El per­so­na­je.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario - POR Virginia Dra­ke FO­TO­GRA­FÍA Ma­rio Sie­rra ES­TI­LIS­MO Eli­sa de Juan MA­QUI­LLA­JE Go­yo Ace­ve­do PE­LU­QUE­RÍA Cri­san­to

Lour­des Mon­tes nos da las claves del ma­qui­lla­je per­fec­to pa­ra ca­da una de las ce­le­bra­cio­nes del fi­nal de año. Nos de­mues­tra, ade­más, que es mu­cho más que la mu­jer de Francisco Ri­ve­ra.

FAL­DA de cua­dros, de Coosy; TOP de ter­cio­pe­lo azul, de Oys­ho; PEN­DIEN­TES, de Ra­bat; y ANI­LLO, de Ali­bey.

Que­ría es­tu­diar His­to­ria, vi­vir en Ita­lia y ni se plan­tea­ba for­mar una familia. Mu­cho me­nos una bo­da por to­do lo al­to en pa­pel cu­ché. Lour­des Mon­tes es más que la mu­jer de Francisco Ri­ve­ra... y lo de­mues­tra en es­ta en­tre­vis­ta, don­de po­sa con las pro­pues­tas de ma­qui­lla­je de Cli­ni­que pa­ra es­tas Na­vi­da­des.

HA­BLA ca­si su­su­rran­do, es dul­ce y ca­ma­leó­ni­ca. Pue­de pa­sar inad­ver­ti­da o con­ver­tir­se en una mu­jer de ban­de­ra que po­sa y mi­ra a cá­ma­ra sin re­mil­gos. Su re­la­ción con la pren­sa es com­pli­ca­da: la so­por­ta, pa­de­ce y dis­fru­ta a par­tes igua­les. Des­de su no­viaz­go con Francisco Ri­ve­ra, pres­ta su ima­gen a gran­des fir­mas, pe­ro se sien­te agre­di­da por quie­nes opi­nan de ella sin ape­nas co­no­cer­la. Por con­se­jo de su ma­ri­do, ni ve ni oye los pro­gra­mas del co­ra­zón, y mu­cho me­nos co­men­ta cier­tos te­mas. Por eso, Lour­des sien­ta sus con­di­cio­nes an­tes de em­pe­zar es­ta en­tre­vis­ta. Lour­des Mon­tes. Si me pre­gun­tas por la re­la­ción de Francisco y su her­mano Ju­lián no te voy a con­tes­tar; ni tam­po­co por su re­la­ción con los Al­ba. So­bre es­tos te­mas nun­ca con­tes­to. Xlse­ma­nal. ¿De qué quie­re que ha­ble­mos? L.M. Nun­ca me pre­gun­táis so­bre mí, siem­pre lo ha­céis so­bre la mu­jer de Francisco Ri­ve­ra. Y soy la mu­jer de Francisco des­de ha­ce 3 años, pe­ro los otros 28 pa­re­ce que no exis­ten. XL. Va­mos a ello. Su ma­dre es­tu­dió Me­di­ci­na y us­ted, De­re­cho. L.M. Mi ma­dre es mé­di­ca, pe­ro no ejer­ce: tra­ba­ja en la Jun­ta de An­da­lu­cía. Yo me que­dé con ga­nas de es­tu­diar His­to­ria, pe­ro, co­mo to­dos me de­cían que es­tu­dia­ra al­go con más sa­li­das, aca­bé ha­cien­do De­re­cho. XL. ¿Y su pa­dre? L.M. Era abo­ga­do, mu­rió de un in­far­to cuan­do yo te­nía 12 años. Vi­vía­mos en Ma­drid y nos vol­vi­mos a Se­vi­lla. No ten­go un trau­ma de ese mo­men­to,

