"CUAN­DO UNO HA­BLA DE PAC­TOS, TE MI­RAN COMO SI FUE­RAS UN IN­GE­NUO"

Ca­te­drá­ti­co de Me­ta­fí­si­ca, 67 años. El PSOE lo fi­chó como in­de­pen­dien­te por su pres­ti­gio aca­dé­mi­co y su ca­rác­ter dia­lo­gan­te pa­ra in­ten­tar un pac­to de Es­ta­do que al fi­nal no cua­jó.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Especial Educación -

Xlse­ma­nal. Nun­ca se estuvo tan cer­ca de un pac­to de Es­ta­do por la edu­ca­ción como du­ran­te su eta­pa como mi­nis­tro, ¿qué pa­só? Ángel Gabilondo. Yo lo di­je cuan­do to­mé po­se­sión del car­go, que ha­bía que tra­ba­jar por un pac­to. Y to­das las se­ma­nas nos reunía­mos con to­das las fuer­zas so­cia­les y po­lí­ti­cas. Así du­ran­te un año. Pe­ro al ca­bo de ese año vi­mos que no era po­si­ble. Nos ha­bía­mos pues­to to­dos de acuer­do so­bre 155 pun­tos. Y es­ta­ba to­do por es­cri­to y a pun­to de fir­mar­se. Pe­ro al fi­nal el PP pen­só que no de­bía fir­mar­lo. Yo lo res­pe­to. Fue du­ran­te la última par­te de la le­gis­la­tu­ra de Za­pa­te­ro. En fin, yo soy par­ti­da­rio de que esos acuer­dos de tan­to al­can­ce se fir­men en la pri­me­ra par­te de las le­gis­la­tu­ras. En la se­gun­da par­te to­do se con­ta­mi­na mu­cho de elec­to­ra­lis­mo, de ex­pec­ta­ti­vas so­bre quién va a ga­nar... Y es ma­la épo­ca pa­ra acuer­dos. XL. ¿Qué ca­ra se le que­dó? Á.G. Hom­bre, cuan­do uno ha­bla de pac­tos, te mi­ran como di­cien­do: «qué in­ge­nuo es us­ted», pe­ro

