"EL MUNDO DEL TE­NIS NO ES DE CO­LOR DE ROSA"

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine | En Portada - POR RI­CAR­DO URI­BA­RRI / FO­TOS: AN­TÓN GOI­RI / ES­TI­LIS­MO: VE­RÓ­NI­CA SUÁ­REZ

Es el te­nis­ta es­pa­ñol con más es­ti­lo. Y aunque hay quien lo critica por no ha­ber lle­ga­do tan le­jos como po­día, como él mis­mo di­ce: «No mu­chos pue­den de­cir que han es­ta­do en­tre los diez me­jo­res de su pro­fe­sión». Con un cu­rrí­cu­lum sen­ti­men­tal más que en­vi­dia­ble, aho­ra pa­re­ce ha­ber sen­ta­do la ca­be­za con Ana Bo­yer... ¿o no? De to­do ello ha­bla­mos con él.

el te­nis­ta­te s e desem­pe­ña an­te la cá­ma­raá­ma­ra con la mis­ma pro­pro­fe­sio­na­li­dad que en la pis­ta. Él mis­mo in­sis­te en po­sar de nue­vo, sin per­der el hu­mor, con la pri­ma­ve­ral mar­ga­ri­ta. A sus 32 años, pa­re­ce re­la­ja­do y se­gu­ro de sí mis­mo. Qui­zá no ha lle­ga­do a con­quis­tar to­do lo que se po­día es­pe­rar vien­do sus gran­des cua­li­da­des, pe­ro Fer­nan­do Verdasco ha si­do par­tí­ci­pe de la edad de oro que ha vi­vi­do el te­nis es­pa­ñol en los úl­ti­mos lus­tros, con pro­ta­go­nis­mo es­pe­cial en los éxi­tos de nues­tro país en la Co­pa Da­vis. Tie­ne mu­chos se­gui­do­res y tam­bién unos cuan­tos crí­ti­cos, que le acha­can no ha­ber es­ta­do to­do lo cen­tra­do que de­bie­ra en el te­nis, aunque él se de­fien­de di­cien­do que el de­por­te nun­ca ha de­ja­do de ser su prio­ri­dad. Eso sí, siem­pre ha te­ni­do buen gus­to pa­ra las mu­je­res, como de­mues­tra su cu­rrí­cu­lum sen­ti­men­tal, y des­de ha­ce ca­si tres años com­par­te su vi­da con Ana Bo­yer, lo que lo ha con­ver­ti­do en un ob­je­ti­vo de la pren­sa del co­ra­zón, al­go que asu­me con pa­cien­cia, mien­tras si­gue tra­ba­jan­do pa­ra que su nom­bre vuel­va a so­nar por lo que ha­ce den­tro de la pis­ta. Xlse­ma­nal. Lle­va 15 tem­po­ra­das en el cir­cui­to pro­fe­sio­nal. Ha ga­na­do 6 tor­neos in­di­vi­dua­les, 7 en do­bles y 3 co­pas Da­vis. ¿Ha cum­pli­do los sue­ños que te­nía cuan­do em­pe­zó o es­pe­ra­ba ha­ber lo­gra­do más? Fer­nan­do Verdasco. Al fi­nal siem­pre quie­res más. Na­die se con­for­ma con lo que tie­ne. He con­se­gui­do mu­chas co­sas, pe­ro es­tá cla­ro que me hu­bie­ra gus­ta­do con­se­guir otras. To­da­vía es­toy en ac­ti­vo e in­ten­ta­ré se­guir tra­ba­jan­do pa­ra al­can­zar­las.

XL. Ha­ce ca­si 11 años que no ocu­pa­ba una po­si­ción tan ba­ja en el ran­king como aho­ra: la 64. ¿Le preo­cu­pa?

F.V. La ver­dad es que me preo­cu­pa­ba más an­tes. Es­toy in­ten­tan­do ver­lo des­de otro pun­to de vis­ta. Cuan­do me le­sio­né en Qui­to a prin­ci­pios de fe­bre­ro fue du­ro, pe­ro aho­ra me plan­teo dis­fru­tar de ca­da par­ti­do. En el fu­tu­ro in­ten­ta­ré dar lo má­xi­mo de mí sin pen­sar en el ran­king o con­tra quién jue­gue.

XL. Mu­cha gen­te cree que tie­ne cua­li­da­des pa­ra ha­ber es­ta­do de for­ma re­gu­lar en­tre los 10 o 15 pri­me­ros del mundo. ¿Qué ha fa­lla­do pa­ra que es­to no ha­ya ocu­rri­do?

