"El hu­mor siem­pre es­tá ba­jo sos­pe­cha"

La pa­re­ja te­le­vi­si­va se es­tre­na en el ci­ne con 'El pre­gón', una co­me­dia en la que in­ter­pre­tan a dos estrellas mu­si­ca­les en ho­ras ba­jas. Con des­nu­do in­te­gral in­clui­do. Ha­bla­mos con ellos de hu­mor, de es­fuer­zo y de có­mo com­pa­gi­nar to­do es­to con su vi­da fa­mi

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Especial Hombre | Los Personajes - POR Ra­quel Peláez FO­TO­GRA­FÍAS Ches­co Ló­pez

LA MÚ­SI­CA SE es­cu­cha en disc­man, la mas­co­ta que arra­sa es el Ta­ma­got­chi y, en la te­le, Fer­nan­dis­co re­pa­sa los éxi­tos Del 40 al 1. Estamos en los años no­ven­ta, la dé­ca­da en la que se si­túa el gru­po de mú­si­ca elec­tró­ni­ca for­ma­do por An­dreu Bue­na­fuen­te y Ber­to Romero en la co­me­dia El pre­gón. Vein­te años des­pués, es­tos dos her­ma­nos se han con­ver­ti­do en glo­rias ol­vi­da­das que re­gre­san a su pue­blo pa­ra re­go­ci­jo de sus ya úni­cos fans. «Per­dón, pe­ro ten­go que ma­ti­zar al­go –di­ce Ber­to–. El con­cep­to exac­to es el de one hit won­der, que es peor. Son estrellas de un so­lo éxi­to. Te lo di­go por­que si eres una glo­ria aca­ba­da to­da­vía has te­ni­do un pe­rio­do más o me­nos lar­go de re­co­no­ci­mien­to, pe­ro es­ta gen­te triunfó un ve­rano y lue­go de­sa­pa­re­ció». Aca­bá­ra­mos o, como se de­cía en­ton­ces, «sa­yo­na­ra, baby». Xlse­ma­nal. ¿Les ha cos­ta­do mu­cho en­con­trar ins­pi­ra­ción en el pa­no­ra­ma mu­si­cal de la épo­ca? Ber­to Romero. No he­mos te­ni­do un re­fe­ren­te con­cre­to. Tan­to An­dreu como yo co­no­ce­mos a mu­cha gen­te que se ha que­da­do an­cla­da en su épo­ca. Y no te ha­blo so­lo de mú­si­cos, sino de ar­tis­tas de cual­quier dis­ci­pli­na que per­ma­ne­cen atra­pa­dos en un

mo­men­to fu­gaz de éxi­to y no sa­len de ahí. A mí eso me da mu­cho mie­do. An­dreu Bue­na­fuen­te. Hom­bre, ade­más, mi per­so­na­je es el tío más co­mún que te pue­des echar a la ca­ra, lo que sig­ni­fi­ca que es­toy ro­dea­do de ins­pi­ra­ción [se ríe]. Ber­to. Di­ces eso como si fue­ra un de­mé­ri­to y pre­ci­sa­men­te que al­guien como tú di­bu­je a un tío tan gris tie­ne mu­cho va­lor. An­dreu. Gra­cias, com­pa­ñe­ro. XL. Seis se­ma­nas de ro­da­je, do­ce ho­ras se­gui­das, y veo que se si­guen us­te­des que­rien­do como an­tes… An­dreu. In­clu­so más, que es­to une mu­cho. Ber­to. Nues­tra an­te­rior ex­pe­rien­cia con el pro­gra­ma de te­le­vi­sión en di­rec­to fue muy can­sa­da, nos des­gas­tó mu­cho. Yo, ade­más, aca­ba­ba de te­ner a los ge­me­los y fue muy in­ten­so. Por eso, nos to­ma­mos es­ta nue­va pro­pues­ta como el re­ma­te: o nos une más o nos se­pa­ra pa­ra siem­pre. XL. Ber­to, ¿y qué tal se por­ta An­dreu cuan­do no es él quien di­ri­ge? Ber­to. Pues, mi­ra, sa­bien­do que lle­va tres dé­ca­das li­de­ran­do sus pro­pios pro­yec­tos como je­fe, me ti­ré un año co­mién­do­le la ca­be­za. An­dreu. Muy pe­sa­do, se pu­so muy pe­sa­do. Ber­to. Ten en cuen­ta que so­mos pro­ta­go­nis­tas y estamos en to­das las es­ce­nas. No po­día­mos des­can­sar. An­dreu. Éra­mos como ca­ba­llos de ti­ro. Pe­ro te­ne­mos un ca­llo ad­mi­ra­ble pa­ra tra­ba­jar la co­me­dia des­de el do­lor. XL. An­dreu: pri­mer pa­pel pro­ta­go­nis­ta, pri­mer des­nu­do. Jue­ga us­ted fuer­te. An­dreu. Sí, sí, y es­ce­na de ca­ma tam­bién, no te ol­vi­des. Ya pa­ra ha­cer el com­bo. Ber­to. In­clu­so tie­nes se­cuen­cia de ac­ción con una ca­bra [se ríe]. An­dreu. Vamos que ya he to­ca­do te­cho [se ríe]. Pues fí­ja­te... el des­nu­do es ca­si lo más fá­cil de la pe­li. La gen­te del pue­blo que ha­cía de fi­gu­ran­tes nos hi­zo sen­tir su­per­có­mo­dos. Ber­to. Fue­ron muy pro­fe­sio­na­les. Lle­ga­bas a echar de me­nos que al­guien te di­je­ra: «¡Qué buen cu­lo!». An­dreu. En esa es­ce­na hay un pri­mer plano de una mu­jer que se san­ti­gua al ver­nos y yo creo que eso re­su­me per­fec­ta­men­te lo que es­tá­ba­mos vi­vien­do. XL. ¿Y có­mo han te­ni­do us­te­des el va­lor de ha­cer una co­me­dia sin Da­ni Ro­vi­ra? An­dreu. Pues jus­to el otro día le pre­gun­té a Da­ni si ha­bía al­gu­na co­me­dia es­pa­ño­la pa­ra la que no le hu­bie­ran

