MA­RÍA EDI­TE SAN­TOS

LLE­VA AÑOS TRA­TAN­DO DE DE­MOS­TRAR QUE DE SUS EN­CUEN­TROS ÍN­TI­MOS CON JU­LIO IGLE­SIAS NA­CIÓ SU HI­JO JAVIER. HA­BLA­MOS CON MA­RÍA EDI­TE SAN­TOS.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - SUMARIO - POR AU­RE­LIO MAN­ZANO. FO­TOS: ALBERTO BER­NÁR­DEZ.

La ma­dre de JAVIER SAN­TOS, pre­sun­to hi­jo de JU­LIO IGLE­SIAS, se sin­ce­ra.

Es­tá más cer­ca que nun­ca de con­se­guir de­mos­trar su ver­dad: que su hi­jo Javier San­tos lo es tam­bién del can­tan­te Ju­lio Igle­sias. Nos ci­ta­mos con Ma­ría Edi­te San­tos en el co­ra­zón de Ma­drid pa­ra que nos cuen­te có­mo fue aque­lla his­to­ria de amor y qué sen­sa­ción tie­ne aho­ra que el test de ADN de­ja cla­ro que Javier es un Igle­sias. ¿Có­mo y cuan­do co­no­ció a Ju­lio Igle­sias? Fue en 1975. Es­ta­ba re­cién lle­ga­ba de Por­tu­gal y coin­ci­di­mos en una sa­la en Ta­rra­go­na, don­de yo era bai­la­ri­na y él can­ta­ba. Des­de el prin­ci­pio, hu­bo una quí­mi­ca muy fuer­te en­tre am­bos. ¿Có­mo fue­ron los pri­me­ros en­cuen­tros? Él in­sis­tió mu­chas ve­ces, lla­man­do a la sa­la don­de tra­ba­ja­ba. Un día, ha­bla­mos y co­men­za­mos a que­dar en una ca­sa de su pro­pie­dad. Al prin­ci­pio, me sor­pren­dí, por­que no era una ca­sa vi­vi­da. No ha­bía fo­tos ni ob­je­tos de­co­ra­ti­vos… ¿Cuán­tos en­cuen­tros man­tu­vie­ron? Al­re­de­dor de diez. Es­po­rá­di­cos. ¿Có­mo era Ju­lio en esa épo­ca? La ver­dad, es que muy ca­ba­lle­ro­so, ca­ri­ño­so y de­ta­llis­ta. Un con­quis­ta­dor na­to. ¿Sa­be que cir­cu­la una le­yen­da que di­ce que se ha acos­ta­do con más de 3.000 mu­je­res? Bueno, creo que es más le­yen­da que reali­dad. ¿Y có­mo era él en la in­ti­mi­dad? No te voy a dar de­ta­lles, pe­ro es­ta­ba bien. ¿Lo su­yo fue se­xo por se­xo o hu­bo al­go más? No­so­tros ha­cía­mos el amor. ¿Lle­gó a enamo­rar­se de Ju­lio Igle­sias? Nun­ca me enamo­ré. Ni de él ni de na­die. Mis úni­cos amo­res son mis hi­jos. ¿Se plan­teó al­gu­na vez man­te­ner una re­la­ción es­ta­ble con Ju­lio? No. No me dio tiem­po. To­do pa­só muy rá­pi­do. ¿Por qué y cuan­do se ter­mi­nó su re­la­ción?

Nun­ca me enamo­ré, ni de Ju­lio Igle­sias ni de na­die

Un día, Isa­bel Preys­ler vino a ver­le a la sa­la don­de tra­ba­já­ba­mos, y cuan­do yo pre­gun­té quién era aque­lla mu­jer, me di­je­ron que era su es­po­sa. Me en­fa­dé mu­cho y nun­ca más qui­se ver­lo. ¿No sa­bía que él era un hom­bre ca­sa­do? No. Ju­lio no era tan fa­mo­so en esa épo­ca co­mo aho­ra y, co­mo yo no vi­vía en Es­pa­ña, no lo sa­bía. ¿Cuán­do se en­te­ró de que se ha­bía que­da­do em­ba­ra­za­da? A los dos me­ses. Nun­ca me hi­ce un exa­men mé­di­co. Sim­ple­men­te, lo su­pe y ti­re pa­ra ade­lan­te. ¿Y cuán­do se lo di­jo? Nun­ca más vol­ví a te­ner con­tac­to con él. Da­te cuen­ta que, en aque­lla épo­ca, era más com­pli­ca­do. No ha­bía mó­vi­les ni In­ter­net. Cuan­do mi hi­jo te­nía un año, Ju­lio se re­en­con­tró con mis an­ti­guas com­pa­ñe­ras y, a una de ellas, le pre­gun­tó por mi: «¿Dón­de es­tá la por­tu­gue­si­ña?» –así me lla­ma­ba él–, pre­gun­tó. Mi ami­ga le di­jo que yo ha­bía te­ni­do un hi­jo su­yo. ¿Y cuál fue su reac­ción? Se­gún me con­tó mi com­pa­ñe­ra, él cam­bio de te­ma y no pre­gun­tó na­da más. ¿Cuán­do de­ci­dió que era el mo­men­to de de­cir­le a su hi­jo quién era su pa­dre? Fue muy com­pli­ca­do. Yo te­nía 20 años cuan­do tu­ve a Javier. Es­pe­ré a que tu­vie­ra 13 años y, con la ayu­da de una bue­na ami­ga que siem­pre me apo­yó dán­do­me tra­ba­jo en un res­tau­ran­te –des­pués de que­dar em­ba­ra­za­da me tu­ve que re­ti­rar del bai­le–, se lo di­je. Al prin­ci­pio, lo pa­só muy mal. Y los pri­me­ros años fue­ron muy di­fí­ci­les. In­clu­so su­frió bull­ying en el co­le­gio. Pa­san los años y, a prin­ci­pios de los 90, cuan­do Javier era me­nor de edad, us­ted in­ter­po­ne la pri­me­ra de­man­da de pa­ter­ni­dad con­tra Ju­lio Igle­sias. ¿Por qué?