F.V. Hay mu­chas opi­nio­nes, pe­ro pa­ra mí ha­ber es­ta­do dos años se­gui­dos en­tre los 10 me­jo­res es al­go muy im­por­tan­te y muy di­fí­cil de con­se­guir. Me hu­bie­ra gus­ta­do es­tar más tiem­po y más arri­ba. Si disfruto de ca­da par­ti­do y doy mi má­xi­mo, lo de­más ven­drá si tie­ne que ve­nir y, si no, tam­po­co pa­sa­rá na­da.

XL. Los afi­cio­na­dos le acha­can tres de­fec­tos en su jue­go: fal­ta de re­gu­la­ri­dad, fa­llos de concentración y pro­ble­mas pa­ra aguan­tar la pre­sión.

F.V. En el te­nis de hoy en día, todos los par­ti­dos son muy di­fí­ci­les y uno, por ejem­plo, con­tra Nadal des­gas­ta mu­cho y al día si­guien­te no es fá­cil es­tar al cien por cien ni fí­si­ca­men­te ni psí­qui­ca­men­te. Fa­llos de concentración los tie­nen todos los ju­ga­do­res; unos más que otros. Ca­da uno tie­ne sus pro­ble­mas y hay que intentar so­lu­cio­nar­los. Y el te­ma de la pre­sión le pa­sa fac­tu­ra a to­do el mundo. In­clu­so a Djo­ko­vic le he vis­to co­me­ter dos do­bles fal­tas se­gui­das en una muer­te sú­bi­ta, en mo­men­tos de ten­sión. To­do el mundo jue­ga al­gu­na vez en­co­gi­do, to­do el mundo tie­ne pen­sa­mien­tos ne­ga­ti­vos. Aquí no hay má­qui­nas, todos so­mos se­res hu­ma­nos.

VERDASCO JU­GUE­TEA CON LA MAR­GA­RI­TA Y LA VUEL­VE A LAN­ZAR A LA CÁ­MA­RA, COMO LE HAN PE­DI­DO. MI­RA EL RE­SUL­TA­DO EN EL MO­NI­TOR Y SE RÍE: "PA­REZ­CO JU­LIO IGLE­SIAS".

El par­ti­do an­te Aca­su­so en Ar­gen­ti­na que va­lió una Da­vis, el Mas­ters de do­bles en Lon­dres, la vic­to­ria en el Go­dó… ¿Cuál di­ría que ha si­do el me­jor mo­men­to de su ca­rre­ra?

F.V. Emo­cio­nal­men­te me que­do con la fi­nal de la Da­vis en Ar­gen­ti­na. Na­die pen­sa­ba que íba­mos a ga­nar. El he­cho de lo­grar yo el úl­ti­mo pun­to y lle­var­nos el tro­feo hi­zo que sea el mo­men­to más es­pe­cial y uno de los par­ti­dos más im­por­tan­tes de mi ca­rre­ra. Ha ha­bi­do otros, como la se­mi­fi­nal de Aus­tra­lia con­tra Nadal, que han si­do muy im­por­tan­tes, pe­ro ahí per­dí.

XL. Vien­do que hay gen­te que critica a Nadal des­pués de to­do lo que ha lo­gra­do, no sé si el res­to de los te­nis­tas pien­san ¿si ha­blan mal de él, có­mo no me van a cri­ti­car a mí?

F.V. Lo que ha con­se­gui­do Ra­fa du­ran­te su ca­rre­ra pro­ba­ble­men­te na­die de no­so­tros vol­va­mos a ver­lo nun­ca más. En ge­ne­ral hay que ha­cer un po­co de oí­dos sor­dos a eso.

XL. ¿Ve ca­paz a Djo­ko­vic de man­te­ner su rei­na­do mu­cho tiem­po y al­can­zar a Fe­de­rer en los Grand Slam?

F.V. Sí, lo veo ca­paz. Es­tá a un ni­vel in­creí­ble y ga­nan­do prác­ti­ca­men­te todos los Grand Slam que jue­ga. Ya no tie­ne tan le­jos a Fe­de­rer y si si­gue un par de años a es­te ni­vel va a es­tar ahí, cer­qui­ta de co­ger­lo. Pe­ro de­ci­mos es­tar un par de años más como si fue­ra muy fá­cil y es una co­sa muy com­pli­ca­da, prác­ti­ca­men­te im­po­si­ble.

