Una tien­da de opor­tu­ni­da­des en A Mi­la­gro­sa co­lo­có un con­tro­ver­ti­do escaparate

To­do lo ex­pues­to es­tá a la ven­ta: el vehícu­lo fu­ne­ra­rio, 4.000 eu­ros; los fé­re­tros des­ca­ta­lo­ga­dos, 500

La Voz de Galicia (Lugo) - Lugo local - - PORTADA - XO­SÉ CA­RREI­RA

El escaparate del te­rror. No es el nom­bre de una atrac­ción del San Froi­lán, es el mon­ta­je pre­pa­ra­do por una tien­da lu­cen­se de ar­tícu­los de se­gun­da mano que ce­le­bra el día de los muer­tos con­vir­tien­do una de sus gran­des vi­tri­nas en ce­men­te­rio. Va­rias tum­bas de ver­dad, un co­che fú­ne­bre real, una lápida ta­lla­da en can­te­ría y co­ro­nas pro­vo­can que los tran­seún­tes más asus­ta­di­zos se ale­jen con pa­so rá­pi­do. Y lo peor fal­ta­ba por lle­gar. Ayer por la tar­de es­ta­ban «me­ca­ni­zan­do» al «muer­to» que es­ta­ba en el in­te­rior del fé­re­tro que trans­por­ta el co­che fu­ne­ra­rio pa­ra que en pe­que­ños in­ter­va­los de tiem­po se le­van­ta­ra por la no­che en­cen­dien­do unas lu­ces en sus ojos.

«El cin­cuen­ta por cien­to del pú­bli­co es­tá a fa­vor y otro tan­to en con­tra», cuan­ti­fi­ca Ma­nuel Alon­so, de Me­gaem­pe­ños, un es­ta­ble­ci­mien­to ubi­ca­do en el ba­rrio de A Mi­la­gro­sa, en el que pue­de en­con­trar­se de to­do. «Es de un mal gus­to in­creí­ble», co­men­tó una mu­jer que ayer por la tar­de se to­pó con el escaparate. El res­pon­sa­ble del es­ta­ble­ci­mien­to sa­bía que la po­día «liar, por­que la crea­ti­vi­dad no siem­pre es bien en­ten­di­da». Es­te em­pre­sa­rio ad­vier­te: «No es una fal­ta de res­pe­to, ni mu­cho me­nos. Lo plan­tea­mos co­mo al­go sim­pá­ti­co, sin dra­ma­tis­mo. El escaparate, des­de lue­go, no de­ja in­di­fe­ren­te a na­die. Es un mon­ta­je po­lé­mi­co que ge­ne­ra ex­pec­ta­ción, que era lo que real­men­te pre­ten­día­mos».

Los tres fé­re­tros fue­ron sal­da­dos por una fu­ne­ra­ria. Se tra­ta de mo­de­los an­ti­guos, pe­ro con un una es­té­ti­ca que bus­can al­gu­nas per­so­nas, se­gún el res­pon­sa­ble del es­ta­ble­ci­mien­to. «Lo que cree­mos que no se ven­de, rá­pi­da­men­te en­cuen­tra com­pra­dor. Hay pú­bli­co pa­ra to­do», apun­tó Ma­nuel Alon­so. Al­gu­nos fri­kis aca­ba­rán lle­ván­do­se­los jun­to con un jue­go de es­pec­ta­cu­la­res can­de­la­bros de los que se po­nían an­tes en las ca­be­ce­ras de las tum­bas y con un ta­piz co­mo fon­do. Es­ta era la es­té­ti­ca de la épo­ca pre ta­na­to­rios, cuan­do los muer­tos se ve­la­ban en los co­me­do­res o sa­lo­nes de las ca­sas.

«En una fu­ne­ra­ria, no se con­si­gue una ca­ja de las más cu­tres por mil eu­ros. Aquí, te la lle­vas por 500», in­di­ca con afán de co­mer­cian­te Ma­nuel Alon­so.

Si al­guien se em­pe­ña en te­ner un co­che fú­ne­bre, el pre­cio del que ex­po­nen en la tien­da es de 4.000 eu­ros. Es un Seat 131 del año 1979. Es­tá del trin­que, se­gún el ven­de­dor, por­que aun­que tie­ne mu­chos via­jes a los ce­men­te­rios, su mar­ca­dor so­lo con­ta­bi­li­zó 25.000 ki­ló­me­tros.

¿Y pa­ra qué quie­re al­guien que no sea del sec­tor fu­ne­ra­rio un co­che fú­ne­bre? «Pues en ciu­da­des de men­te abier­ta, por ejem­plo, pa­ra cam­pa­ñas de pu­bli­ci­dad. Si tie­nes un co­mer­cio o em­pre­sa, lle­nas el co­che con tus pro­duc­tos y lo pa­seas por to­da la ciu­dad. Se­gu­ro que con­si­gues que se fi­jen en lo que ofre­ces», apun­ta Alon­so. Tam­bién le ve uti­li­dad al co­che pa­ra ir de cám­ping, por ejem­plo. Si ca­be una tum­ba, en­tra tam­bién una bue­na col­cho­ne­ta pa­ra dor­mir.

La lápida ta­lla­da en can­te­ría es­ta­ba «apar­ca­da» en una ca­sa de Sa­rria, la car­ga­ron y aho­ra la ex­hi­ben en el co­mer­cio de A Mi­la­gro­sa. Las vie­jas co­ro­nas fue­ron do­na­das por al­guien que las re­ti­ró de un panteón.

«To­do es­to —di­jo el pro­mo­tor del escaparate— es po­si­ble gra­cias al gran equi­po de per­so­nal que ten­go en la tien­da que con­tro­la mu­cho y po­ne to­do su in­ge­nio pa­ra atraer la aten­ción del pú­bli­co».

FOTOS: CARLOS CASTRO

Imá­ge­nes con­tro­ver­ti­das. El escaparate es des­agra­da­ble pa­ra mu­chos y lla­ma­ti­vo pa­ra otros. En la tien­da ase­gu­ran que se lo «cu­rra­ron» a fon­do y que la in­ten­ción no es la de ser irres­pe­tuo­sos, sim­ple­men­te quie­ren cap­tar la aten­ción del pú­bli­co.

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