EL SUPERVILLANO DE LA CRI­SIS

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - ACTUALIDAD - Ri­chard Fuld EL ÚL­TI­MO PRE­SI­DEN­TE DE LEH­MAN BROT­HERS

Di­ri­gía el ban­co con mano de hierro. No ha­bía na­die más arro­gan­te y des­pia­da­do que él en to­do Wall Street. Que ya es de­cir. Su apo­do, el Go­ri­la, lo di­ce to­do. Pa­sea­ba or­gu­llo­so sus éxi­tos allá don­de fue­se. Que pa­ra al­go man­da­ba en una fir­ma que ba­jo su ba­tu­ta, y des­de me­dia­dos de los no­ven­ta, no ha­bía he­cho otra co­sa que re­cu­pe­rar es­plen­do­res pa­sa­dos, y por lo que co­bra­ba 17.000 eu­ros a la ho­ra.

Se creía in­to­ca­ble. Pe­ro no lo era. Te­nía los pies de ba­rro, co­rroí­dos por años de ex­ce­sos. Co­mo la en­ti­dad que pi­lo­ta­ba.

Y to­do aquel es­plen­dor se vino aba­jo una ma­ña­na de sep­tiem­bre. Hi­zo de eso ayer 10 años. Era lu­nes. Ese día, des­pués de un fin de se­ma­na de agó­ni­cas ne­go­cia­cio­nes que no lle­ga­ron a na­da, el has­ta en­ton­ces to­do­po­de­ro­so Ri­chard Fuld (Nue­va York, 1946) aga­cha­ba las ore­jas y pa­sa­ba por el aro de la quie­bra de Leh­man Brot­hers, la ma­yor ban­ca­rro­ta de la his­to­ria.

Lle­gó a la cima del ban­co en 1993, cuan­do per­día 102 mi­llo­nes; y, diez años des­pués, ya ga­na­ba 1.700. Pe­ro no le bas­ta­ba. Que­ría más. Na­da de ser el cuar­to ban­co de in­ver­sión de Es­ta­dos Uni­dos. Lo que él am­bi­cio­na­ba era el trono de Gold­man Sachs. So­ña­ba con ser el pri­me­ro. Y no re­pa­ró en los ries­gos pa­ra al­can­zar su de­seo. Así le fue.

A él y a to­do el pla­ne­ta. Por­que la caída de Leh­man, aban­do­na­do a su suer­te por las au­to­ri­da­des es­ta­dou­ni­den­ses, fue el de­to­nan­te de una cri­sis que aca­bó de­ri­van­do en la peor de las re­ce­sio­nes des­de la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial.

Y mu­cho tu­vie­ron que ver, di­cen, las to­ne­la­das de arro­gan­cia de Fuld en eso de que to­dos los que po­dían ha­ber­le ayu­da­do le die­ran la es­pal­da, de­ján­do­lo so­lo an­te el pe­li­gro: ¿Quién era Henry Paul­son —secretario del Tesoro en­ton­ces y ex-Gold­man— pa­ra de­cir­le a él lo que te­nía que ha­cer? ¿O Ben Ber­nan­ke, pre­si­den­te de la Re­ser­va Fe­de­ral? So­lo él sa­bía lo que va­lía Leh­many no iba a mal­ven­der­lo. Al fi­nal, se que­dó sin ban­co. Se que­ja­ba amar­ga­men­te al­gún tiem­po des­pués Fuld de ha­ber­se con­ver­ti­do en «el hom­bre más odia­do de Amé­ri­ca». «El vi­llano de la pe­lí­cu­la», co­mo lo des­cri­bió un miem­bro del Par­ti­do Re­pu­bli­cano du­ran­te la fa­mo­sa com­pa­re­cen­cia del ex­pre­si­den­te de Leh­man en el Con­gre­so, en la que no asu­mió nin­gu­na culpa en el desas­tre, y a cu­ya lle­ga­da tu­vo que es­cu­char los in­sul­tos y abu­cheos de los allí con­gre­ga­dos. Él, que lo ha­bía si­do to­do en Wall Street.

Des­pués de la tor­men­ta, Fuld tu­vo que ven­der su lu­jo­so apar­ta­men­to de Park Ave­nue, mu­chas de las obras de su co­lec­ción de ar­te, y re­nun­ciar a lo de te­ner un avión pri­va­do. Pe­ro, no su­fran, no ha pa­sa­do a en­gro­sar las co­las de los co­me­do­res so­cia­les ni tra­ba­ja en una ham­bur­gue­se­ría por un suel­do mí­se­ro. Sigue te­nien­do va­rias man­sio­nes (una en Flo­ri­da y otra en Con­nec­ti­cut) y un ran­cho en Idaho de 162.000 me­tros cua­dra­dos. Y tras años ocul­tán­do­se de la mi­ra­da pú­bli­ca, aho­ra di­ri­ge la fir­ma de ges­tión de pa­tri­mo­nios y ac­ti­vos Ma­trix Pri­va­te Ca­pi­tal Group. Co­mo lo leen. Lo de ban­que­ros arro­ján­do­se por las ven­ta­nas se que­dó en el 29.

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