IANG XIANG ES­CU­CHÓ LOS ÚL­TI­MOS PA­SOS DE LOS BÍPE­DOS CON LOS QUE SIEM­PRE HA­BÍA VI­VI­DO.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Conocer Fauna -

AQUE­LLAS CRIA­TU­RAS, SUS cui­da­do­res hu­ma­nos, se ale­ja­ban mien­tras su mundo, aco­ta­do has­ta en­ton­ces, se con­ver­tía aho­ra en un in­men­so pai­sa­je de bos­ques de bam­bú. A sus cin­co años, Xiang Xiang aca­ba­ba de con­ver­tir­se en el pri­mer panda gi­gan­te cria­do en cau­ti­vi­dad que era pues­to en li­ber­tad. An­tes de dar ese pa­so se le ha­bía so­me­ti­do a un in­ten­so y lar­go en­tre­na­mien­to de tres años de du­ra­ción. El oso se in­ter­nó en el bos­que y se de­jó seducir por el dul­ce aro­ma del bam­bú. Se acer­có a los ta­llos y co­men­zó a mas­ti­car­los con de­lei­te. Es­ta­ba cla­ro que po­día ali­men­tar­se en li­ber­tad. Unos me­ses des­pués, Xiang Xiang des­cu­brió un nue­vo olor. Dos gran­des ma­chos se pe­lea­ban en un cla­ro del bos­que mien­tras una hem­bra se ale­ja­ba del lu­gar. Nues­tro oso es­ta­ba acos­tum­bra­do a los pan­das de su cen­tro de cría, pe­ro nin­guno de sus cui­da­do­res lo ha­bía pre­pa­ra­do pa­ra es­te en­cuen­tro. Aque­llos no eran sus com­pa­ñe­ros. Eran dos osos sal­va­jes adul­tos en ple­na disputa se­xual.

EL FRA­CA­SO DEL EX­PE­RI­MEN­TO

Cuan­do los in­ves­ti­ga­do­res del Cen­tro de Re­pro­duc­ción de Pan­das Gi­gan­tes de Wo­long (en Si­chuan) en­con­tra­ron el ca­dá­ver de Xiang Xiang, su cuer­po pre­sen­ta­ba ta­les he­ri­das y frac­tu­ras que pen­sa­ron que se ha­bía caí­do de un ár­bol. No ha­bía pa­sa­do ni un año des­de su suel­ta. El pro­gra­ma de cría en cau­ti­vi­dad ob­te­nía así un do­lo­ro­so y te­rri­ble fra­ca­so 44 años des­pués de su ini­cio. Los pan­das gi­gan­tes son los osos más ra­ros del pla­ne­ta; tan­to que du­ran­te mu­chos años no fue­ron

Los cui­da­do­res se ro­cían con pis de oso panda pa­ra evi­tar que el ani­mal los iden­ti­fi­que como hu­ma­nos con su gran ol­fa­to

MA­MÁS AL­TER­NA­TI­VAS

La mi­tad de las hem­bras en li­ber­tad tie­nen dos crías, pe­ro so­lo se ocu­pan de la pri­me­ra, por lo que su se­gun­do ca­cho­rro mue­re. En el cen­tro los cui­da­do­res se ocu­pan de ese se­gun­do ca­cho­rro, de for­ma que ca­si todos sa­len ade­lan­te. le. con­si­de­ra­dos real­men­te osos por los cien­tí­fi­cos. So­li­ta­rios, ador­na­dos con una piel que los ha­ce tan sim­pá­ti­cos en los par­ques como apre­cia­dos por los ca­za­do­res, los pan­das han su­fri­do un de­cli­ve des­de que el cé­le­bre pa­dre Jean Pie­rre Ar­mand Da­vid los des­cu­brió pa­ra los oc­ci­den­ta­les en 1869. La ca­za y las cap­tu­ras pa­ra lle­var­los a par­ques zoo­ló­gi­cos fue­ron el co­mien­zo de su dra­ma. Hoy, la pér­di­da ace­le­ra­da de los bos­ques don­de vi­ven es la es­pa­da de

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