Si­len­cios es­tri­den­tes en la cam­pa­ña de las elec­cio­nes pri­ma­rias en el PS­deG

La Voz de Galicia (Lugo) - Lugo local - - LUGO - ENRIQUE G. SOU­TO

Una vez asu­mi­do que «po­lí­ti­cos y pe­rio­dis­tas com­par­ten el tris­te des­tino de te­ner que ha­blar hoy ya de co­sas que has­ta ma­ña­na no com­pren­de­rán to­tal­men­te», es más di­fí­cil en­ten­der por qué en las fi­las so­cia­lis­tas hay tan­to no­ta­ble que no aca­ba de de­can­tar­se pú­bli­ca­men­te por uno de los tres can­di­da­tos a la se­cre­ta­ría ge­ne­ral del PS­deG. Hel­mut Sch­midt, al que se atri­bu­ye la re­fle­xión so­bre po­lí­ti­cos y pe­rio­dis­tas que que­da re­se­ña­da, es uno de los es­pe­jos en los que se mi­ra­ron los so­cial­de­mó­cra­tas del mun­do du­ran­te años y años. Si los so­cia­lis­tas ga­lle­gos, en ge­ne­ral, y los lu­cen­ses en par­ti­cu­lar, to­ma­sen no­ta de cuan­to dijo ese ale­mán, qui­zá el PS­deG no es­ta­ría en la tris­te si­tua­ción en la que es­tá. Fren­te al pru­den­te si­len­cio zo­rruno del po­lí­ti­co, Sch­midt alu­de a lo inevi­ta­ble (des­tino) de ha­blar de lo in­cier­to. Por ejem­plo, del re­sul­ta­do de las pri­ma­rias y de de­jar cla­ro con quién es­tá ca­da uno.

Fe­li­pe Gon­zá­lez hi­zo del PSOE una gran má­qui­na de ocu­pa­ción de po­der en Es­pa­ña. Pe­ro ol­vi­dó in­ten­cio­na­da­men­te ha­cer par­ti­do. Y des­de en­ton­ces, el PSOE, co­mo or­ga­ni­za­ción, no ha de­ja­do de ir de ca­be­za. En Lu­go se apre­cia muy bien qué le pa­só. Des­de que en 1999 Ló­pez Oroz­co con­si­guió, por pri­me­ra vez en el ac­tual pe­río­do de­mo­crá­ti­co, la al­cal­día pa­ra el PS­deG, la vi­da de par­ti­do en la agru­pa­ción lo­cal se fue di­lu­yen­do. Pa­ra qué vi­da de par­ti­do si ya se tie­ne el po­der? Y así, has­ta hoy y pro­ba­ble­men­te en ade­lan­te. Es co­sa de ver có­mo quie­nes tie­nes res­pon­sa­bi­li­da­des ins­ti­tu­cio­na­les evi­tan acla­rar a cuál de los tres can­di­da­tos dan su apo­yo pa­ra la se­cre­ta­ría ge­ne­ral del par­ti­do en Ga­li­cia. Con el pre­tex­to de la neu­tra­li­dad, ca­llan a la es­pe­ra de ver por dón­de van los ti­ros. Un error de cálcu­lo po­dría ser fa­tal pa­ra su fu­tu­ro po­lí­ti­co; hay quien tie­ne po­co fu­tu­ro en otro ám­bi­to y otros que vi­ven más có­mo­dos en la pol­tro­na ins­ti­tu­cio­nal que en sus ocu­pa­cio­nes pro­fe­sio­na­les.

Los mi­li­tan­tes de a pie ob­ser­van có­mo ca­llan sus pre­fe­ren­cias aque­llos que los re­pre­sen­tan en las ins­ti­tu­cio­nes y se vuel­ven más y más es­cép­ti­cos. En el PSOE, tam­bién en Lu­go, fal­ta cul­tu­ra de par­ti­do, según diag­nós­ti­co del ve­te­rano so­cia­lis­ta que es Díaz Gran­dío. Lo de­mues­tra el es­tri­den­te si­len­cio de al­gu­nos so­cia­lis­tas con car­go ins­ti­tu­cio­nal, que ol­vi­dan el avi­so de Sch­midt.

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