XL. El te­ma de los ama­ños le es­tá ha­cien­do mu­cho da­ño al mundo del te­nis. Es el de­por­te don­de más ca­sos se es­tán dan­do. ¿Có­mo se pue­de so­lu­cio­nar?

F.V. Qui­tan­do las apues­tas. Si lo hi­cie­ran, no pa­sa­ría. Pe­ro las apues­tas dan un mon­tón de di­ne­ro a mu­chas per­so­nas. Si el mundo fue­ra per­fec­to, se­ría di­fe­ren­te.

XL. En los úl­ti­mos años ha ha­bi­do va­rios presidentes de la Fe­de­ra­ción Es­pa­ño­la que se han vis­to ro­dea­dos de po­lé­mi­ca...

F.V. Aho­ra es­tá to­do más cal­ma­do, es­pe­re­mos que si­ga así. No­so­tros no te­ne­mos que en­trar en po­lé­mi­ca ni en po­lí­ti­ca. No­so­tros te­ne­mos que de­di­car­nos a ju­gar, que es lo que sa­be­mos ha­cer, e intentar, eso sí, que el te­nis es­pa­ñol va­ya en la me­jor di­rec­ción. Pe­ro si ve­mos que los di­rec­ti­vos es­tán ha­cien­do mal al te­nis es­pa­ñol, tam­po­co vamos a es­tar ca­lla­dos y de­jar que nos den co­lle­jas, o si ve­mos que el fu­tu­ro va por mal ca­mino, no de­cir na­da. No­so­tros tam­bién te­ne­mos que mi­rar por los fu­tu­ros te­nis­tas de nues­tro país.

XL. ¿No fal­ta­ron mano iz­quier­da y más diá­lo­go en la po­lé­mi­ca con la ex­ca­pi­ta­na de la Da­vis, Ga­la León? ¿Por par­te de los ju­ga­do­res no tie­nen na­da que re­pro­char­se?

F.V. No, no­so­tros no. Qui­zá ella sí.

XL. Pe­ro a la gen­te le cues­ta en­ten­der que a una eli­mi­na­to­ria en la que Es­pa­ña se jue­ga la per­ma­nen­cia en una ca­te­go­ría no va­yan los prin­ci­pa­les ju­ga­do­res. ¿Có­mo se le pue­de ex­pli­car?

F.V. El ca­len­da­rio es muy com­pli­ca­do, la ma­yo­ría de los ju­ga­do­res que he­mos ju­ga­do los úl­ti­mos años en la Da­vis estamos ya por en­ci­ma de los 30 años y fí­si­ca­men­te no es lo mis­mo que cuan­do tie­nes 21, 22 o 23 años. Si yo he es­ta­do ca­si un mes aho­ra sin ju­gar tor­neos por una le­sión y me vie­ne una eli­mi­na­to­ria en Ru­sia sin es­tar en for­ma, cla­ra­men­te voy a mi­rar por mi be­ne­fi­cio y no me voy a po­ner a ju­gar cuan­do hay otros que lo pue­den ha­cer me­jor que yo, por­que no es­toy al cien por cien. Todos he­mos da­do mu­cho a Es­pa­ña y por­que no va­ya­mos en un mo­men­to da­do no se pue­de de­cir que no sen­ti­mos los co­lo­res.

XL. No pa­re­ce que ha­ya mu­chos ju­ga­do­res jó­ve­nes es­pa­ño­les que des­ta­quen. ¿Nos es­pe­ran años du­ros en el te­nis na­cio­nal?

F.V. Eso lo dirá el tiem­po. Que hoy no ha­ya cin­co o seis ju­ga­do­res con 21 años que ten­gan pro­yec­ción a ser top ten, pues po­si­ble­men­te no, pe­ro hay jó­ve­nes que jue­gan bien, que lu­chan ca­da día por me­jo­rar y qui­zá sal­gan otros nue­vos que aho­ra mis­mo no es­tán. Hay que dar un po­co de tiem­po.

XL. Estamos en año olím­pi­co. Se arre­pien­te de ha­ber di­cho an­tes de Lon­dres 2012: «Ni que los Jue­gos Olím­pi­cos fue­ran el tor­neo más im­por­tan­te de la his­to­ria...». Hu­bo gen­te que se lo to­mó como que no le im­por­ta­ba acu­dir a una ci­ta tan des­ta­ca­da.

F.V. ¿Yo di­je eso? Pues no sé cuán­do. A ver, en el mundo del te­nis no es lo más im­por­tan­te, no es lo mis­mo que en el atle­tis­mo u otros deportes. En el te­nis lo má­xi­mo es Wim­ble­don, los Grand Slam, el Mas­ters de Lon­dres. Una me­da­lla olím­pi­ca es im­pre­sio­nan­te, pe­ro los Grand Slam son más im­por­tan­tes.

