ES­DE PE­QUE­ÑA OYÓ HA­BLAR DE MAR­CE­LINO Y MA­RÍA, SU TA­TA­RA­BUE­LO Y SU BI­SA­BUE­LA, DES­CU­BRI­DO­RES DE LA CUE­VA DE ALTAMIRA.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine -

HA­BLA­BAN DE ELLOS SU ABUE­LO EMI­LIO, su pa­dre ( Jaime) y su tío Emi­lio, que de ni­ños iban en bi­ci­cle­ta a los al­re­de­do­res de la cue­va, a so­lo un ki­ló­me­tro de la ca­sa fa­mi­liar de Puen­te San Mi­guel. Su bi­sa­bue­la Ma­ría, la ni­ña que con so­lo nue­ve años fue la pri­me­ra en apre­ciar aque­llos so­ber­bios bi­son­tes que lle­van 30.000 años re­cos­ta­dos so­bre la pie­dra, ha le­ga­do a sus des­cen­dien­tes la his­to­ria emo­cio­nal de aquel im­por­tan­te des­cu­bri­mien­to. To­dos los Bo­tín-sanz de Sau­tuo­la sa­ben qué pa­la­bras di­jo Ma­ría al ver aque­llos im­pre­sio­nan­tes ani­ma­les a los que con­fun­dió con bue­yes. Fue Ma­ría la que se en­car­gó de que per­du­ra­ra la memoria de su pa­dre, un hom­bre ilustrado, aman­te de la bo­tá­ni­ca y la cien­cia, po­lí­glo­ta, es­tu­dio­so de la en­ton­ces in­ci­pien­te ar­queo­lo­gía. De ge­ne­ra­ción en ge­ne­ra­ción sus des­cen­dien­tes, los Bo­tín-sanz de Sau­tuo­la (unie­ron el ape­lli­do pa­ra que no se per­die­ra: Ma­ría fue hi­ja úni­ca), han man­te­ni­do vi­va su memoria e in­clu­so al­gu­na de sus afi­cio­nes: su nie­to Emi­lio, abue­lo de Lu­cre­cia, tam­bién traía del ex­tran­je­ro plan­tas y to­co­nes en las som­bre­re­ras de su mu­jer. «Mi abue­lo nos ha te­ni­do to­da la vi­da pa­sean­do de­trás de él por el jar­dín y cam­bian­do los ca­mi­nos pa­ra

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