lla­ma­do y me di­jo que la nues­tra [se ríe]. Da gus­to ver el buen mo­men­to que vi­ve el gé­ne­ro en nues­tro país. Oja­lá du­re. Ber­to. Hay un re­des­cu­bri­mien­to de la co­me­dia, pe­ro en reali­dad es un gé­ne­ro que en Es­pa­ña siem­pre nos ha en­can­ta­do: des­de Ber­lan­ga has­ta Az­co­na, pa­san­do por Ozo­res… Yo re­cuer­do de pe­que­ño, cuan­do iba al vi­deo­club en los años ochen­ta, que ha­bía lis­tas de es­pe­ra pa­ra Los bin­gue­ros. Es ge­nial que se ha­ya vuel­to a po­ner de mo­da la pa­la­bra es­pa­ño­la­da, que an­tes era ca­si un in­sul­to. XL. ¿Con­fir­ma­do en­ton­ces que so­mos un país de buen reír? An­dreu. Yo creo que sí. Y eso que las estamos pa­san­do pu­tas, ¡ojo!, que to­da­vía te­ne­mos unos ín­di­ces muy fuer­tes de po­bre­za. Pe­ro fí­ja­te en có­mo le plan­ta­mos ca­ra a las co­sas. Es­tá en la ge­né­ti­ca es­pa­ño­la. La ri­sa siem­pre es un mo­do de es­ca­pe. Ber­to. Aunque tam­bién hay mu­cha es­qui­zo­fre­nia. Nos gus­ta reír, pe­ro úl­ti­ma­men­te estamos muy ner­vio­sos y con aler­tas muy al­tas so­bre lo po­lí­ti­ca­men­te co­rrec­to y lo que ofen­de. Y el problema no es del pú­bli­co ni de los ar­tis­tas, sino de aque­llos a los que no les gus­ta reír­se, los que tie­nen ob­je­ti­vos po­lí­ti­cos o eco­nó­mi­cos. XL. ¿Y qué ga­nan con eso? Ber­to. Yo creo que hay una vo­lun­tad por par­te de los que ma­ne­jan el po­der de di­ri­gir la opi­nión e ir po­nien­do el fo­co de aten­ción en co­sas anec­dó­ti­cas pe­ro que es­cue­cen. Es su ma­ne­ra de ma­rear la per­diz. An­dreu. Los co­me­dian­tes ha­ce­mos lo que po­de­mos, pe­ro es ver­dad que el problema no lo te­ne­mos no­so­tros; es más la ges­tión del mundo de la co­me­dia des­de la in­dus­tria y sus po­lí­ti­cas, que es­tán siem­pre como aco­jo­na­dos. XL. ¿Cuál si­gue sien­do el pun­to dé­bil de nues­tro hu­mor? Ber­to. La au­to­crí­ti­ca y el mie­do. An­dreu. Sí, pe­ro mi­ra por ejem­plo el hu­mor ne­gro: en Es­pa­ña es una tra­di­ción his­tó­ri­ca. Tú te vas a los gru­pos de What­sapp y ahí es­tá lo peor de ca­da ca­sa [se ríe]. XL. ¿De­be­ría es­tar prohi­bi­do blan­quear ese hu­mor ne­gro? An­dreu. Por su­pues­to. El hu­mor es una ex­pre­sión muy vis­ce­ral y siem­pre es­tá ba­jo sos­pe­cha. Por eso, par­te de mi tra­ba­jo es­tá en vi­gi­lar pa­ra que no me blan­queen. Ber­to. Y eso que no­so­tros so­mos unos có­mi­cos muy blan­co­rros, nun­ca he­mos si­do de­ma­sia­do in­có­mo­dos. Por­que tam­po­co nos gus­ta. Es un lo­da­zal, pe­ro se ven is­las. XL. An­dreu, le he­mos oí­do de­cir que no sa­be ha­cer otra co­sa que la­te night, pe­ro lo cier­to es que no pa­ra. An­dreu. Es el for­ma­to don­de es­toy más a gus­to, como aho­ra en La­te Mo­tiv (# 0), pe­ro yo soy de pro­bar y