"De pron­to, te ves en una re­vis­ta del co­ra­zón y te di­ces: '¿Qué es es­to? ¿qué ha­go aquí?' En­ton­ces se­guí el con­se­jo de Fran: no leer y no ver, y que la gen­te que te ro­dea no te cuen­te na­da"

a mi pa­dre lo he echa­do de me­nos des­pués, ya de ma­yor, por­que lo veía­mos muy po­co; tra­ba­ja­ba mu­cho. XL. ¿Sus her­ma­nos tam­bién es­tu­dia­ron? L.M. Sí; mi her­mano, Cu­rro, es abo­ga­do y mi her­ma­na es­tá ter­mi­nan­do Psi­co­lo­gía. Yo soy la ma­yor por to­dos los la­dos: pri­me­ra hi­ja, pri­me­ra nie­ta, pri­me­ra so­bri­na… XL. ¿Muy mi­ma­da? L.M. Muy mi­ma­da y muy es­pa­bi­la­da por­que siem­pre es­ta­ba en­tre ma­yo­res. XL. Y muy res­pon­sa­ble, se­gu­ro. L.M. Mu­cho. Mi ma­dre no ha te­ni­do de­ma­sia­dos pro­ble­mas con­mi­go. Nun­ca ha­cía na­da ra­ro. XL. ¿Se pa­re­ce en al­go la vi­da que lle­va a la que so­ña­ba? L.M. ¡En na­da! Yo que­ría es­tu­diar His­to­ria, vi­vir en Ita­lia, no me plan­tea­ba eso de ‘hi­jos-fa­mi­liama­ri­do’… Y, al fi­nal: ni es­tu­dié His­to­ria ni me fui de ca­sa ni vi­ví en Ita­lia, y me ca­sé y ten­go hi­ja y ma­ri­do. Cuan­do conoces a al­guien que te apor­ta to­do lo que te fal­ta, te vuel­ves más con­for­mis­ta. ¡Pe­ro soy su­per­fe­liz! XL. Una mu­jer tra­di­cio­nal. L.M. En el mo­do de vi­da, sí; pe­ro, lue­go, en la ca­be­za no tan­to por­que no me he es­tan­ca­do. XL. ¿Qué hi­zo al ter­mi­nar De­re­cho? L.M. Es­tu­ve un año pre­pa­ran­do opo­si­cio­nes pa­ra la Jun­ta de An­da­lu­cía. XL. ¿Co­mo su ma­dre? L.M. Sí: una vi­da co­mo­dí­si­ma, de ocho a tres, con un suel­do muy bueno; pe­ro me hu­bie­ra amar­ga­do.

"Mi ma­dre me de­cía que de­ja­ra a Fran: 'Por fa­vor, de­ja a es­te se­ñor'. ¡Es­ta­ba ho­rro­ri­za­da! Aho­ra lo ado­ra"