lue­go se vio que la so­cie­dad quie­re es­ta­bi­li­dad le­gis­la­ti­va, nor­ma­ti­va y eco­nó­mi­ca. Pe­ro yo es­toy muy sa­tis­fe­cho de ha­ber­lo orien­ta­do como un pac­to so­cial y po­lí­ti­co. Y ha­ber em­pe­za­do por don­de ha­bía que em­pe­zar, por la re­la­ción con la co­mu­ni­dad edu­ca­ti­va: co­le­gios, pro­fe­so­res, fa­mi­lias, agen­tes so­cia­les... No nos equi­vo­que­mos ha­cien­do so­lo un pac­to po­lí­ti­co en es­te te­ma. XL. ¿Es un car­go que que­ma mu­cho? Á.G. Es ver­dad que los mi­nis­tros de Edu­ca­ción sue­len du­rar po­co. Yo es­tu­ve 2 años y 9 me­ses, que es bas­tan­te tiem­po pa­ra la me­dia, pe­ro tan­to vai­vén de mi­nis­tros, de le­yes, de re­for­mas... Los paí­ses que van bien no cam­bian la ley con tan­ta fre­cuen­cia, lo que ha­cen es eva­luar­la e in­tro­du­cir me­jo­ras. Pe­ro la ley no lo es to­do, tam­bién de­pen­de de las prio­ri­da­des po­lí­ti­cas, de la im­pli­ca­ción so­cial, de la fi­nan­cia­ción... XL. En fi­nan­cia­ción se­gui­mos es­tan­do por de­trás de los paí­ses de nues­tro en­torno. Á.G. Y eso se no­ta. Pa­ra mí, la edu­ca­ción es una prio­ri­dad. Pe­ro hay que pe­lear­la mu­cho en los con­se­jos de mi­nis­tros, mu­cho... Por­que el mi­nis­tro de Ha­cien­da ve­rá otras prio­ri­da­des y otros mi­nis­tros tam­bién tie­nen las su­yas. XL. ¿Qué ar­gu­men­ta­ba us­ted pa­ra con­ven­cer a sus co­le­gas? Á.G. Yo les de­cía que pre­ci­sa­men­te por­que es­ta­mos en cri­sis no po­de­mos ba­jar las be­cas ni po­de­mos su­bir las ta­sas. Por­que la edu­ca­ción, la in­ves­ti­ga­ción, la in­no­va­ción son el me­jor ca­mino pa­ra sa­lir de la cri­sis. Eso no quie­re de­cir que no se rin­dan cuen­tas y se justifique muy bien to­do. Pe­ro es­tá de­mos­tra­do que ca­da eu­ro in­ver­ti­do en edu­ca­ción tie­ne un re­torno de tres. A ver qué va­lor co­ti­za­do en Bol­sa tie­ne un ren­di­mien­to del 300 por cien­to... Si uno mi­ra las nue­vas re­gio­nes más ri­cas del mun­do, to­das tie­nen en su en­torno uni­ver­si­da­des po­ten­tes. Y si al­guien cree to­da­vía que es ca­ro in­ver­tir en edu­ca­ción, le di­ría que prue­be a in­ver­tir en ig­no­ran­cia. XL. ¿Y cuán­to hay que 'apo­qui­nar'? Á.G. Pues no lo sé. Ro­zá­ba­mos el 5 por cien­to del PIB, aho­ra es­ta­mos muy por de­ba­jo y nos he­mos com­pro­me­ti­do con la UE pa­ra re­cor­tar­lo aún más. No me gus­ta ha­blar de di­ne­ro. Por­que la ri­que­za de un país no es so­lo eco­nó­mi­ca. Pe­ro lo que se des­ti­ne a edu­ca­ción, que sea sos­te­ni­ble, cohe­ren­te, no ir a em­pu­jo­nes. Po­ner­nos de acuer­do y de­cir que no po­de­mos ba­jar de cier­ta can­ti­dad en los pró­xi­mos 20 años. Lue­go po­drá ha­ber re­cor­tes o no, pe­ro ha­ga­mos ese pac­to. XL. Lar­go me lo fiais... Á.G. Pe­ro es que hay que pen­sar en un ho­ri­zon­te de 15, 20 años. No es­tar siem­pre pen­dien­tes de si ha­brá di­ne­ro en los pró­xi­mos me­ses o en el pró­xi­mo año. Esa es­ta­bi­li­dad eco­nó­mi­ca es ne­ce­sa­ria. Nos la pi­den los ciu­da­da­nos. Y los po­lí­ti­cos te­ne­mos que es­tar a la al­tu­ra. XL. ¿Y lo es­tán? Á.G. Lo es­ta­re­mos cuan­do no ha­ga­mos po­lí­ti­ca pen­san­do en las elec­cio­nes, sino en las ge­ne­ra­cio­nes. Hay que ha­cer po­lí­ti­cas con amor al país, cre­yen­do en lo que se ha­ce. No quie­ro ha­cer jui­cios, pe­ro la LOM­CE es un con­tra­ejem­plo por­que es una ley de par­ti­do, de un so­lo par­ti­do. Y cuan­do lle­guen otros la que­rrán cam­biar, como ya es­tá su­ce­dien­do. XL. Es una ley que tie­ne por ban­de­ra la reivin­di­ca­ción de la cul­tu­ra del es­fuer­zo, ¿no se­rá que nos he­mos vuel­to co­mo­do­nes? Á.G. El es­fuer­zo es im­pres­cin­di­ble. Ven­go de una fa­mi­lia de nue­ve her­ma­nos. Mis pa­dres re­gen­ta­ban una car­ni­ce­ría. Que en la vi­da hay que lu­char mu­cho lo he apren­di­do en ca­sa. Y tam­bién apren­dí que hay que es­cu­char y ce­der pa­ra lle­gar a acuer­dos. Ya me di­rá, con tan­tos her­ma­nos... Así que me pa­re­ce bien que se reivin­di­que el es­fuer­zo. Pe­ro no que me di­gan que el que triun­fa es por­que se ha es­for­za­do y el que no por­que no da un pa­lo al agua. Por­que no to­dos par­ten de sa­li­da con las mis­mas opor­tu­ni­da­des. Es su­ma­men­te in­jus­to. Y creo que se es­tá

"El es­fuer­zo es im­pres­cin­di­ble. Pe­ro a mí to­dos esos exá­me­nes y prue­bas que se quie­ren im­plan­tar me pa­re­cen dar­wi­nis­mo so­cial"