pro­bar. Me voy cal­man­do con los años. XL. ¿Có­mo se lle­va la es­pa­da de Da­mo­cles de la au­dien­cia en un ca­nal de pa­go? Ber­to. En reali­dad, a mí nun­ca me han di­cho que im­por­ta­ra la au­dien­cia en nin­gún ca­nal... Has­ta que, de re­pen­te, los da­tos van mal, y al­guien te di­ce: «Pues aho­ra sí que im­por­ta». XL. ¿Có­mo com­pa­gi­nan to­do ese tra­ba­jo con la vi­da fa­mi­liar? An­dreu. Gra­cias a nues­tras mu­je­res, que son unos cracks. Ellas son claves en nues­tra ca­rre­ra. Sil­via [Abril] tam­bién es ac­triz y eso me per­mi­te ha­cer es­tas co­sas. Nues­tra es­ta­bi­li­dad es­tá an­cla­da al bie­nes­tar de la fa­mi­lia. Y es du­ro, ¿eh? Ber­to. Yo ten­go una ba­ta­lla li­bra­da des­de que na­ció mi pri­mer hi­jo [aho­ra tie­ne tres]. No quie­ro ser un pa­dre au­sen­te. Si ha­blas con cual­quie­ra del gre­mio, te va a de­cir que soy muy so­so por­que no voy a ga­las ni sa­raos, ni fies­tas... Yo me va­na­glo­rio de que los lle­vo al co­le y lue­go voy a bus­car­los. Sé que soy un pri­vi­le­gia­do por­que he con­se­gui­do par­ce­las blin­da­das, pe­ro es com­pli­ca­do. Pa­ra los ar­tis­tas y pa­ra to­do el mundo. XL. ¿Qué di­cen sus hi­jos de su tra­ba­jo? An­dreu. Mi hi­ja, que tie­ne tres años, ha cre­ci­do vien­do a su ma­dre dis­fra­za­da en la te­le y a su pa­dre ha­cien­do el ton­to. Pa­ra ella es la nor­ma­li­dad. No sé có­mo lo lle­va­rá den­tro de unos años. Ber­to. A mí me pre­gun­tó el otro día Lu­cas, que tie­ne cin­co años: «A ver pa­pá: ¿tú de qué tra­ba­jas?». Con un tono como de intentar po­ner las car­tas so­bre la me­sa. Y yo le di­je que ha­go tea­tro, pe­lí­cu­las y programas de co­me­dia. Y en­ton­ces me pre­gun­tó: «¿Y qué es co­me­dia?». An­dreu. Jooooo­der. Ber­to. Le ex­pli­qué que es ha­cer reír a la gen­te y se que­dó como pen­san­do: «Va­le, ya se lo pue­do con­tar a mis ami­gos». XL. ¿Son como pe­que­ños crí­ti­cos? An­dreu. A mí me pa­sa al­go in­quie­tan­te y es que mi hi­ja me quita la au­to­ría de to­do. Mi mu­jer colabora un día a la semana en La­te Mo­tiv, pe­ro mi hi­ja ha­bla de «el pro­gra­ma de mamá» y aho­ra de «la pe­lí­cu­la de Ber­to». Pe­ro es­toy có­mo­do, ¿eh?, me quita pre­sión.

"MI HI­JA ME QUITA LA AU­TO­RÍA DE TO­DO. HA­BLA DE 'EL PRO­GRA­MA DE MAMÁ' Y DE 'LA PE­LI DE BER­TO'" [ BUE­NA­FUEN­TE ] "TEN­GO UNA BA­TA­LLA CON LA CON­CI­LIA­CIÓN. JA­MÁS VOY A SA­RAOS. NO QUIE­RO SER UN PA­DRE AU­SEN­TE" [ BER­TO ]

Bue­na­fuen­te lu­ce CA­MI­SA, de Adolfo Do­mín­guez; CA­MI­SE­TA, de Ame­ri­can Vin­ta­ge; PAN­TA­LÓN y DE­POR­TI­VAS, de Boss. Y Ber­to, CA­MI­SA, de Boss; CA­MI­SE­TA, de Le­vi's; PAN­TA­LÓN, de Em­po­rio Ar­ma­ni; y DE­POR­TI­VAS, de Philippe Mo­del.

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