Yo fui a ver a Ju­lio, con mi hi­jo, a un con­cier­to en Va­len­cia. In­ge­nián­do­me­las, lo­gré en­trar a la zo­na de ca­me­ri­nos y, en lu­gar de en­con­trar­me con él, vi a su pa­dre. Le di­je que Javier era su nie­to y que que­ría ver­le. In­me­dia­ta­men­te, me echa­ron de ma­las for­mas. Me sen­tí tan hu­mi­lla­da, que de­ci­dí que era el mo­men­to. Aque­lla de­man­da, a pe­sar de dar­le la ra­zón, fue anu­la­da por un tri­bu­nal por de­fec­tos de for­mas. Yo ha­bía ga­na­do en pri­me­ra ins­tan­cia y, en el re­cur­so, Ju­lio pre­sen­tó tres tes­ti­gos que ase­gu­ra­ron que se ha­bían acos­ta­do con­mi­go cuan­do me que­dé em­ba­ra­za­da. El juez les cre­yó y anu­ló la sen­ten­cia. Me vi­ne aba­jo y allí co­men­zó mi de­cli­ve. ¿Qué su­ce­dió? Me sen­tí muy mal. Caí en una gran de­pre­sión e, in­clu­so, tra­te de qui­tar­me la vi­da. No en­ten­día por qué la jus­ti­cia no me da­ba la ra­zón. Hu­bo mu­cha gen­te, tam­bién me­dios de co­mu­ni­ca­ción, que me ata­ca­ban sin pie­dad. In­clu­so, lle­ga­ron a de­cir que era una pros­ti­tu­ta. ¿Quié­nes han si­do sus gran­des apo­yos du­ran­te es­tos años? Han si­do años muy com­pli­ca­dos, pe­ro mis hi­jos han si­do mi gran apo­yo y mi es­tí­mu­lo pa­ra se­guir lu­chan­do. De he­cho, co­men­cé a es­tu­diar De­re­cho cuan­do re­vo­ca­ron la pri­me­ra sen­ten­cia pa­ra en­ten­der por qué ha­bía pa­sa­do to­do es­to. Aho­ra, un juez ha ad­mi­ti­do su de­man­da. ¿Qué es lo que es­pe­ra? Que se ha­ga jus­ti­cia. Pa­ra no­so­tros, ya el he­cho de que las prue­bas que se co­te­ja­ron con el ADN de Ju­lio Jo­sé ha­yan da­do un 99.9 de fia­bi­li­dad es un triun­fo. Ha si­do el me­jor re­ga­lo. ¿Bus­can fa­ma o di­ne­ro? No­so­tros nun­ca qui­si­mos ser fa­mo­sos. La­men­ta­ble­men­te, tu­vi­mos que re­cu­rrir a los me­dios pa­ra que nues­tra his­to­ria se co­no­cie­ra. En re­la­ción al di­ne­ro, no te voy a men­tir. Por su­pues­to que re­cla­ma­re­mos lo que le co­rres­pon­da a Javier. Él es uno más, co­mo sus her­ma­nos. ¿Qué pla­nes de fu­tu­ro se ha mar­ca­do? Me gus­ta­ría re­edi­tar el li­bro que ya es­cri­bí en su mo­men­to, con­tan­do to­do lo que he pa­sa­do des­de en­ton­ces y con el fi­nal fe­liz. Un fi­nal don­de triun­fa­rá la ver­dad. ¿Guar­da ren­cor a Ju­lio? Le he per­do­na­do, aun­que no ol­vi­do lo que he pa­sa­do. Cuan­do le ve po­san­do con sus hi­jos, ves­ti­dos de blan­co, ¿qué pien­sa? Que es una gran fa­cha­da. Al­guien que es un buen pa­dre no ha­ce lo que él hi­zo. Si pu­die­ra ver­le de nue­vo y te­ner­le ca­ra a ca­ra, ¿qué le di­ría? Le da­ría las gra­cias por dar­me a mi hi­jo. Y le di­ría: «Ju­lio, ¡ya es­tá bien!». Es la ho­ra y el tiem­po pa­ra cum­plir con tu de­ber de pa­dre. Me gus­ta­ría que co­no­cie­ra a Javier. Mi hi­jo no pi­dió ser su hi­jo, pe­ro esa es la reali­dad. Javier es un Igle­sias.

Nun­ca qui­si­mos ser fa­mo­sos, pe­ro tu­vi­mos que re­cu­rrir a los me­dios

¿y có­mo es él? “La ver­dad es que Ju­lio era muy ca­ba­lle­ro­so, ca­ri­ño­so y de­ta­llis­ta. Un con­quis­ta­dor na­to”.

ES­TI­LIS­MO: MAR RUZAFA VES­TUA­RIO: TERIA YABAR STE­VE MADDEN

“Man­tu­vi­mos unos diez en­cuen­tros es­po­rá­di­cos. No voy a dar de­ta­lles, pe­ro es­ta­ba bien”, di­ce Edi­te so­bre su re­la­ción con Ju­lio. A la iz­da., jun­to a su hi­jo. en la in­ti­mi­dad

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