abu­san­do de esa ideo­lo­gía del es­fuer­zo pa­ra ata­car lo me­jor que tie­ne nues­tro sis­te­ma edu­ca­ti­vo, que es la equi­dad. XL. ¿Y qué pa­sa con la ca­li­dad? Á.G. La ca­li­dad sin equi­dad, y se lo di­go de co­ra­zón, es eli­tis­mo y dis­cri­mi­na­ción. A mí to­dos esos exá­me­nes y prue­bas que se quie­ren im­plan­tar me pa­re­cen un ex­pe­ri­men­to de dar­wi­nis­mo so­cial. Yo es­toy a fa­vor de las eva­lua­cio­nes pa­ra de­tec­tar y co­rre­gir ne­ce­si­da­des, o pa­ra es­ti­mu­lar y orien­tar a los alum­nos, pe­ro no como un sis­te­ma de clasificación en plan «tú sí que va­les, tú no». Por­que hay ho­ga­res don­de no hay un li­bro, don­de el cha­val no ha vis­to a su pa­dre leer ja­más o don­de hay una deses­truc­tu­ra­ción fa­mi­liar. Siem­pre nos fi­ja­mos en los de­fec­tos de nues­tro sis­te­ma edu­ca­ti­vo, pe­ro tam­bién tie­ne vir­tu­des. Es­ta­mos a la ca­be­za del mun­do en equi­dad. Eso es al­go que des­ta­can los in­for­mes PI­SA, pe­ro pa­re­ce que nos cues­ta sa­car pe­cho. Nues­tro sis­te­ma es muy in­clu­si­vo y ha in­te­gra­do un 10 por cien­to de alum­nos de otros paí­ses. XL. ¿Có­mo pue­de afec­tar la in­cer­ti­dum­bre pa­ra for­mar Go­bierno al sis­te­ma edu­ca­ti­vo? Á.G. No creo en un acuer­do de es­ta­bi­li­dad de Go­bierno que no in­clu­ya un pac­to edu­ca­ti­vo. Por­que es un asun­to de Es­ta­do. Pe­ro lo veo como una opor­tu­ni­dad pa­ra que los par­ti­dos se pon­gan de acuer­do. Par­tien­do de la in­clu­si­vi­dad del sis­te­ma, que na­die por ra­zo­nes so­cia­les o eco­nó­mi­cas pier­da ese de­re­cho, que no po­de­mos per­der. Hay que pro­fun­di­zar en cua­tro o cin­co lí­neas maes­tras pa­ra me­jo­rar­lo. Ba­jar a los asun­tos con­cre­tos. XL. ¿Cuá­les? Á.G. La edu­ca­ción in­fan­til, que es cla­ve pa­ra la de­tec­ción tem­pra­na de las di­fi­cul­ta­des del apren­di­za­je. De­be­mos ga­ran­ti­zar que ha­ya pla­zas su­fi­cien­tes de 0 a 6 años. Y que las guar­de­rías pú­bli­cas no cues­ten más que las pri­va­das, como es­tá pa­san­do. La for­ma­ción pro­fe­sio­nal (FP). Fal­tan un mi­llón de pla­zas. Hay es­tu­dios de FP muy atrac­ti­vos, pe­ro no hay re­cur­sos pa­ra im­plan­tar­los. Los idio­mas. Que la en­se­ñan­za bi­lin­güe sea bi­lin­güe de ver­dad. Nues­tros ve­ci­nos por­tu­gue­ses no tie­nen tan­tos pro­ble­mas con el in­glés... XL. Ni los fin­lan­de­ses, pe­ro allí na­die se es­can­da­li­za si la te­le­vi­sión so­lo po­ne películas sub­ti­tu­la­das, que es al­go bas­tan­te sen­ci­llo y efec­ti­vo pa­ra apren­der idio­mas, una pro­pues­ta que hi­zo us­ted, por cier­to, y lo pu­sie­ron de vuel­ta y me­dia... Á.G. Lo que pa­sa es que en Es­pa­ña hay una fuer­te in­dus­tria de doblaje, muy bue­na, y pa­re­cía que se la cues­tio­na­ba. XL. Pro­po­ner, como hi­zo el PSOE, que el 40 por cien­to de la po­bla­ción ten­ga un tí­tu­lo uni­ver­si­ta­rio, ¿no es pa­sar­se de in­clu­si­vis­ta? Á.G. Ha­bría que ha­cer un análisis muy se­rio. En otros paí­ses los que cur­san es­tu­dios su­pe­rio­res se re­par­ten al 50 por cien­to en­tre la uni­ver­si­dad y la FP, y aquí son dos ter­cios los uni­ver­si­ta­rios, pe­ro no me gus­ta el dis­cur­so de que so­bran uni­ver­si­ta­rios. Hay que en­con­trar un equi­li­brio. XL. ¿Pe­ro no es­ta­mos con­fun­dien­do ti­tu­la­ción con pre­pa­ra­ción? Á.G. Hay que vin­cu­lar los es­tu­dios a las ne­ce­si­da­des de la so­cie­dad, no a las de­man­das del mer­ca­do. Ahí te­ne­mos mu­cho que ha­cer. Ese pru­ri­to de ir a la uni­ver­si­dad que ha­bía en mu­chas fa­mi­lias, don­de era un sue­ño se­cu­lar, aho­ra ya se ha se­re­na­do bas­tan­te. Pe­ro tam­po­co creo que exis­ta una so­bre­for­ma­ción.

"Los po­lí­ti­cos te­ne­mos que es­tar a la al­tu­ra. Y lo es­ta­re­mos cuan­do no ha­ga­mos po­lí­ti­cas pen­san­do en las elec­cio­nes, sino en ge­ne­ra­cio­nes"

DÍAS DE MI­NIS­TRO Es hi­jo de fa­mi­lia vas­ca y nu­me­ro­sa –uno de sus her­ma­nos es el pe­rio­dis­ta Iña­ki Gabilondo–, fue frai­le, per­dió la vo­ca­ción, se ca­só y tie­ne dos hi­jos. En la fo­to, como mi­nis­tro de Edu­ca­ción en un co­le­gio de Vi­go.

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