XL. ¿El fu­tu­ro lo lle­va­rá más por la vía em­pre­sa­rial de los ne­go­cios fa­mi­lia­res o por se­guir li­ga­do al de­por­te como en­tre­na­dor o for­man­do jó­ve­nes? F.V. Me gus­tan las dos co­sas. Te­ner par­te en ne­go­cios, no so­lo los fa­mi­lia­res, sino crear los míos pro­pios, pe­ro si hay una bue­na opor­tu­ni­dad de­por­ti­va, como te­ner una aca­de­mia o entrenar a al­gún ju­ga­dor, tam­bién me gus­ta­ría. Ya ve­re­mos las op­cio­nes de las que dis­pon­go cuan­do me re­ti­re.

"NO­SO­TROS NO TE­NE­MOS QUE EN­TRAR EN PO­LÉ­MI­CA NI EN PO­LÍ­TI­CA, PE­RO, SI VE­MOS QUE LOS DI­REC­TI­VOS HA­CEN DA­ÑO AL TE­NIS, TAM­PO­CO VAMOS A DE­JAR QUE NOS DEN CO­LLE­JAS"

XL. ¿Le cues­ta ca­da vez más es­tar lar­gas tem­po­ra­das fue­ra de Ma­drid?

¿Em­pie­zan a pe­sar más otras co­sas que so­la­men­te su ac­ti­vi­dad de­por­ti­va?

F.V. Tam­bién cuan­do te­nía 21 años y es­ta­ba mu­cho tiem­po fue­ra ha­bía mo­men­tos que me ape­te­cía es­tar en ca­sa. Es­tar siem­pre via­jan­do ha­ce que a ve­ces te den ba­jo­nes. La gen­te no en­tien­de bien es­te mundo. Te di­cen: «Qué bien, via­jas por to­do el mundo», sí, pe­ro es­tan­do en un avión, en un ho­tel o en un club, al fi­nal te da igual es­tar en Mel­bour­ne, que en Chi­na, que en Ma­drid. Si no sa­les de eso, te da igual. Es muy bo­ni­to por­que es­tás ha­cien­do lo que te gus­ta, es­tá cla­ro que sí. Pe­ro el te­nis no es tan de co­lor de rosa como la gen­te se cree. Yo lle­vo tres años sin va­ca­cio­nes. Tres días aquí, tres días allí, sí, pe­ro te­ner 15 o 20 días de va­ca­cio­nes en ve­rano no me acuer­do de cuán­do los he te­ni­do por úl­ti­ma vez. Al fi­nal to­do tie­ne tam­bién su sa­cri­fi­cio, aunque lo po­si­ti­vo le da mil vuel­tas a lo ne­ga­ti­vo.

XL. Vi­vir en pa­re­ja, como es su ca­so aho­ra, ¿le da más tran­qui­li­dad al de­por­tis­ta, le ha­ce te­ner la ca­be­za más cen­tra­da o pue­de ser mo­ti­vo de dis­trac­ción? F.V. Si tú tie­nes ru­ti­na, yo creo que no de­bes sen­tir na­da di­fe­ren­te. Mi vi­da es igual.

XL. ¿Qué le ha apor­ta­do Ana Bo­yer?

F.V. No me gus­ta ha­blar de mi vi­da pri­va­da. Todos te­ne­mos nues­tras co­sas bue­nas y ma­las, pe­ro es­toy muy bien con ella. Si ya lle­va­mos ca­si tres años jun­tos y estamos tan bien, es­tá cla­ro que es­toy fe­liz.

XL. ¿A ella le gus­ta ju­gar al te­nis, lo prac­ti­can al­gu­na vez?

"EL TE­MA DE LOS AMA­ÑOS EN EL TE­NIS SE SO­LU­CIO­NA­RÍA PROHI­BIEN­DO LAS APUES­TAS. PE­RO DAN MU­CHO DI­NE­RO A MU­CHA GEN­TE"

F.V. Sí, sí le gus­ta, ju­ga­mos a ve­ces. Lo que pa­sa es que ella es­tá muy cen­tra­da en su tra­ba­jo, le de­di­ca mu­chas ho­ras y en­tre mis via­jes y su tra­ba­jo te­ne­mos po­cos días li­bres jun­tos pa­ra ha­cer co­sas como ju­gar al te­nis.

