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La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Conocer Neurología -

No lo bus­que. Es una reac­ción ins­tin­ti­va, pe­ro una bús­que­da 'a lo lo­co' o de­ses­pe­ra­da no con­du­ce a na­da. Es­pe­re. No em­pie­ce a bus­car has­ta te­ner una idea cla­ra de dón­de bus­car.

Re­cuer­de las tres 'C'. Co­mo­di­dad, cal­ma y con­fian­za. Aco­mó­de­se, in­clu­so tó­me­se un té y lue­go pien­se. Cál­me­se, re­cree co­sas que lo tran­qui­li­cen. Ten­ga con­fian­za en us­ted, dí­ga­se que pue­de lo­ca­li­zar el ob­je­to. Aho­ra es­tá pre­pa­ra­do pa­ra ini­ciar la bús­que­da.

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Es­tá don­de se su­po­ne que de­bía es­tar. Mi­re pri­me­ro en su lu­gar ha­bi­tual. In­clu­so si us­ted no lo pu­so ahí, al­guien

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pu­do ha­ber­lo pues­to.

Es­tá de­lan­te de us­ted. Ha mi­ra­do don­de sue­le es­tar o en el lu­gar que se usó por úl­ti­ma vez. Y no es­tá. ¿O sí? es po­si­ble mi­rar el ob­je­to di­rec­ta­men­te y no ver­lo. Es por el es­ta­do de agi­ta­ción men­tal que se pro­du­ce cuan­do per­de­mos al­go. A ve­ces, ese es­trés ha­ce que in­clu­so de­je­mos de pen­sar en lo que estamos bus­can­do. Pa­ra evi­tar es­to, re­pi­ta el nom­bre del ob­je­to en voz al­ta. «Ga­fas, ga­fas, ga­fas».

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El efec­to ca­mu­fla­je. El ob­je­to es­tá ahí, de­lan­te de us­ted, pe­ro es­con­di­do a pri­me­ra vis­ta. Ase­gú­re­se de com­pro­bar

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cual­quier co­sa que po­dría cu­brir el ob­je­to, un pe­rió­di­co, una cha­que­ta…

Pien­se de nue­vo. Us­ted es­ta­ba allí cuan­do el ob­je­to se 'per­dió'. Así que de­be te­ner un re­cuer­do de dón­de lo pu­so. Es­tá en su ce­re­bro. In­tén­te­lo de nue­vo.

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Mi­re una vez, mi­re bien. No dé vuel­tas en círcu­lo. Una vez que ha che­quea­do un lu­gar, no vuel­va a él una y otra vez. Bus­que una vez, pe­ro há­ga­lo bien.

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La zo­na Eu­re­ka. A ve­ces el ob­je­to se ha mo­vi­do. Por ejem­plo, un lá­piz ha ro­da­do, un li­bro se ha caí­do tras la es­tan­te­ría… Un ob­je­to no sue­le 'ca­mi­nar' más de

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20 cen­tí­me­tros. Se lla­ma la zo­na Eu­re­ka. Se­ña­le la zo­na y bus­que... de­te­ni­da­men­te.

Re­cree el 'cri­men'. Si no lo ha en­con­tra­do to­da­vía, re­cree el es­ce­na­rio. Lle­gó a ca­sa, abrió una carta, le dis­gus­tó, fue a la co­ci­na… qui­zá ti­ró el abri­go en una si­lla no ha­bi­tual… Re­cor­dar un ges­to pe­cu­liar pue­de desatar en su ce­re­bro otro ges­to, el que hi­zo con el ob­je­to per­di­do.

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No fue us­ted. Cuan­do to­do lo an­te­rior ha fa­lla­do, ex­plo­re la úl­ti­ma po­si­bi­li­dad: el ob­je­to no ha si­do mal co­lo­ca­do. Ha si­do 'mal apro­pia­do'. Qui­zá al­guien lo ha to­ma­do pres­ta­do o se lo ha lle­va­do.

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