. To­mar­te una cer­ve­za con un ami­go y es­cu­char tu mú­si­ca en el bar con tu gen­te de siem­pre es lo más es­pe­cial del mun­do. Mi pue­blo siem­pre ha es­ta­do ahí apos­tan­do por mí. Si hay que dar un con­cier­to en el Be­ni­to Vi­lla­ma­rín o el Nue­vo Arcángel, ¿qué eli­ges? (An­to­nio Jo­sé es muy del Be­tis). (Ri­sas) Co­ra­zón par­ti­do, pe­ro no hay du­da. To­ca­ría en ca­sa pri­me­ro. Te vi en La Voz si­guien­do al­gún ri­tual an­tes de sa­lir al es­ce­na­rio. ¿Si­gues ha­cién­do­lo? Sí, lle­vo mis estampas de la Vir­gen. Soy cre­yen­te y siem­pre las be­so an­tes de em­pe­zar. Tam­bién ten­go que en­trar con el pie de­re­cho en el es­ce­na­rio, dar dos gri­tos fuertes y a can­tar. ¿Al­gu­na ofer­ta en te­le­vi­sión? ¿Te ape­te­ce­ría? Es­tu­ve con An­to­nio co­mo ju­ra­do en La Voz Kids. Pe­ro aho­ra es­toy cien por cien cen­tra­do en mi dis­co, pa­ra lle­var­lo lo más le­jos po­si­ble. Me gus­ta­ría gi­rar por Su­da­mé­ri­ca si Dios quie­re. ¿Y Ope­ra­ción Triun­fo? Te gus­ta­ría ver­te co­mo in­vi­ta­do mo­ti­van­do a los con­cur­san­tes y can­tan­do. Me en­can­ta­ría. Oja­lá. Se­ría un ex­pe­rien­cia bo­ni­ta. ¿Y Eu­ro­vi­sión? No es al­go que con­tem­ple o que aho­ra mis­mo me mo­ti­ve. Aun­que te di­go eso de: «Nun­ca di­gas nun­ca ja­más». Un sue­ño. No ten­go me­tas. Me pre­gun­ta al­gún se­gui­dor que si lle­vas tú tus re­des, que ven po­co de tu día a día. La lle­vo yo al cien por cien, pe­ro es ver­dad que soy una per­so­na cor­ta­da pa­ra eso. Me da cier­ta ver­güen­za po­ner ca­da mi­nu­to al­go mío. Qui­zá por mie­do a que pien­sen que soy un so­ber­bio.

Y ga­nó ma­má “Mi pa­dre me veía más co­mo fut­bo­lis­ta y mi ma­dre co­mo can­tan­te. Y sa­lió can­tan­te. Las mu­je­res siem­pre ga­nan”.

Ga­nar ‘La Voz’ fue el sue­ño de mi vi­da, di­ce el ar­tis­ta, que aho­ra es ‘coach’ en el pro­gra­ma.

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