Ste­fan Zweig, aus­tria­co

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Correo - RU­BÉN HE­RRE­RO. CO­RREO ELEC­TRÓ­NI­CO FE­DE­RI­CO BAR­BE­RO LO­BRAS. GRA­NA­DA GON­ZÁ­LEZ ME­RINO. ( GUI­PÚZ­COA) RA­FA IRÚN RU­BÉN PE­NA LARREA. PAM­PLO­NA (NA­VA­RRA)

En el Xlse­ma­nal nú­me­ro 1470, del 27 de di­ciem­bre de 2015 al 2 de enero del 2016, en la pá­gi­na 50, en el sor­pren­den­te reportaje ti­tu­la­do Zweig, ¿ex­hi­bi­cio­nis­ta? apa­re­ce en el tex­to de una de las fo­tos la re­fe­ren­cia a Ste­fan Zweig como au­tor ale­mán. Se tra­ta ob­via­men­te de un error, pues Ste­fan Zweig na­ció en Vie­na en 1881 y ja­más tu­vo la na­cio­na­li­dad ale­ma­na, sino aus­tria­ca. ac­tual, an­tes ha­bía más tra­ba­jo, y como el di­ne­ro tam­bién te­nía más va­lor, la si­tua­ción per­mi­tía a los tra­ba­ja­do­res com­prar una se­gun­da vi­vien­da; hoy no se pue­den com­prar ni la pri­me­ra. En cuan­to a los de­re­chos la­bo­ra­les, lle­va­mos diez años que por des­gra­cia so­lo han ido y si­guen yen­do a peor. Da pe­na ver a jó­ve­nes pre­pa­ra­dí­si­mos que no pue­den pro­gra­mar su vi­da por fal­ta de un tra­ba­jo y que, si lo en­cuen­tran, es por me­nos de mil eu­ros, sa­la­rio que an­tes ga­na­ba cual­quie­ra. Ha vuel­to a ha­blar el in­sig­ne socialista pa­ra de­cir que de la des­apa­ri­ción del bi­par­ti­dis­mo se arre­pen­ti­rán todos los es­pa­ño­les más pron­to que tar­de, y como el fu­tu­ro se ave­ci­na peor que el pre­sen­te, aho­ra sí, se­ñor Gue­rra, le doy la razón. fi­lo­so­fal. Al­go que los ciu­da­da­nos de a pie ya sa­bía­mos an­tes de oír los dis­cur­sos de los candidatos. Se­ño­res azu­les, ro­jos, na­ran­jas, mo­ra­dos, ver­des ama­ri­llos, fuc­sias y li­las: es sen­ci­llo, ol­ví­den­se de las mar­cas, si­glas y per­so­nas, pon­gan en prác­ti­ca y en tiem­po ré­cord las me­jo­res ideas y so­lu­cio­nes de ca­da uno de us­te­des, ol­ví­den­se de las men­ti­ras con­ta­das y pon­gan al me­nos la úni­ca ver­dad que todos te­nían en co­mún en sus di­fe­ren­tes programas: sa­car el país ade­lan­te. Por una vez cum­plan una pro­me­sa elec­to­ral. Y, si no, to­men no­ta del dis­cur­so del Rey Fe­li­pe VI en su men­sa­je de Navidad: «Diá­lo­go», «res­pon­sa­bi­li­dad», «com­pro­mi­so» y «con­cor­dia». Así, igual, has­ta un día les cree­mos. Me ha pa­sa­do, por ejem­plo, cuan­do leí un ar­tícu­lo so­bre el pre­cio de la le­che. No fue la pri­me­ra vez que leía acer­ca del te­ma, des­de lue­go, en­con­tran­do an­te mis ojos esa di­cho­sa fra­se: «Se tra­ta de un pro­duc­to re­cla­mo pa­ra los su­per­mer­ca­dos». Y siem­pre lle­go a la mis­ma con­clu­sión: ¿por qué ha­cer su­frir a nues­tros ga­na­de­ros? ¿Que­re­mos so­bre­ex­plo­tar­los y as­fi­xiar­los ca­da día más por el pre­cio de la le­che? ¿Que­re­mos ver cuán­to aguan­tan? No lo creo. Na­die desea el mal ajeno, es­pe­ro.

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