XL. ¿Su ma­dre es­tá amar­ga­da? L.M. No, ella es­tá en­can­ta­da por­que le gus­ta su tra­ba­jo, to­do nú­me­ros y cuen­tas. XL. ¿Qué pa­só con su opo­si­ción? L.M. Sus­pen­dí y, cuan­do iba a pre­sen­tar­me por se­gun­da vez, me fui una se­ma­na con tres ami­gas al Ca­mino de Santiago y ahí cam­bió mi vi­da: de­jé la opo­si­ción y se me re­vo­lu­cio­nó to­do en la ca­be­za. XL. ¿A sus ami­gas tam­bién? L.M. No, so­lo a mí. Al vol­ver, em­pe­za­ba la Fe­ria de Se­vi­lla y le di­je a mi ma­dre: «Yo me voy a po­ner la flor y no voy más al pre­pa­ra­dor». ¡Y co­no­cí a Fran en esa fe­ria! XL. Cuan­do se ca­sa­ron, de­jó de tra­ba­jar en el des­pa­cho. L.M. Fran via­ja mu­chí­si­mo y era muy com­pli­ca­do se­guir ese rit­mo des­de las nue­ve de la ma­ña­na has­ta las ocho de la no­che. Me di cuen­ta de que así no era fe­liz y de­ci­dí in­ten­tar otra co­sa. XL. ¿Cal­cu­ló en lo que se me­tía cuan­do se ca­só con Francisco Ri­ve­ra? L.M. Cuan­do te ca­sas, esas co­sas no las pien­sas. Te enamo­ras y lo ves to­do es­tu­pen­do, has­ta que, de pron­to, te ves en el ¡Ho­la! y te pre­gun­tas: «¿Pe­ro qué es es­to? ¿Qué ha­go aquí?». En­ton­ces se­guí el con­se­jo de Fran: no leer y no ver, y que la gen­te que te ro­dea no te cuen­te na­da. XL. ¿Pre­fie­re vi­vir sin sa­ber? L.M. Sí, por­que me duele cuan­do di­cen co­sas que son men­ti­ra. Me sen­tó fa­tal que di­je­ran que de­jé de ser abo­ga­da pa­ra ser di­se­ña­do­ra, por­que la pa­la­bra 'di­se­ña­do­ra' la uti­li­zan con ma­la le­che. Yo he crea­do una em­pre­sa que ha­ce ro­pa co­mo po­dría ha­cer lá­pi­ces, y eso no es lo mis­mo que ser di­se­ña­do­ra. A mí la moda no me ha in­tere­sa­do nun­ca. XL. ¿Y qué tal le va co­mo em­pre­sa­ria? L.M. Em­pe­za­mos a man­te­ner­nos. He­mos con­se­gui­do au­to­abas­te­cer­nos; aun­que to­da­vía no te­ne­mos un suel­do. Pe­ro yo no me veo ha­cien­do lo mis­mo to­da la vi­da, me can­sa­ría. XL. ¿Le in­tere­sa la po­lí­ti­ca? L.M. Sí, creo que va­mos a peor y que na­die pien­sa en el país. Aho­ra, me da mu­chí­si­mo mie­do cuan­do es­toy en al­gún si­tio don­de hay aglo­me­ra­ción

"Me in­tere­sa la po­lí­ti­ca. Y creo que va­mos a peor. Na­die pien­sa en el país"

de gen­te. En mi ca­be­za ron­da que al­go gor­do va a pa­sar y me da pá­ni­co. XL. La bo­da de Ca­ye­tano y Eva Gon­zá­lez ha traí­do mu­cha co­la, y no pre­ci­sa­men­te por el tra­je de la no­via. L.M. Pa­ra mí, to­do es­to es nue­vo por­que en mi familia es­tas co­sas no pa­san. Es me­jor apar­tar­se de esas po­lé­mi­cas. Yo nun­ca co­men­to ni con­tes­to a es­tas co­sas. XL. ¿Tie­ne buen ca­rác­ter? L.M. Sí, yo no me en­fa­do nun­ca. Tie­ne que pa­sar mu­cho pa­ra que yo sal­te. XL. ¿Le preo­cu­pa la fa­ma que Francisco tie­ne por su pa­sa­do con las mu­je­res? ¿Cree que se­rá ca­paz de cam­biar­lo? L.M. Nun­ca me lo pro­pu­se. Creo que cuan­do a uno le cues­ta mu­cho con­se­guir al­go lo va­lo­ra mu­cho más. Me pa­só lo que tú di­ces y me lo pen­sé mu­cho. Yo le de­cía: «No me lla­mes. No quie­ro sa­ber na­da de ti. Ni me im­pre­sio­nas tú ni tu fa­ma. Ten­go una vi­da fe­li­cí­si­ma». Y era ver­dad por­que he te­ni­do no­vios di­ver­ti­dos y muy in­tere­san­tes. XL. Y en su familia ¿es­ta­ban en­can­ta­dos con su no­viaz­go? L.M. Mi ma­dre ca­si se mue­re. Me de­cía que te­nía que de­jar a Fran: «Por fa­vor, de­ja a es­te se­ñor». ¡Es­ta­ba ho­rro­ri­za­da! Aho­ra lo ado­ra. XL. Se ha pu­bli­ca­do una en­cues­ta en la que le pre­gun­tan a 3500 mu­je­res ca­sa­das con quién les gus­ta­ría te­ner una aven­tu­ra ex­tra­ma­tri­mo­nial y Francisco Ri­ve­ra es el más vo­ta­do. Lo si­guen Geor­ge Cloo­ney y Brad Pitt. L.M. ¡Ja­ja­ja­ja! ¡Qué bar­ba­ri­dad! Me­nos mal que no soy ce­lo­sa. XL. ¿Quién man­da en su ma­tri­mo­nio? L.M. Creo que nin­guno, es una co­sa en co­mún. Siem­pre que Fran tie­ne una idea, in­ten­to que lle­gue­mos a un acuer­do. XL. ¿Le ha qui­ta­do de la ca­be­za más de una? L.M. Psss… sí [lo di­ce con la bo­ca pe­que­ña], Fran se fía mu­cho de mi cri­te­rio. Él tam­bién me ha he­cho cam­biar de idea en al­gu­nas co­sas. Aho­ra, con tres años de ca­sa­dos, to­do es­tá más o me­nos bien; den­tro de diez años no sé có­mo ire­mos.