XL. ¿A cuál de los dos le gus­ta más el te­ma de la mo­da? ¿Quién es más co­que­to de los dos?

F.V. Creo que yo. A mí me gus­ta más.

XL. ¿Ha cam­bia­do la opi­nión que po­día te­ner so­bre per­so­nas tan po­pu­la­res como Isa­bel Preysler o Ma­rio Vargas Llo­sa con res­pec­to a la que tie­ne aho­ra des­pués de co­no­cer­las? F.V. Pre­fie­ro no en­trar a ha­blar de eso. Creo que es me­jor man­te­ner­me al mar­gen.

XL. ¿Có­mo lle­va ser ob­je­ti­vo de la pren­sa del co­ra­zón y sa­lir en las re­vis­tas por un asun­to dis­tin­to a su pro­fe­sión? F.V. Bueno, no es al­go nue­vo, ya ha­bía sa­li­do en re­vis­tas con an­te­rio­res pa­re­jas.

XL. ¿Es­tá pen­dien­te de lo que se di­ce de us­ted en las re­des so­cia­les? ¿Le im­por­ta lo que opi­nen los de­más de us­ted?

F.V. Es­toy pen­dien­te de las re­des so­cia­les pa­ra se­guir no­ti­cias, pa­ra se­guir a ami­gos o a gen­te co­no­ci­da, pe­ro tam­po­co me me­to a in­ter­ac­tuar con per­so­nas que opi­nen de mí. In­ten­to ha­cer las co­sas como yo creo que se de­ben ha­cer, de la me­jor ma­ne­ra po­si­ble, to­mo con­se­jo de las per­so­nas que son im­por­tan­tes en mi vi­da, que son mu­chas, e in­ten­to sa­car lo que más me pue­da ayu­dar de ca­da una de ellas. Al fi­nal, ca­da uno pien­sa de una ma­ne­ra di­fe­ren­te y no pue­des con­ten­tar a to­do el mundo.

XL. ¿Le gus­ta­ría que un hi­jo su­yo se de­di­ca­ra al mundo de te­nis?

F.V. No lo sé, ya ve­re­mos. Ni lo he pen­sa­do.

XL. ¿Se­rá di­fí­cil que lo vea­mos casado mien­tras es­té en ac­ti­vo como ju­ga­dor o no tie­ne por qué?

F.V. Pues tam­po­co lo sé. Hoy en día no hay na­da pla­nea­do, así que es otra co­sa que tam­po­co pue­do con­tes­tar. No sé si me voy a ca­sar an­tes, si me voy a ca­sar des­pués, si no me voy a ca­sar… ya ve­re­mos, son co­sas que se irán vien­do. Ten­drán que pa­sar si tie­nen que pa­sar y, si no, pues na­da.

XL. La gen­te se pre­gun­ta si se ca­sa­rá us­ted an­tes con Ana Bo­yer o lo ha­rán Isa­bel Preysler y Vargas Llo­sa. F.V. No ten­go ni idea.

"ANA ES­TÁ MUY CEN­TRA­DA EN SU TRA­BA­JO. EN­TRE ESO Y MIS VIA­JES TE­NE­MOS PO­COS DÍAS LI­BRES JUN­TOS" "TO­DO EL MUNDO JUE­GA AL­GU­NA VEZ EN­CO­GI­DO. O TIE­NE PEN­SA­MIEN­TOS NE­GA­TI­VOS. AQUÍ NO HAY MÁ­QUI­NAS"

V I DA EN PA­RE­JA Fer­nan­do Verdasco con su pa­re­ja des­de ha­ce tres años, Ana Bo­yer. Vi­ven jun­tos en un gran pi­so en el cen­tro de Ma­drid. A pe­sar del in­te­rés me­diá­ti­co, lle­van una vi­da dis­cre­ta y ale­ja­da de fies­tas y even­tos.

HOM­BRE DE NE­GO­CIOS Verdasco en la pre­sen­ta­ción del úl­ti­mo mo­de­lo de Ja­guar, mar­ca de la que es ima­gen. El te­nis­ta no des­car­ta de­di­car­se a los ne­go­cios y no so­lo a los fa­mi­lia­res, que in­clu­yen va­rios res­tau­ran­tes en Ma­drid.

LA SUE­GRA, FA­MO­SA Su pre­sen­cia en el fu­ne­ral de Miguel Bo­yer jun­to con Isa­bel Preysler le­van­tó tan­ta ex­pec­ta­ción como po­lé­mi­ca. Pe­ro la fa­ma no in­ti­mi­da a Verdasco.

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