XL. Es­te año su­frió una co­gi­da muy gra­ve y ya se sa­be que nin­gu­na mu­jer le pi­de a su ma­ri­do que de­je de to­rear, pe­ro… L.M. [In­te­rrum­pe]. Es­ta vez sí que se lo he pe­di­do. Mi for­ma de ver el to­ro ha cam­bia­do mu­cho des­de que me que­dé em­ba­ra­za­da y me da mu­cho más mie­do. A par­tir de lo de Huesca le he di­cho que no vuel­va, pe­ro ahí no me ha es­cu­cha­do… ¡Y vuel­ve! Yo le di­go que pien­se en sus hi­jas, pe­ro él me con­tes­ta que sus hi­jas sa­ben que su pa­dre es to­re­ro y que es­to es lo que hay: que si le pa­sa al­go es­to es así. XL. Di­ce que Fran ni lim­pia ni en­tra en la co­ci­na... L.M. No hay nin­gún pro­ble­ma por­que nos re­par­ti­mos los pa­pe­les: a mí me da mu­cha pe­re­za arre­glar una rue­da o pa­sar la ITV y, sin em­bar­go, me en­can­ta co­ci­nar. La gen­te con­fun­de ser tra­di­cio­nal con ser ma­chis­ta. XL. ¿Se ha ca­sa­do pa­ra to­da la vi­da? L.M. Yo pien­so que se­rá pa­ra to­da la vi­da, sí; si em­pie­zo pen­san­do que no va a ser así… [son­ríe]. XL. ¿Qué le pi­de al año 2016? L.M. Que to­do si­ga co­mo es­tá. XL. Pe­ro si me ha di­cho que va­mos a peor… L.M. Por eso: que en mi ca­sa y mi familia las co­sas no va­yan a peor, que si­gan co­mo es­tán.

A la iz­quier­da: ABRI­GO y VES­TI­DO, de The 2nd Skin Co; BOL­SO, de Uter­que; PUL­SE­RA, de La Bon­ne Étoi­le; y ME­DIAS, de Cal­ze­do­nia. A la de­re­cha: VES­TI­DO, de Do­lo­res Pro­me­sas; CO­LLAR de oro blan­co y tur­que­sas, de Bvlga­ri; y TUR­BAN­TE, de Ali­bey.

VES­TI­DO ki­mono, de Uter­que; BO­DI, de In­ti­mis­si­mi; ME­DIAS, de Cal­ze­do­nia; ZAPATO, de Uter­que; y CO­LLAR y PEN­DIEN­TES, de Bvlga­ri.

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